Pirelli o como dañar tu imagen con un patrocinio deportivo

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Muchas veces un patrocinio deportivo se puede llegar a convertir en todo lo contrario a lo buscado por una marca comercial con el mismo. Esto es precisamente lo que le está pasando a la firma italiana Pirelli con su acuerdo de patrocinio de la F1, que le convierten en proveedor exclusivo de neumáticos de la competición desde el año 2010.

Finales del año 2010. La firma Bridgestone, hasta entonces sponsor en exclusiva de la Fórmula Uno, decide abandonar el barco y no renovar el acuerdo que le unía a la competición para la temporada siguiente argumentando que había decidido dar un giro a su estrategia de expansión, basada más en
la innovación y en la investigación que en una vuelta a los circuitos,
por lo que su regreso es totalmente inviable.

Este hecho provocó que se abriera una enorme oportunidad de negocio en forma de patrocinio deportivo para otras compañías del sector, como bien puedieran ser Michelin o la propia Pirelli. Al final, la firma italiana logra hacerse con tan ansiado caramelo, caramelo que a la postre, y visto los escándalos que se están sucediendo desde su llegada, parece más un caramelo envenenado de su máximo rival que nada tiene que ver al anhelado regalo que esperaban los italianos.

Desde su llegada como decimos, los escándalos de los neumáticos de Pirelli en la competición han ido creciendo y sucediéndose. Y si al principio tanto pilotos como escuderías trataban de mantener una, a veces, indisimulada discrección al respecto, poco a poco fueron cada vez más los que se fueron animando a criticar la poca calidad y fiabilidad de los mismos hasta el punto que en más de una ocasión fue la propia FIA la que tuvo que salir en defensa de Pirelli.

Sin embargo, tras lo acontecido con el GP de Gran Bretaña celebrado este fin de semana en Silverstone, la primera que ha salido a la palestra para exigir explicaciones respecto al esperpéntico espectáculo acaecido durante la celebración del mismo, con explosiones de neumáticos en cuatro ocasiones de carrera en cuatro coches diferentes, han puesto en el disparadero de las críticas a una más que tocada Pirelli que ve en su salida de la competición como el menor de sus males para tratar de cortar la enorme sangría que sus actuaciones y sus neumáticos están provocando sobre su marca.

Y es que el daño que está produciendo esta situación a Pirelli no se centraliza de manera exclusiva a su aspecto económico. Pirelli desembolsa en cada circuito algo más de 20 millones de euros por los neumáticos. Pero por encima de este gasto económico, cuantificable, está el daño que la actual situación puede estar provocando en la marca italiana, algo que muchos dentro de la firma están más que convencidos que está produciendo un enorme boquete en la imagen de la marca de cara a los aficionados y consumidores finales.

Desde el departamento de marketing de la compañía a buen seguro que se estarán afanando en lanzar una campaña de lavado de imagen lo suficientemente importante a nivel internacional como para que el daño producido por su presencia en la Fórmula Uno quede reducido a la mínima expresión. Sin embargo, paralelamente a este trabajo, en la planta noble de la compañía transalpina estarán sopesando y mucho como un negocio, en principio rentable, puede haber acabado como el peor lastre para una marca dentro de su sector en una situación que más bien parece ideada por su mayor competidor.

Expertos en el tema afirman que tan sólo una reacción a tiempo de la compañía, junto con una salida a final de temporada, lograría minimizar los daños a la marca siempre y cuando la situación no se continue saliendo de madre como está sucediendo hasta la fecha. Mientras tanto, muchos se acuerdan ahora de la campaña de Pirelli con Ronaldo o con Carl Lewis que rezaba “La potencia sin control no sirve de nada”. ¿Premonitoria en su momento?