La NBA trata de proteger su producto ante el escándalo Sterling

0

03 de Diciembre de 2012. La NBA, la competición de baloncesto más importante del mundo, multa con 250.000 dólares a los San Antonio Spurs por una decisión de su entrenador que, en cualquier otra competición de cualquier otro deporte en cualquier otra zona del mundo, sería impensable.

Los Spurs disputaban un encuentro de temporada regular ante los Heat de Miami que finalmente perderían por 105-100 y donde el entrenador de los Spurs, Gregg Popovich, mandaba a cuatro de sus estrellas directamente a San Antonio desde Orlando, anterior encuentro de los Spurs, sin ninguna razón aparente al respecto que motivara tal decisión. De este modo, Tim Duncan, Manu ginóbili, tony Parker y Danny Green regresaban a su hogar para contar con unos días más de descanso ante una recta final de temporada fundamental para los Spurs. Esta acción de Popovich se saldó, como decimos, con 250.000 dólares de multa por parte de la NBA, que amparó su sanción en una norma del año 2010 aprobada por la propia NBA que prohibía dejar sin jugar a cualquier jugador apto para ello sin existir un motivo aparente y sin haber sido notificado este extremo a la propia NBA, a su rival y a la prensa con la suficiente antelación para su aprobación por el organismo. El objetivo, proteger al máximo su producto de cara a los millones de fans de la competición.

La NBA es una de las organizaciones que más cuida su imagen y la de su producto de cara al aficionado, conscientes como son de la enorme importancia que la misma tiene de cara al exterior, llevando el asunto hasta situaciones tan extremas como la anterior. Nadie en la propia NBA alcanzaría a entender, por ejemplo, la situación vivida hace unas temporadas en la Liga BBVA con la negativa del entrenador de uno de sus clubes representantes a nivel mundial, el Real Madrid, de negarse a comparecer ante la prensa. Y todo con el objetivo de garantizar la protección del producto que tratarán de vender después a patrocinadores y sponsors, un producto que deben cuidar y mimar si quieren obtener la máxima rentabilidad en un negocio que mueve millones de dólares al año.

Con estos antecedentes, con el mimo y cuidado que la propia organización pone en su producto, todas las miradas se giran ahora hacia Adam Silver, máximo comisionado de la NBA y el resto de propietarios de la NBA ante el escándalo Sterling que amenaza con dañar seriamente esa imagen que con tanto afán trata de proteger la organización.

Donald Sterling es uno de los más polémicos propietarios de franquicia de la NBA. Dueño de Los Clippers de Los Angeles, cuenta con serios antecedentes xenófobos en su historial aunque ninguno ha llegado a tomar el cariz que están tomando los acontecimientos en este último. Su despechada novia, casi 50 años más joven que él, ha filtrado a la prensa norteamericana una grabación en la que supuestamente Sterling le sugiere que se acueste con ellos si quiere pero que deje de llevar negros a los pabellones ha incendiado no sólo ya la NBA sino toda la sociedad norteamericana. El calado del asunto es tal que incluso ha llegado a la Casa Blanca, donde hasta el propio presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, se ha pronunciado contra Sterling, lo que deja a la organización en un serio problema de decisión a tomar: ¿qué hacer con Sterling?

Jugadores y exjugadores de la talla de LeBron James, Magic Johnson o Michael Jordan, este último propietario de los Bobcats, han instado a Silver a que adopte una posición firme y sin filtraciones en forma de sanción ante Sterling, aconsejando sea privado de la propiedad de Los Clippers, algo ante lo que Silver ha afirmado estar estudiando el asunto con el resto de órganos decisorios en la NBA.

La NBA cuenta con más de 300 millones de seguidores en las redes sociales en todo el mundo, casi tantos como habitantes tienen los Estados Unidos, gran parte de ellos fuera del territorio norteamericano, lo que habla bien a las claras de la potencia del producto NBA. Sus partidos se ven en 215 países cuyas operadores de televisión están dispuestas a abonar suculentas cantidades a la organización para ello. A nivel económico, para dar una idea de su fortaleza, en el año del último lockout, fue capaz de incrementar sus ingresos hasta los 5.000 mil millones de dólares.

Con estos datos, la NBA es una auténtica gallina de los huevos de oro que nadie quiere echar a perder por las incorrecciones y salidas de tono de alguien como Donald Sterling. La pelota está ahora en el tejado de Silver, que deberá arrojar agua sobre el incendio que amenaza con propagarse y alcanzar cotas inimaginables. Su producto, uno de los mejores comercialmente hablando del mundo, lo demanda.