París teme a Tokyo

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Puede que sea por la inmediatez (ahora mismo estaríamos a apenas dos meses de comenzar los Juegos) o puede ser también por aquello de que el miedo es libre. Lo cierto es que uno de los eventos que más duramente está siendo castigado por la crisis del Covid-19 son los Juegos Olímpicos de Tokyo que se iban a celebrar este año.

Ya hemos hablado ampliamente del grave impacto económico que el no celebrarse en 2020 ha supuesto a la organización. Pero a esta realidad se le suma otra si cabe más acuciante: el «aviso a navegantes» que el gobierno de aquél país hizo sobre la posibilidad incluso de que no se lleguen a celebrar el año que viene sino se encuentra una vacuna antes.

El escenario que se dibuja no es ni mucho menos sencillo. Y es que, aún en la visión más optimista de ver el vaso medio lleno, aún celebrándose los Juegos en 2021, esa circunstancia conllevaría otro impacto igualmente negativo en la organización de la siguiente cita olímpica, los Juegos de París 2024.

Aunque de puertas hacia afuera la versión oficial es de no transmitir (o al menos intentarlo) una preocupación excesiva, la realidad es bien distinta. La grave crisis económica a la que se enfrentará el planeta tras la salida del coronavirus llena de incertidumbre a los organizadores que desconocen las consecuencias que esta circunstancia podrá tener en los patrocinadores y las aportaciones económicas que éstos hacen a París 2024.

Pero aún en el caso de que esa crisis económica no golpeara a las economías de las empresas tanto como se vaticina, ya de por sí el hecho de que en 2021 convivan los derechos e intereses (legítimos por otro lado) de Tokyo con los de París, hace plantear serias dudas a los responsables franceses acerca de cómo ésto puede influenciar y afectar a sus acuerdos de patrocinio por múltiples circunstancias.

La situación es complicada. Muy complicada. Y París ya mira de reojo a todo lo que sucede y pueda suceder con Tokyo.

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