Londres: ¿Ciudad olímpica o ciudad sitiada?

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Casi 15.000 soldados desplegados; misiles tierra-aire estacionados sobre edificios residenciales; un arma sónica que dispersa multitudes en segundos generando “terribles dolores de cabeza”; aviones sin tripulación que espían desde el aire; una zona de seguridad acordonada por una valla electrificada de 18 kilómetros; miles de agentes especialmente entrenados para la ocasión; más de medio centenar de perros de ataque….
Cualquiera que lea estos datos lo primero que piensa es que estamos ante unas maniobras militares en toda regla. Y probablemente lo último que se imagina es que se trata del despliegue de seguridad que el gobierno británico ha puesto marcha con motivo de los Juegos Olímpicos de Londres 2012. Un despliegue que está provocando una imagen distorsionada de la que pretende transimitir el Comité Organizador de los Juegos, el LOCOG y que está tratando de evitar a toda costa ante el temor de que la propia imagen de los Juegos de Londres se desvirtúe hasta lanzar al mundo una muy parecida a “los Juegos Militares” o “los Juegos del Terror”, calificativos con el que muchos han comenzado a identificar los Juegos de este verano de Londres 2012.

Sin embargo, los esfuerzos del LOCOG por tratar de lavar esa imagen y de transimitir otra completamente diferente, poniendo en marcha estudiadas estrategias de marketing apoyadas en campañas de publicidad orientadas a tal fin chocan de frente con la posición de las autoridades británicas. Londres es una ciudad completamente diferente en lo que a seguridad se refiere tras los atentados terroristas del año 2005; una sociedad en la que sus dirigentes políticos no han escatimado esfuerzos e inversiones gigantescas para controlar a sus propios ciudadanos. No en vano, Londres es la ciudad del mundo que más cámaras de vigilancia callejera tiene por habitante. Y sin embargo, todas estas cifras se quedan cortas frente al enorme dispositivo que las autoridades británicas pretenden desplegar con ocasión de los Juegos, un dispositivo que va más allá de todo lo visto hasta ahora en una democracia occidental sede de los Juegos. Ni siquiera China, sede de los anteriores Juegos Olímpicos, desplegó un contingente tan importante.

Sin embargo, muchas son las voces críticas que están llevando a transmitir una imagen totalmente distorsionada de lo que deben ser unos Juegos Olímpicos. ¿Que debemos controlar los posibles peligros llegados por agua? Ahí están las autoridades británicas para colocar un enorme portaaviones en el mismísimo Río Támesis. ¿Que la amenaza puede llegar a través de cualquier persona? Ahí está Londres con controles biométricos, sistemas cerrados de televisión con tecnología de reconocimiento facial. ¿Que temen ataques biológicos? Ahí está Londres con sistemas de rastreo de enfermedades…

Tal es la situación que ya hay muchos que se han encargado en catalogar a los Juegos de Londres como “El encierro de Londres”, en referencia al ‘estado de sitio’ que vivirán los londinenses y visitantes en el que es la mayor movilización de fuerzas militares y de seguridad en el Reino Unido desde la Segunda Guerra Mundial, superior incluso que las tropas desplegadas por el Reino Unido en Afganistán. Y no se trata exclusivamente de los costes o de la increíble invasión de la
privacidad de la gente. Se trata de los poderes que se otorgan a la
policía de acuerdo con la “Ley de los Juegos Olímpicos de Londres” de
2006, que da poder no solo al ejército y la policía, sino también a
fuerzas de seguridad privada para enfrentarse a potenciales “problemas de seguridad”
utilizando fuerza física. Como informó The Guardian , “los policías tendrán poderes para actuar contra cualquiera
que consideren esté involucrado en conducta antisocial, ya sea en las
estaciones de tren, mendigando, ofreciéndose sexualmente, o que se piense que esté causando alguna molestia de alguna
manera”.

La realidad es esta. El temor en el LOCOG aumenta por el reparo que estas medidas motivarán en los posibles visitantes de los Juegos. Y mientras, las críticas arrecian. Esto ya no es sólo deporte. Y como dicen los críticos con estas medidas, “Bienvenido a los Juegos, bienvenido a la guerra”.