Los escándalos y la imagen del Barça

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Este fin de semana la directiva del FC Barcelona celebró un referendum en el que cuestionaba a los socios con derecho a voto del conjunto catalán la necesidad, o no, de contar con un nuevo estadio azulgrana. La respuesta de los más de 37.500 socios que participaron en la votación (aproximadamente algo más del 31% del censo del club) fue positiva: el proyecto de la directiva contó con el respaldo del 72% de los votos que dieron así su visto bueno a que el club cuente con un nuevo recinto donde disputar sus encuentros en los próximos años.

Llegaba así un soplo de aire fresco a la directiva del club en una semana un tanto convulsa con la sanción impuesta por la FIFA que viene a unirse a otros escándalos que durante esta temporada han salpicado al club de la Ciudad Condal. Muchos han querido ver en este referendum un plebiscito con el que la propia Junta Directiva se evaluaba ante los socios para conocer si contaba con el respaldo de una atónica afición que ve como los problemas extradeportivos se acumulan en el club en esta temporada de manera muy particular.

Centrándonos en el nuevo estadio cuya viabilidad ahora han aprobado los socios, las obras de reformas del nuevo Camp Nou tendrían un coste que ascendería a los 420 millones de euros, una cifra en la que jugará un papel muy importante los millones que procedan de la firma que se anime a patrocinar el naming del nuevo campo, un concepto por el que el club pretende ingresar aproximadamente una tercera parte del coste total del mismo, es decir, unos 150 millones de euros.

Sin embargo, en este idílico panorama esta temporada se han incorporado al conjunto catalán una serie de invitados, no deseados por supuesto, que amenazan con lastrar seriamente la imagen del cuadro azulgrana a nivel mundial, y consecuentemente en sus patrocinadores, y que vienen golpeando la misma desde hace algunos meses.

Estos invitados no deseados no son más que los escándalos que desde que comenzara la temporada vienen, cada cierto tiempo, salpicando la actualidad azulgrana, algo que en el entorno del club comienza a verse con preocupación de cara a la posible influencia, negativa se entiende, que los mismos pudieran tener en la imagen del club y su repercusión en los patrocinadores.

La temporada pasada no concluyó bien en este tema en Can Barça cuando en junio de 2013 el mundo futbolístico se desayunaba con las acusaciones de la Hacienda Estatal española hacia Leo Messi y su padre, acusados de cometer delito fiscal contra las arcas del estado español correspondientes a cantidades supuestamente no declaradas por el jugador procedentes de sus derechos de imagen, algo que comenzó a levantar una gran preocupación en el club sobre cómo este hecho podía comenzar a afectar a la imagen del club: su gran estrella, el considerado mejor jugador del mundo, estaba siendo acusado de fraude fiscal, lo que podría salpicar seriamente la imagen del Barça a nivel mundial, con la consiguiente repercusión que ello podría tener en sus relaciones con los patrocinadores que ya tenía y los potencialmente que se podrían incorporar.

Cuando el asunto Messi parecía volver a la calma, previo acuerdo del argentino con la Hacienda española, lo que venía a reconocer, aunque fuera implícitamente, las acusaciones que sobre él y su padre se vertían acerca de fraude fiscal, un nuevo escándalo salpicó más duramente a la directiva catalana y, por extensión, a la imagen del club, lo que llevó incluso a la dimisión de su hasta entonces presidente, Sandro Rosell: esta vez, el escándalo afectaba de lleno a la nueva estrella del equipo, el internacional brasileño Neymar Jr. y la gestión emprendida por el FC Barcelona a la hora de encarar su fichaje, que le ha llevado al club a tener problemas nuevamente con la Hacienda Española, con el club de procedencia de Neymar, el Santos, que se siente engañado, y con el fondo de inversión DIS, que al igual que el Santos, comenzó a exigir, tras desvelarse el escándalo, responsabilidades al FC Barcelona en forma de indemnizaciones por considerarse igualmente afectados por las operaciones de ingeniería financiera llevadas a cabo en el fichaje del brasileño por la junga directiva azulgrana.

Y mientras los aficionados no salían de su asombro por el nuevo escándalo, en el círculo más cercano al departamento de marketing, encargado de la custodia de la imagen del club, nuevamente las preocupaciones y las caras largas se hacían cada vez más patentes ante la nueva amenaza de nubarrones que se posaban sobre la misma con el escándalo Neymar.

Pero por si todo esto fuera poco, y por si la imagen del club azulgrana hubiera podido conseguir superar estas dos embestidas, el destino deparaba un tercer y nuevo escándalo, del que se ha hecho eco la prensa mundial, dado el cariz de los acontecimientos y el nivel del organismo acusador. Hace tan sólo unos días el FC Barcelona recibía de manera oficial la sanción en forma de prohibición de fichar durante los dos próximos periodos de fichajes (es decir, hasta verano de 2015) que la FIFA imponía al club azulgrana por incumplir su normativa en las operaciones de fichajes internacionales de menores de 18 años, en lo que venía a ser una especie de puntilla a la imagen del club, esta vez a nivel internacional, que nadie sabe a día de hoy cómo y de qué manera puede afectar a la misma.

Para los que a estas alturas aún no se hayan dado cuenta, en estos momentos se está librando una encarnizada lucha entre dos corrientes de opininón: la que considera que la imagen de una entidad deportiva como el FC Barcelona es lo suficientemente fuerte, autónoma e independiente del propio club y de los males que pudieran afectarle al mismo como para salir indemne de tres escándalos de la envergadura de los vividos en Can Barça en el último año, y la otra corriente que afirma que, por muy consolidada, fuerte y potente que sea dicha imagen, es inseparable del propio club, y al igual que la misma se revalua con los éxitos deportivos y extradeportivos del equipo, es incuestionable llegar a pensar que, igualmente, se depreciará cuando esos éxitos deportivos decaigan o, evidentemente, cuando existan factores extradeportivos, esos escándalos, que salpiquen a la institución (se pone como ejemplo la aciaga temporada del Manchester United en la Premier esta campaña tras la retirada de Ferguson, lo que ha propiciado que, a pesar de sus buenos números económicos, incluso su valor en la Bolsa de Nueva York se haya resentido e incluso muchos alegan que es uno de los asuntos que Nike, envuelto en negociaciones con el conjunto inglés, ha puesto encima de la mesa para minusvalorar el acuerdo a alcanzar).

El asunto no es un tema baladí. En el FC Barcelona viven con preocupación esta situación no sólamente por el calado de las acusaciones sino por la repercusión que ello podría tener sobre la imagen del club y, sobre todo, por la pérdida de valor que ello podría suponer en las negociaciones con los actuales y futuros patrocinadores. Y en este sentido, el primer gran escollo es de la negociación con el futuro propietario del naming del nuevo Camp Nou, ese al que este fin de semana los socios azulgranas dieron el visto bueno con la aprobación de sus obras. Hay en juego 150 millones de euros y estos tres escándalos amenazan con que las previsiones que el club azulgrana pretende ingresar por este concepto se vean seriamente mermadas por los posibles daños colaterales que esos escándalos hayan podido provocar en la imagen del club de cara al patrocinador.