Lillard Capítulo II: La versión del jugador

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En el día de ayer traíamos en portada la opción “Lillard” que adidas parecía haber encontrado en el pasado All Star Game de la NBA: Damian Lillard, el base de los Portland Trail Blazers respondía con fidelidad al perfil buscado por la marca alemana para sustituir a una de las la que ha sido ya considerada por como una de las inversiones más desastrosas y con más mala suerte que jamás haya realizado la firma de las tres tiras: la del lesionado Derrick Rose.

Como decíamos ayer, Lillard, debido a su magistral dirección de juego en los Blazers que le está convirtiendo en uno de los puntales del equipo que sustenta la magistral campaña de los de Portland, su caracter ganador y su perfil humilde fuera de las canchas, le convierten en la pieza apropiada que tanto anda buscando adidas para, por un lado, sustituir al lesionado Rose y, por otro lado, acaparar una mayor cuota en un mercado dominado sin miramientos por su gran rival Nike.

Sin embargo, hoy es día para cuestionarnos el asunto desde el otro extremo: el punto de vista del jugador. ¿Qué piensa Lillard de todo esto? La excepcional campaña que está realizando el jugador va a coincidir, para desgracia de adidas, en el tiempo con la finalización del contrato que le une a la marca alemana. Y decimos para desgracia de adidas porque, a pesar de que tiene todas las  papeletas para hacerse con la renovación del jugador, su inconmensurable temporada no está pasando desapercibidas para otras grandes marcas del mercado que, conocedoras de la situación contractual de Lillard con los alemanas, esperan al acecho acontecimientos.

Es momento de no precipitarse. Y el jugador y sus representantes lo saben. A final de temporada, el jugador se convertirá en el particular agente libre en el mercado de las zapatillas y tendrá capacidad más que suficiente para encarar la renovación con adidas, a la que pedirá obviamente una mejora en los emolumentos que recibe de la compañía alemana, o bien dejarse seducir por los cantos de sirena que provienen de firmas como Nike, Jordan, Reebok o la propia Under Armour.

adidas tiene a favor que incorporó a Lillard cuando éste era un novato, confiando en las potencialidades que ya se le observaban al crack de los Blazers. Sin embargo, no lo va a tener nada fácil. Se habla que Lillard y sus representantes barajan una cifra que rondaría los 100 millones de dólares por el contrato de varios años a firmar. Y en esas cifras tan sólo dos marcas se antojan como potenciales destinos del base: la propia adidas o su gran rival Nike.

Los norteamericanos tienen a su favor que cuentan con potencial suficiente para hacer frente a esos 100 millones con relativa solvencia. Con un equipo de embajadores formado por LeBron James, Kevin Durant o Kobe Bryant, que le reportan sólo en ventas de zapatillas casi 400 millones de dólares, el desembolsar 100 millones por el que está llamado a ser una de las estrellas que coja el testigo en el futuro a estos cracks, parece cuestión más de tiempo y habilidad a la hora de convencer al jugador que del propio dinero en sí.

Todo lo contrario ocurre en adidas. Tras la criticada inversión realizada en Rose, ya puesta en entredicho desde el mismo momento de su firma, y acrecentadas ahora, las críticas, con la continua racha de lesiones que mantienen apartado al buque insignia de los Bulls y de la marca, el proceder a desembolsar otros 100 millones de dólares por un jugador llamado a relevar a las estrellas actuales pero, al fin y al cabo, un proyecto de futuro, se antoja una posibilidad, cuanto menos, complicada.

Lo que está meridianamente claro es que en todo este asunto, si las cosas no se tuercen demasiado, el verdadero ganador de esta batalla entre las marcas no será otro que el propio Lillard, un merecido premio por su excepcional juego.