A Polonia no le salen las cuentas. ¿Realmente es rentable organizar una Eurocopa?

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Apenas una semana después de que la Eurocopa 2012 tocara a su fin, llega el momento de realizar balances.

Y es que, una vez pasadas las algarabías de las celebraciones, a una de las anfitrionas, a Polonia, no le salen las cuentas. Así, Polonia, que ha invertido algo más de 23.000 millones de euros en organizar, o mejor dicho, coorganizar la Eurocopa junto a Ucrania, ha visto como la tasa de retorno de dicha inversión no alcanza ni siquiera el mínimo esperado: “Se ha gastado infinitamente más de lo que se ha ingresado”, ha reconocido la Directora de la Oficina de Turismo de Polonia en España, Agata Witoslawska, en unas recientes manifestaciones.

Estos datos no vienen más que a aportar más confusión a las cifras reales y definitivas, puesto que no hace mucho nos desayunábamos con otros datos, esta vez más positivos, aportados por importantes economistas polacos, que afirmaban que el impacto positivo de la Eurocopa sobre el PIB polaco perdurará en el tiempo hasta bien entrados en el año 2020.

Por lo tanto, podemos decir que hay una balanza entre aspectos positivos que se contrarrestan de manera inmediata con otros más negativos. Así, frente a que la marca Polonia ha salido enormemente reforzada de esta Eurocopa, con datos como que el 80% de los visitantes afirman que volverán y un 92% recomienda su visita, se contrapone el hecho de que la afluencia de estos turistas ha sido sensiblemente inferior a la esperada, con apenas 700.000 visitantes, la mayoría europeos, muy lejos de las cifras previstas por el gobierno polaco y, en cualquier caso, lejos también de la horquilla que consideraba aceptable en lo mínimo, entre 800.000 y 1.500.000 visitantes.

Así, pues, a la espera de ver cuál ha sido realmente el impacto que la Eurocopa ha tenido en los países organizadores, que sólo el tiempo determinará, vemos como en este caso Polonia no tiene tan a las claras que el acoger a un evento de estas características suponga de manera inaludible la llegada de buenos presagios para el país organizador, puesto que como suele suceder, la inversión, en la mayoría de los casos, supera con creces al rédito obtenido.