Pretenden retornar al nombre tradicional el estadio del Hamburgo

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Un empresario alemán, multimillonario, pretende hacerse con los derechos de naming rights del estadio del club de sus amores y el de su ciudad, el Hamburgo alemán. Pero la noticia, evidentemente, no sería esta práctica de marketing, que cada vez se va extendiendo por toda la geografía futbolística mundial sino el fin último que persigue Klaus-Michael Kuehne, que así se llama el susodicho, con la adquisición de tales derechos.

Es evidente que, con la noticia de la que nos hacemos eco, aún quedan románticos en el fútbol. En un mundo tan sumamente mercantilizado, donde todo es potencialmente objeto de ser herramienta para obtener rendimiento económico, la iniciativa llevada a cabo por Klaus-Michael Kuehne, uno de los empresarios más importantes de la ciudad de Hamburgo, propietario de la compañía logística Kühne+Nagel, es digno, cuanto menos, de alabanza.

La historia se remonta al año 2010. La compañía se servicios holandesa Imtech se hace con los derechos de naming rights del estadio del Hamburgo alemán, recinto que desde ese momento, y a cambio de algo más de 4 millones de euros anuales, se conocerá como el Arena Imtech hasta el año 2016. Sin embargo, la noticia saltaba hace tan sólo unos días cuando el director ejecutivo de la firma holandesa, Gerard van der Aast, anunció la intención de la misma de dar por finalizado esta misma temporada el contrato que le une a la entidad alemana debido a serios problemas de índole económico que azotan a la compañía.

Y es entonces cuando entra en juego Klaus-Michael Kuehne. Así, desde que conoció la noticia, este empresario alemán ha expresado a todo aquel que quiera oirle, directivos del club incluídos, que estaría dispuesto a pujar por los derechos de naming rights del estadio con el sólo propósito de devolverle al mismo su tradicional nombre con el que era conocido hasta el año 2001: el Volksparkstadion. El único requisito que pone el empresario es el de que el club construya un equipo con aspiraciones suficientes para estar lo más arriba posible. Y sí, todavía quedan románticos en el fútbol.