Cuántas veces antes de toda esta crisis hemos hablado, de manera despectiva en la mayoría de las veces, de la vuelta a la rutina, una vuelta que se presentaba como un retorno a los quehaceres diarios, a la normalidad tras un periodo de descanso, una normalidad que nos devolvía a una realidad anodina de la que todo el mundo quería huir.
La crisis que estamos viviendo ha devuelto, sin embargo, la enorme importancia que de siempre ha tenido (y que nunca quizás debimos olvidar) esa normalidad. Todo el mundo busca hoy la vuelta a esa normalidad. Y en la industria del deporte, como en el resto de sectores de cualquier sociedad, también.
La NBA ha pospuesto hace apenas unas horas su primer intento por retornar a esa normalidad y que pasaba por un regreso a los entrenamientos a partir del próximo 1 de mayo. En el fútbol italiano se afanan por recuperar la misma lo antes posible mientras los clubes buscan nuevos sponsors que palien la situación actual o nuevas estrategias, como sucede con el Lokomotive Leipzig alemán.
Y en terreno patrio, no son pocas las preocupaciones que la actual situación por la que atraviesan los sponsors oficiales de un club como el Real Madrid están provocando en la entidad blanca que busca, desesperadamente, esa vuelta a la rutina diaria.
Esta crisis nos está haciendo ver lo importante de las cosas. Y nos está trayendo nuevamente el protagonismo de la normalidad, una normalidad a la que en su momento le quitamos toda la importancia que ahora mismo hemos visto que tiene.
