Nike respira: McIlroy está de vuelta

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Rory McIlroy, vencedor del Open Británico de Golf 2014
  • Rory McIlroy se hace con su tercer major con apenas 25 años de edad tras el triunfo alcanzado en el Open Británico de Golf
  • Los que apostaron por el norirlandés en Nike, respiran tras ver cómo su inversión de 250 millones de dólares comienza a dar rendimientos

La victoria en el día de ayer del norirlandés Rory McIlroy en el Open Británico de Golf, disputado en el campo inglés Royal Liverpool, en Hoylake, para alzarse de este modo, con el tercer gran torneo de su carrera deportiva a la temprana edad en este deporte de 25 años y tras ya poseer en su palmarés los majors logrados anteriormente del Abierto de Estados Unidos, en 2011, o el PGA de 2012, han devuelto la sonrisa y la confianza a los directivos de Nike que hace ahora casi dos años comenzaban los primeros acercamientos con los representantes del jugador para convertirlo en uno de los embajadores mejor pagados de la historia de Nike con el objetivo de tomar el relevo a su gran estrella, el norteamericano Tiger Woods.

La situación en el último año no fue la deseada para dichos directivos y para todo el entorno Nike, que vio como el jugador se sumía en una profunda crisis de juego hasta el punto de tener que volver a apostar en sus estrategias por un renacido Woods, al que la compañía se vio en la obligación de renovar por unas cifras superiores a las que tenía previsto tras el mal año del irlandés.

No estaban equivocados: tres majors con 25 años

Con un Tiger Woods en el que parecía el ocaso de su carrera, lastrada por los problemas de salud en forma de lesiones y por un monumental escándalo matrimonial que echó por los suelos su impoluta imagen de persona de familia que tenía el norteamericano, imagen por otro lado que era uno de los principales reclamos del jugador con respecto a las firmas y marcas comerciales, en Nike trataron por todos los medios de buscar en el propio mundo del golf un relevo con las suficientes garantías para sustituir con éxito a Woods.

Y el candidato debía reunir una serie de requisitos fundamentales: ser más que una promesa, una verdadera realidad ya en el mundo del golf pero, sobre todo, ser de edad joven, que permitiera acometer una estrategia comercial importante dentro de la marca a largo plazo, transmitiendo valores asociados a la juventud que se pudieran extrapolar después a los consumidores y aficionados. Y el norirlandés reunía todos estos requisitos. Al menos por entonces.

Un contrato de 250 millones de dólares

Nike tenía al mayor valor dentro del mundo del golf hasta el momento, desde el punto de vista del marketing deportivo: Tiger Woods, que con 14 grandes campeonatos entre 1997 y 2008 lo convirtieron en una de las grandes leyendas vivas de este deporte, pero que, además, permitieron a Nike entrar de lleno en un deporte en el que no sabía cómo tener presencia de una manera significativa. La enorme crisis de juego y personal que vivió a partir de aquí uno de los buques insignias de Nike dejó sin referentes el mundo del gol y a Nike sin uno de sus principales baluartes. La llegada de McIlroy supuso un soplo de aire fresco que varios directivos de Nike supieron ver hasta el punto de considerar que era el adecuado para convertirlo en la nueva estrella Nike dentro de este deporte.

Convertido a tan temprana edad en uno de los jugadores más apetecibles para las firmas y marcas comerciales, Nike puso encima de la mesa de los representantes del jugador un jugoso contrato de 250 millones de dólares ante el temor de que firmas rivales, sobre todo su archienemiga adidas, pudieran adelantársele e incorporar a McIlroy.  De este modo, Nike se aseguraba al pasado, presente y futuro del golf con dos figuras como Tiger Woods (sumido en una grave crisis en aquel entonces) y a Rory McIlroy.

Crisis de McIlroy y renacer de Woods

Sin embargo, la firma del contrato con el norirlandés provocó dos efectos casi simultáneos y totalmente opuestos. El que estaba llamado a ser sucesor de Woods se sumió, desde ese momento, en un importante bache de juego que duró toda la temporada pasada: numerosos factores pudieron desencadenar el pobre juego desarrollado por McIlroy durante todo 2013. Sin embargo, a nadie se le escapaba que la enorme presión que los 250 millones de dólares de Nike ejercían sobre el jugador era uno de los argumentos más sólidos para tratar de explicar el pobre rendimiento del golfista.

Paradójicamente, un denostrado Tiger Woods comenzaba a resurgir de sus cenizas hasta el punto de convertirse en una de las sensaciones de la temporada pasada. Tal es así, que en Nike, que tenían previstos otros planes para el jugador, y ante el mal juego de McIlroy, tuvieron que replantearse esos otros planes para volver a renovar al norteamericano y con unas cifras y unas condiciones muy superiores, en todo caso, a lo previsto por Nike. Mientras la luz de McIlroy se empequeñecía por momentos, la de Woods deslumbraba cada vez más y en Nike no tuvieron más remedio que pasar a McIlroy a un segundo plano en sus estrategias comerciales, poniéndolo como mucho al mismo nivel de Woods pero en ningún caso superándole. Woods había vuelto y las críticas sobre los que apostaron por McIlroy con un contrato tan sumamente grandes arreciaron.

Un año después, el tiempo parece querer darle la razón a esos arriesgados y avizados directivos. Con Woods sumido en otra lesión que amenaza incluso con tenerlo fuera gran parte de lo que resta de temporada, y con la vuelta de McIlroy a lo grande, todo el mundo es cada vez más conscientes de que la de Woods es una llama que cada vez irá en mayor decrecimiento mientras que la de McIlroy, con cuidados y mimos, puede convertirse en la ansiada luz que venga a sustituir en las estrategias comerciales de Nike en el golf (y en el deporte en general) a la que en su día fue capaz de generar Woods.