Los estadios vacíos

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Se preguntaba hace ya tiempo Eduardo Galeano, uno de los escritores latinoamericanos más prestigiosos a nivel internacional ya fallecido, si alguien alguna vez había entrado a un estadio vacío. La respuesta que se daba él mismo es que no había nada menos vacío que un estadio vacío, haciendo una metáfora acerca de como los sonidos, vivencias y experiencias que las gradas habían acogido durante años permanecían en ellas, aunque el estadio estuviera vacío, sin público.

La crisis del coronavirus sin embargo ha venido a arrebatar de un plumazo ese matiz de romanticismo con el que el escritor uruguayo se planteaba la cuestión, cambiando por completo su reflexión para muchos de los que protagonizan este momento como actores principales: deportistas, entrenadores, aficionados… para todos ellos, no hay nada más vacío que un estadio vacío.

Asistimos estos días a continuas noticias que invaden nuestros medios donde se nos explica cómo las grandes competiciones deportivas planean hacer frente a la crisis. Fútbol, baloncesto, tenis, motor, atletismo… Todos tienen claro una premisa: hay que volver a la competición como sea. Y ese como sea, quizás impuesto por las obligaciones sanitarias, pasan por unos escenarios sin público.

Las grandes organizaciones y los que las dirigen quieren una vuelta a la «normalidad» lo antes posible, aunque sea sin público. Están en juego miles de millones de euros procedentes de sponsors y patrocinadores pero ¿realmente les interesa a estos sponsors y patrocinadores volver a la competición sin aficionados, los verdaderos protagonistas de toda la industria del deporte? Sin aficionado no hay alma en los recintos deportivos, no hay hinchas deseosos de comprar la última camiseta de su ídolo, no hay compañías con cuidadas estrategias asociadas a embajadores de marca deportivos que persuadan a sus fans para comprar sus productos… No hay nada.

¿A quién le compensa entonces esta prisa por volver, aunque sean a recintos vacíos? La respuesta la tienen los operadores de televisión, unos operadores en propiedad de los derechos televisivos de los eventos deportivos más importantes por los que han desembolsado millones de euros y que quieren a toda costa una vuelta a la competición que auguraría unas audiencias millonarias (y más en esta etapa de confinamiento). Lo que no parecen haberse planteado es si esos eventos, sin público, van a ser igualmente atractivos para el espectador que los ve a través de la televisión o de internet.

El punto de lógica lo ponen los entrenadores y jugadores, quizás los que viven más de cerca ese vínculo con el aficionado y los que más conscientes son de que, sin el hincha en la grada, se trate del deporte que sea, no tiene sentido competir. Pero a ellos, como se han quejado, nadie les consulta.

La realidad es otra. Y todo parece indicar que la vuelta a la competición se hará en esas condiciones, sin público para satisfacción de esos gigantescos operadores televisivos, aunque quizás entonces y solo entonces, se den cuenta, reconduciendo a Galeano, que no hay nada más vacío que un estadio vacío.