Oscar Pistorius se convierte en el último dolor de cabeza de Nike

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La trágica noticia del presunto asesinato de la modelo Reeva Steenkamp, de 30 años, a manos de su archiconocido novio, el atleta sudafricano Oscar Pistorius, después de recibir varios disparos procedentes del arma del deportista que la confundió con un ladrón, según la primera declaración dada a la policía y que las mismas autoridades se han apresurado a poner en duda, poniendo los focos de la presunta culpabilidad y responsabilidad del acto sobre Pistorius, ha conmocionado a todo el mundo en general, y al mundo del deporte en particular.

El trágico desenlace se conoció a última hora de la tarde de ayer a través de las agencias de comunicación de todo el mundo y, rápidamente, la misma se propagó como la pólvora a través de las redes sociales, que se incendiaron en un crudo debate acerca de la inocencia o culpabilidad del sudafricano.

Pero en uno de los lugares donde más resonó la noticia fue, sin duda alguna, en la planta noble de la firma norteamericana Nike dentro de su cuartel general de Oregon. Y lo hacía por un hecho claro: nuevamente, un turbio asunto afectaba de manera indirecta a la imagen de marca de Nike. La firma, que aún está tratando de reparar el enorme daño que ha hecho a su imagen las declaraciones de dopaje que el ex-ciclista norteamericano Lance Armstrong ha realizado en las que reconocía que durante años se dopaba de manera sistemática, se encuentra ahora de golpe y porrazo con otro terrible escándalo que puede afectar, muy negativamente, a su imagen, toda vez que Pistorius era uno de los principales embajadores que Nike tenía en el mercado africano en particular y a nivel mundial en general.

Oscar Pistorius tiene un suculento acuerdo firmado con la compañía norteamericana Nike que le reporta la nada despreciable cantidad de 2 millones de dólares anuales, a cambio de convertirse en una de las imágenes más icónicas del universo Nike dentro del mundo del atletismo. Sin embargo, las acusaciones de asesinato que se vierten sobre él ponen a la firma en un enorme dilema del que deberá salir al paso más pronto que tarde si no quiere que, como ocurrió en el caso de Armstrong, amenace con herir duramente la imagen de la marca.

El asunto Pistorius tiene, no obstante, un matiz superior. Aquí no estamos hablando de un escándalo que afecte a la vida privada de un deportista, como sufrió la marca con su gran icono Tiger Woods, acusado de escándalos sexuales. No. Tampoco estamos en el siguiente escalafón dentro de los escándalos que ha vivido la compañía de Oregon, un delito contra la salud pública como el de Lance Armstrong, que deja la imagen de la limpieza dentro del deporte por los suelos y, por ende, arrastra a la marca de manera muy apreciable en un precipicio del que aún trata de salir. Tampoco. De lo que estamos hablando aquí es de un asunto mucho más serio (si es que se puede) que los dos anteriores. Aquí se habla de acusaciones de asesinato de uno de los iconos y embajadores más importantes que tiene Nike a nivel mundial. Y dada la talla del delito y dada la talla del actor interviniente, gigantesco en ambos casos, del mismo nivel tiene que ser la contundente respuesta que dé Nike al respecto si no quiere que la riada de críticas que puede volver a sufrir se la lleve por delante.

Por de pronto, Nike ha retirado rápidamente una publicidad con el atleta que ya casuó una enorme polémica cuando vio la luz. El lema de la misma, “I am the bullet in the chamber”, “Yo soy la bala en la recámara”, que podía verse en la publicidad de Nike en la web del deportista, fue retirada nada más conocerse las acusaciones de asesinato que sobre el sudafricano vertió la policía. Sin embargo, hubo que esperar hasta ese momento para que la retirada se produjera, puesto que cuando las noticias hablaban de accidente aún era visible dicha publicidad.

Esta falta de reacción es la que puede hacer que Nike, y más concretamente su imagen como marca, pueda verse nuevamente afectada en un escándalo superior en proporciones y connotaciones a los hasta ahora vividos.

El asunto, que nuevamente (y curiosamente vuelve a afectar a Nike), conlleva necesariamente que las firmas que dominan el mundo del deporte, tales como Adidas, Puma, la propia Nike, etc… se planteen una seria reestructuración de los parámetros en base a los cuales elige a sus embajadores, dado que son el vehículo a través del cual la marca llevará su imagen a la sociedad. Como se decía en la antigua Roma, deberán aplicar el dicho de “La mujer del César no sólo tiene que ser honrada sino que además, tiene que parecerlo”.

Ninguna de las firmas que se asocian con las estrellas del mundo del deporte para que hagan de embajadores de sus respectivas marcas, ninguna repito, está a salvo de verse afectada por escándalos que pueden hacer mucho daño a las mismas. Por ese mismo motivo, las casas deberán revisar su manuales y criterios de selección de estos embajadores y no dejarse llevar por los logros deportivos de los mismos que son, en definitiva, los que le permiten gozar de gran popularidad.

En el caso que nos ocupa, Nike ha reaccionado ‘algo’ más diligente que en el escándalo Armstrong, del que únicamente se ‘bajó del carro’ cuando el propio Arsmtrong reconoció el asunto. Sin embargo, la retirada de un ‘polémico’ anuncio (más ahora) de la web del deportista no parece ser suficiente para romper, de raíz, con alguien acusado formalmente por la policía de asesinato.

Otro caso a estudiar es el de Oakley, cuya dirección se está planteando que acciones puede llevar a cabo después de que medio mundo haya visto las fotografías de la detencción del sudáfricano donde el atleta se tapa el rostro con una sudadera con capucha de dicha marca, en lo que entienden los dirigentes de Oakley como la peor campaña que se le podría hacer a la misma.