Los Juegos Olímpicos de la Juventud atraen cada vez mayor interés

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El presidente del Comité Olímpico Internacional, Jacques Rogge, puede sentirese realmente satisfecho.
En el año 2001, Jacques Rogge se sacó de la manga una propuesta que a muchos les pareció, a todas luces, descabellada, por suponer lo que consideraban una “saturación” del deporte olímpico en la sociedad. Lo que Rogge proponía no era más que la celebración de unos Juegos Olímpicos de la Juventud, los Youth Olympic Games (YOG).

A pesar de las enormes reticencias de los miembros del COI siquiera a debatir el proyecto, Rogge se salió con la suya y consiguió crear una comisión de trabajo encargada de estudiar el mismo, proyecto que definitivamente quedó aprobado en el año 2007, con un formato similar al de los Juegos Olímpicos y que acogería a atletas de todo el mundo de entre 14 y 18 años. Así, la primera edición se celebraría en el año 2010 y, a los dos años, se celebraría la edición de invierno, en un paralelismo con sus “ediciones mayores”, los Juegos Olímpicos de Verano y de Invierno.

Si bien el proyecto no fue inicialmente muy bien acogido y las cautelas eran muchas, después de la celebración de los primeros en el año 2010 en la ciudad de Singapur, a los que siguió la celebración en 2012 de la edición de los Juegos de invierno en Insbruck, Austria, en el año 2014 se celebrarán la segunda edición de los Juegos de Verano en Nankín, China, en un proyecto que ve a pasos agigantados como se va consolidando. Pero quizás el espaldarazo definitivo venga de un hecho clave: para los Juegos Olímpicos de la Juventud del año 2018 se han presentado nada más y nada menos que un total de seis candidaturas, tras la eliminación de otras tres que no cumplían los requisitos, lo que ha supuesto un respaldo definitivo al proyecto de Rogge según el propio COI. Así, las ciudades candidatas a albergar dichos juegos son Buenos Aires (Argentina), Medellín (Colombia), Glasgow (Gran Bretaña), Guadalajara (México), Rotterdam (Países Bajos) y Poznan (Polonia).

Y es que los países ven en los acontecimientos deportivos una fuente extra de generación de ingresos para unas maltrechas y necesitadas economías. En definitiva, un embrión que se está asentando a pasos agigantados dentro del movimiento olímpico y que atrae cada vez mayor interés.