Tokyo 2020 superará ampliamente el presupuesto previsto

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El pasado 07 de septiembre, los miembros del Comité Olímpico Internacional, reunidos en asamblea extraordinaria en la ciudad argentina de Buenos Aires, elegían por mayoría a candidatura olímpica de Tokyo como la sede que albergará los Juegos Olímpicos del año 2020, imponiéndose de esta manera a las otras dos ciudades aspirantes, la española Madrid y la turca Estambul.

El Comité, o mejor dicho sus miembros con derecho a voto, optaron por una candidatura altamente tecnológica y con un, presumible, fuerte respaldo económico basado en su potente economía. Pero, ¿es esto así?

La candidatura olímpica de Tokyo 2020 se presentó como una candidatura con un presupuesto estimado en unos 5.000 millones de dólares, un presupuesto prácticamente ridículo si los comparamos con el que presentaron en sus días otras sedes olímpicas o incluso si lo comparamos con la candidatura de Estambul, que fijó su presupuesto 20.000 millones de dólares.

Los miembros de Tokyo 2020 se amparaban para presentar un presupuesto “tan austero” en que su proyecto reutilizará muchas instalaciones ya construídas a las que simplemente habría que realizar pequeñas adaptaciones o reformas, un argumento que al parecer convenció, en lo referente a este punto, a los miembros del COI.

Sin embargo, la historia olímpica de las ciudades sedes nos dice que esto no es así y que, tanto los propios miembros del COI como la propia Tokyo, el comité organizador, son conscientes de que el presupuesto superará con creces al inicialmente previsto. Baste para ello el estudio que lleva realizando el Profesor Bent Flyvbjerg de la Escuela de Negocios Said de la Universidad de Oxford, en el que se pone de manifiesto que las 16 citas olímpicas celebradas desde el año 1960, año en el que comienzan a haber datos estadísticos fiables de los costes finales de cada Juegos, los presupuestos finales han superado en mucho al inicialmente previsto por la ciudad organizadora.

Así, según el mencionado estudio, el presupuesto final se incrementa en una media del 179% en términos reales, con lo que a la vista de estos datos, el propio Flyvbjerg ha llegado a concluir que, en el asunto de los Juegos Olímpicos y su presupuesto, es una de las pocas situaciones donde el presupuesto tiene un valor contrario al inicialmente concebido: “Normalmente, cuando alguien emite un presupuesto lo que está estableciendo es el valor máximo, o al menos el esperado, que se va a gastar en el proyecto en cuestión. En el tema olímpico, sin embargo, la situación es de tal subrrealismo que el presupuesto aportado por cada ciudad candidata hay que considerarlo realmente no como el presupuesto máximo o esperado, sino como un coste mínimo del que se parte y que, a buen seguro, se incrementará en mayor o menor proporción pero que a buen seguro lo hará“.

Flyvbjerg a su vez denuncia el preocupante hecho de que esto no es sólamente una realidad contrastada sino que además, de esas 16 ciudades que en este periodo albergaron los Juegos Olímpicos, hasta 11 no se molestaron ni tan siquiera en publicar cuál había sido el exceso cometido sobre su presupuesto inicial, algo verdaderamente alarmante. Y la situación no tiene tintes de mejorar, al menos en el corto plazo. Retomándonos a los últimos Juegos celebrados, los de Londres, la ciudad británica vio incrementar su presupuesto en un 101% en términos reales y los Juegos Olímpicos de Invierno del año 2014, a celebrar en la ciudad rusa de Sochi, van camino de convertirse en los Juegos más caros de la historia jamás celebrados, donde el presupuesto inicial ya quedó ampliamente superado hace bastante tiempo. Así, de los 12 mil millones inicialmente previsto, la ciudad rusa ha superado ya amplilamente los 50 mil millones, algo que ha hecho que hasta el propio Putin ponga el grito en el cielo. Y para la cita olímpica brasileña del año 2016 las expectativas no son para nada mejores.

En el caso de Tokyo, todo apunta a que la tendencia confirmará los datos precedentes y el presupuesto será ampliamente superado. Pero frente a esta postura, está la que defiende que no sólamente hay que valorar unos Juegos desde el punto de vista de la inversión sino desde la tasa de retorno que la ciudad sede, e incluso el país organizador, obtendrá. Así, el profesor asociado de economía de la Universidad de Hosei, Kazumasa Oguro, afirmó que el impacto económico de los Juegos sobre Tokyo se estima ronde los 30 mil millones de dólares en el periodo que abarca desde su elección como sede olímpica, es decir, desde este año 2013, hasta la celebración de los Juegos, es decir, el año 2020. Además, está el valor no económico que unos Juegos dan al país organizador.

Así, los defensores de estas inversiones ponen como ejemplo a Barcelona 92. Los Juegos, presentados y considerados como uno de los mejores de toda la historia, no sólo tuvo una tasa de retorno interesante sino que fueron capaz de dinamizar la ciudad en particular y el deporte español en general, esgrimando que evidentemente estos Juegos ayudaron a hacer de España uno de los países que domina la esfera deportiva a nivel mundial, razón esgrimida además por los defensores de Madrid 2020 para que la ciudad obtuviera los Juegos, puesto que la situación de crisis actual amenazaba con recortar las aportaciones de las diferentes administraciones a las Federaciones Nacionales españolas, lo que augura un negro futuro para el deporte español o al menos algo más alejado de los éxitos actuales.

Frente a esta teoría, sin embargo, Flyvbjerg esgrima un dato concluyente: “Sí, todo eso está muy bien. Tan bien que incluso a muchos se les llega a olvidar que el presupuesto de Barcelona se excedió en un 417% por encima del inicialmente previsto, aunque bueno, eso parece que nadie lo recuerda ahora ni a nadie parece importarle demasiado”.

Quedan siete años para saber si las previsiones de Flyvbjerg aciertan o si, por el contrario, Tokyo se convierte en la primera ciudad que rompe la tendencia marcada por sus predecesoras.