Michale Sam, el último “Jeremy Lin” del mundo del deporte

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Michael Sam
  • El primer jugador que se declaró abiertamente gay antes de participar incluso en el Draft de la NFL ha sido cortado por su actual equipo, los St. Louis Rams
  • Sam se convierte así en un nuevo caso “Jeremy Lin”, un nuevo juguete roto por los medios y marcas comerciales donde la mediaticidad de su figura no corresponde con el rendimiento deportivo que se auguraba al jugador

Desde que apareciera allá por el año 2012 la historia de un joven jugador de baloncesto norteamericano con ascendencia asiática al que apenas se le habían dado oportunidades dentro de la NBA, tras un imparable discurrir por varios equipos hasta llegar a los Knicks, donde su presencia en el banquillo (no hablemos ya del quinteto titular) era en muchas ocasiones duda para, de la noche a la mañana, convertirse en la versión particular de La Cenicienta dentro del mundo del deporte, las historias que de vez en cuando nos trae el mismo relativas a estas oportunidades de convertir la calabaza en lujosa carroza van apareciendo aunque con idéntico final. Las Linsanitys que los medios y marcas son capaces de crear sobre determinadas (supuestamente) estrellas del deporte están dando lugar a verdaderos fracasos deportivos tal y como lo demuestra el último caso.

Jeremy Lin, un éxito más comercial que deportivo

La historia reunía todos los mimbres necesarios. Un jugador que apenas juega, que duerme en el sofá de su salón porque apenas tiene para malvivir, donde las oportunidades dentro de la NBA se le van esfumando, se convierte, de la noche a la mañana, en la estrella de un equipo como los Knicks. El entrenador, poco a poco le va encontrando hueco como revulsivo y los medios de comunicación, desesperados por encontrar una historia que venda, ven al joven en el protagonista ideal de una versión adaptada al deporte de La Cenicienta.

De la noche a la mañana, este jugador, al que podríamos llamar Jeremy Lin, pasa poco menos que del ostracismo al estrellato. Su historia conmueve y, sobre todo, vende. Y mucho. Los medios lo saben. Y las marcas y patrocinadores también. Los contratos comerciales se suceden casi al mismo ritmo vertiginoso que se dispara la carrera profesional del jugador. Las marcas hacen cola para incorporar al nuevo prodigio surgido dentro del deporte. Ha nacido la Linsanity.

De la cima a la indiferencia

Sin embargo, más de uno pone la voz de alarma sobre el asunto. Jeremy Lin se convierte, en opinión de esos muchos, en un fenómeno mediático más que deportivo. Su rendimiento comercial fuera de la pistas de baloncesto está muy por encima del estrictamente deportivo. Hay algo que no cuadra. Antes o después, la cuerda se romperá.

Y así fue. Como fenómeno de masas surgido prácticamente de la nada, la Linsanity se fue eclipsando casi tan rápido y con la misma fuerza con la que surgió. Su traspaso a los Rockets confirmó lo que se pensaba: el fenómeno Lin es, sobre todo, un fenómeno mediático más que deportivo. Apenas dos años después, los Rockets le han traspasado a Los Lakers.

Michael Sam, el nuevo Lin de la NFL

La importancia que el dinero está adquiriendo dentro del mundo del deporte (entiéndase por dinero todo aquello extradeportivo enfocado al mundo de los negocios que rodea al deporte) está llevando a asistir, de vez en cuando, a esas estrellas fugaces que son los Jeremy Lin de turno. Y en esta ocasión, el foco se ha fijado sobre un jugador de la NFL que, como gran aval, presentaba el hecho, además de un incuestionable don para ese deporte, de ser el primer jugador que antes de ser elegido en el propio Draft se declaraba abiertamente gay. Un anuncio más que suficiente.

Más que suficiente, decimos, como para que los medios de comunicación se fijen en él y comience a plasmarse sobre su figura una nueva versión de Jeremy Lin. La notoriedad con lo que los medios hablaban de Michael Sam comenzó a atraer hacia él a un innumerable muestreo de marcas y firmas comerciales que ansiaban unir su imagen a la del nuevo y prometedor crack del futuro de la NFL. Marcas como Visa, Panini o Upper Deck se anticiparon a sus rivales para contar con esta nueva estrella. El rendimiento comercial, nuevamente, auguraba una carrera plagada de éxitos. Aunque, como veremos, más bien anunciaba una nueva versión de la Linsanity, en su peor vertiente.

Cortado por los Rams

Las marcas y compañías comerciales continuaban pegando en la puerta de sus representantes atraídas por un indicador clave: las camisetas vendidas del jugador. En poco menos de un par de meses desde su anuncio, Sam se convirtió en el séptimo jugador de toda la NFL en número de camisetas vendidas, todo un récord para un rookie que ni siquiera había debutado en la liga.

Pero nuevamente las voces de los especialistas anunciaron que se estaba sobredimensionando la marca Michael Sam a nivel comercial mucho más que su rendimiento deportivo real. Y el tiempo les ha dado la razón. Hace unos días, el equipo que lo eligió en el Draft, los St. Louis Rams, anunciaron que Sam era uno de los jugadores cortados por la franquicia debido a su escaso rendimiento deportivo. Los focos comenzaron a apagarse. Las cámaras empezaron a mirar hacia otro lado. Y mientras tanto, Sam compredía que se había convertido en el nuevo Jeremy Lin.

Jeremy Lin. Michael Sam. Dos juguetes “medio” rotos en los que el afán comercial de las firmas y marcas pretendieron encumbrar como grandes estrellas del deporte. Su luz no dejó más estela que la que pudiera dejar en el firmamento una estrella… pero fugaz. Los medios y marcas ya no apuntan hacia ellos. Ahora buscan al nuevo Jeremy Lin (comercialmente hablando).