Luck-Griffin III: Dos novatos, dos maneras de gestionar su imagen

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Los dos mejores novatos que debutarán en la NFL esta temporada, Andrew Luck y Robert Griffin III, tienen una visión diferente a la hora de explotar su imagen, de gestionar su fama.

Cuando en la pasada fiesta del Draft de la NFL los equipos del campeonato seleccionaron a los mejores jugadores
universitarios según su relación inversa a su clasificación durante la
última temporada, es decir, las peores franquicias eligen en primer lugar a las jóvenes promesas para
equilibrar cada año el campeonato, se puede decir que no hubo sorpresas: los dos grandes candidatos considerados como los mejores novatos a ser elegidos en primer lugar así lo fueron: Andrew Luck y Robert Griffin III, elegidos número uno y dos del Draft respectivamente por los Indianápolis Colt y los Washintong Redskins. No hubo sorpresas.

Sin embargo, la aptitud de uno y otro mediáticamente, a la hora de gestionar su imagen es sumamente diferente. Robert Griffin III es un devorador de su propia imagen. Ya tiene cerrados contratos de alto nivel con firmas tan importantes como Adidas, Subway o Gatorade, por los que obtiene sustanciosos beneficios. Las marcas se lo rifan y sus agentes no paran de recibir ofertas de compañías que pretenden que esté presente en este acto o en aquella campaña. Se podría decir que es omnipresente: está en todos lados. Incluso en Washintong D.C. una imagen suya de más de 25 metros de altura domina todo el horizonte. Una manera respetable de entrar en el mercado. Y a poco que le acompañen los resultados, estamos seguro que una fuente ingente de ingresos a través de acuerdos comerciales.

En el lado opuesto, el número uno del Draft: Andrew Luck. Un tipo menos impetuoso quizás que Griffin, aspecto éste que ha hecho que las marcas no se hayan sentido tentadas desde el primer momento por hacerse con su imagen. Pero hay un hecho mucho más importante que el anterior que ha propiciado este alejamiento inicial del mundo ajeno al deporte: la propia posición del jugador: “Las cosas están yendo demasiado rápido. No hay tiempo para casi nada. Y ante todo quiero asegurarme de que tendré tiempo suficiente para, en esta vorágine, saber manejarme, saber decidir y dedicar tiempo a las cosas importantes o que yo considero importantes, ya sea mudarme a mi nuevo piso, terminar mis estudios o estudiar y aprenderme el libro de jugadas. Hay tantas cosas que me están pasando que pensé que, cuanto menos tiempo dedique a promocionarme o a hacer anuncios, más tiempo tendré para formarme deportivamente y como persona, será mejor para mí. He decidido esperar y estoy seguro que con trabajo, todo llegará. Pero ante todo, quiero ser dueño de todo lo que me sucede”, afirmó en una entrevista al diario Indianapolis Star.

Estamos pues ante dos presumibles genios del football, dos más que probables chicos que en poco tiempo estarán sus nombres en todo lo alto. Y sobre todo, estamos ante dos formas de gestionar su imagen y su fama: una, dejándose llevar por los acontecimientos; la otra, siendo dueño de sus propias decisiones. ¿Cuál eligirías tú?