Londres 2012: El COI teme por la imagen que se está transmitiendo al mundo tras el apagado del pebetero olímpico

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Confusión con las banderas de las dos Coreas (Ver Artículo en MD); retirada de la bandera de Taiwan (Ver Artículo en MD); pérdida de las llaves de Wembley (Ver Artículo en MD), y por si todo esto fuera poco, ahora, rompen con una tradición histórica dentro del Movimiento Olímpico Internacional y apagan la llama olímpica en el traslado del pebetero a una nueva ubicación.

Todo esto, en conjunto, está elevando y mucho la preocupación del Comité Olímpico Internacional, el COI, por la imagen que se está trasladando a nivel mundial del evento, o más bien dicho, de la organización del evento. Una imagen que filtrea peligrosamente con la sensación de despropósitos y desorganización que se ha instalado en la mayor parte de la opinión pública que asiste, atónita, casi cada día, a un nuevo despropósito de los organizadores.

La gota que está colmando la paciencia no ya sólo del propio LOCOG, sino del COI, ha sido la última “chapuza” acaecida: la llama olímpica, se ha apagado. Y es que esto es lo que tiene el tratar de ser más original e innovador que cualquiera de los Juegos hasta ahora celebrados, un pecado que no es exclusivo de Londres 2012, sino que cada ciudad sede de los Juegos pretende que su ceremonia inaugural sea la más original e innovadora posible. Pero este deseo, llevado al extremo, puede traer imprevistos que precisamente no han sido previstos, o al menos esa es la sensación, por las cabezas pensantes de semenjantes ideas.

Así, los responsables de la ceremonia de inauguración creyeron que sorprenderían al mundo, (y de hecho así lo han hecho. Lo que habría que preguntarse es si para bien o si para mal) si situaban el pebetero olímpico en el centro del estadio donde se celebró la Ceremonia Inaugural. Y el efecto fue sorprendente, pero las consecuencias de esta acción, o de esta ubicación, lo han sido si cabe más. La “genial” idea de situar el pebetero en el centro del estadio implicaba que la llama olímpica, uno de los emblemas olímpicos de cada edición de los Juegos y que está presente durante los días que se celebran los mismos, quedaba restringida (al menos su visión) exclusivamente a las personas que estuvieran dentro del estadio olímpico, puesto que desde el exterior, por su ubicación, resultaba imposible su visionado. Así, durante el primer día, la organización recibió multitud de quejas ante la ausencia de la llama olímpica, hecho éste que no era realmente cierto, puesto que la llama estaba, pero no era visible. Y así, ante la presión de los miles de turistas que visitaban Londres y el escenario olímpico en busca de la llama, al COI no le quedó más remedio que “reorientar” al LOCOG y “recomendar” que la llama estuviera en un lugar más visible. El LOCOG, a regañadientes, accedió a hacer realidad esos “deseos” del COI, y en la madrugada del pasado domingo al lunes, procedió al traslado. Pero el mover un pebetero de las dimensiones del creado no es una tarea sencilla, y mucho menos si lleva consigo a la llama olímpica, por lo que los responsables decidieron apagar la llama previo encendido de una pequeña antorcha durante el tiempo que precisó el traslado del pebetero hacia su nueva ubicación, rompiendo una tradición que era considerada casi sagrada (y decimos casi porque el LOCOG está demostrando con sus acciones que “sagrado” no hay nada).

Jackie Brock-Doyle, directora de comunicación del Comité de Organización (LOCOG), confirmó que el pebetero “fue
apagado durante el tiempo necesario para trasladarlo desde el centro
del Estadio hasta su emplazamiento definitivo en una curva. De
todos modos la llama fue conservada en un recipiente idéntico al
utilizado por los comandos de marina durante su llegada al Tower Bridge”, afirmó.

Sin embargo, estas explicaciones no han sido suficientes para calmar las críticas de los aficionados, incapaces de observar aún en su nueva ubicación, la llama olímpica, a pesar de poder verla a través de los videomarcadores instalados alrededor del estadio y en diferentes ubicaciones de la villa Olímpica.

Ante esta circunstancia, el COI no deja de expresar, de puertas hacia adentro, su preocupación por la “hilarante” y “descoordinada” imagen que se está dando de los Juegos por parte de la organización, una imagen que es casi tan sagrada como la propia llama olímpica, esa que el LOCOG no ha dudado en apagar rompiendo una tradición histórica. Y esa es la verdadera preocupación del COI: que la buena imagen que tradicionalmente ha venido acompañando a los Juegos Olímpicos se apague con la rapidez con la que lo ha hecho el pebetero olímpico en Londres, gracias, entre otras cosas, a la organización (o habría que decir desorganización), del LOCOG.