“League of Denial”, el documental que tambalea un negocio de 9.500 millones de dólares: la NFL

0

Troy Aikman: “¿Dónde estoy?
Leigh Steinberg: “En el hospital”
Aikman: “¿Jugué hoy?”
Steinberg: “Sí, lo hicistes”
Aikman: “¿Y que tal lo hice?”
Steinberg: “Jugastes muy bien”
Aikman: “¿Ganamos?”
Steinberg: “Si, ganásteis”
Aikman” ¿Eso quiere decir…?”
Steinberg: “Eso quiere decir que habéis llegado a la Super Bowl”

La misma conversación se repitió, con las mismas preguntas y las mismas respuestas, cinco minutos después. Otros diez minutos más tarde Aikman y Steinberg volvieron a repetir, palabra por palabra, el diálogo.

Año 1994. Los Dallas Cowboys disputan el NFC a los 49ers de San Francisco. Durante el transcurso del encuentro, Troy Aikman, el quaterback de los Cowboys, debe abandonar el terreno de juego como consecuencia de un brutal choque con un rival que le produjo una profunda conmoción cerebral. La conversación anterior tuvo lugar en el centro sanitario en el que hospitalizaron al jugador entre Aikman y el ‘superagente’ Leigh Steinberg, representante del quaterback.

El episodio anterior es uno de los capitulos recogidos en el documental League of Denial, emitido hace tan sólo unos días por la cadena de televisión pública estadounidense Public Broadcasting Service, y que amenaza con poner patas arriba uno de los deportes que más negocio genera en los Estados Unidos, la NFL. El documental, basado en el libro homónimo, echa un poco más de sal a una herida que jamás se ha llegado a cerrar en la NFL por propio interés de la propia liga, que no ha atajado nunca el problema desde su origen y que se ha limitado a tratar de callar un escándalo que amenaza con la propia supervivencia de este deporte dentro las fronteras norteamericanas.

El documental emitido hace tan sólo unos días demuestra las artimañas utilizadas durante años por la misma NFL y sus dirigentes al objeto de ocultar los daños, irreparables, que la investigación expone minuciosamente sobre los daños que la práctica deportiva del football ocasiona en los jugadores, con la presentación por parte de la liga durante estos años de cuando menos discutibles informes médicos que minusvaloraban el riesgo al que se exponían los jugadores durante los encuentros. Pero el documental va mucho más allá: se fija en las presiones que la propia liga ejerció a los científicos que se “atrevieron” a investigar sobre el caso en cuestión y que han llegado hasta nuestros días, donde hasta el diario The New York Times asegura las presiones recibidas por uno de los actuales patrocinadores de la liga, la cadena ESPN, que actualmente tiene los derechos de emisión de los encuentros, para que, sorpresivamente, retirara la emisión de un documental que la propia cadena se había encargado de promocionar y de apoyar la investigación en él recogida tan sólo unos meses antes.

League of Denial saca a la luz los enormes e irreparables daños cerebrales que los jugadores de football sufren como consecuencia de los brutales golpes recibidos durante la práctica de este deporte. La piedra angular del mismo es la muerte del center de los Pittsburgh Steelers en el año 2002, Mike Webster, a los 50 años de edad. Su autopsia posterior convirtió a Webster en el primer ex jugador de la NFL diagnosticado con la CTE, Encefalopatía Traumática Crónica, una terrible enfermedad cerebral que sólo es detectable una vez se disecciona el cerebro tras la muerte del jugador.

A partir de aquí, testimonios de científicos, facultativos y otros especialistas que afirman como desde finales de la década de los 90 la NFL ha tratado de arrojar más oscuridad sobre un problema que tiene la suficiente importancia como para que hasta el propio presidente de la nación, Barack Obama, haya planteado la necesidad de llevar a cabo la adopción de medidas necesarias para la protección de los deportistas. Entre las acusaciones de estos profesionales hacia la NFL están el desprestigio que sobre sus personas trató de lanzar la liga así como acusaciones u ocultaciones de pruebas e incluso la negación a la práctica de las pruebas necesarias tras las muertes de ex jugadores para evitar el diagnóstico de la CTE, como el caso de Junior Seau, jugador que se suicidó ante la sorpresa de todo el mundo en el año 2012 y donde la NFL puso todas las trabas habidas y por haber para evitar que se examinara el cerebro del deportista.

Bennet Omalu fue el especialista en neurología forense que se encargó de realizar la autopsia a Mike Webster. En sus conclusiones, explicó minuciosamente que la muerte se debió a diversas patologías del corazón que sufría Webster pero reveló, igualmente la evidencia de CTE, una enfermedad degenerativa como decimos que se ha asociado, sobre todo, a los boxeadores. Omalu fue el primero en reportar un caso de un jugador de la NFL con esta enfermedad. En el año 2005 publicó sus hallazgos en la prestigiosa revista Neurosurgery. El resultado: una ofensiva total por parte de los dirigentes de la liga que recoge el documental con el objetivo de desprestigiar el trabajo, las investigaciones y la propia figura del neurólogo, al que llegaron incluso a acusar de practicar técnicas relacionadas con el vudú para infravalorar sus conclusiones. Omalu había nacido en Nigeria, de ahí estos ataques.

Ann McKee se encargó de analizar, en el año 2008, el cerebro de Tom McHale, ex jugador de la NFL que murió por sobredosis a los 45 años. Sus conclusiones, demoledoras: parecía el cerebro de un boxeador de 72 años, concluyó. Padecía igualmente CTE como consecuencia de las continuas conmociones cerebrales provocadas por los golpes en su cabeza que sufrió durante su carrera profesional.

Casos iguales se recogen tanto en el documental como en el libro del mismo nombre que se puso a la venta el mismo día de la emisión del mismo. League of Denial  pone así en jaque a la NFL, alerta a los jugadores, con contratos multimillonarios y pone el énfasis en la parte de responsabilidad que recae sobre los millones de seguidores que tiene este deporte por todo el mundo y que disfrutan, a la par, tanto con un pase como con un derribo del quaterback.

El propio Obama, como decimos, arrojó algo más de sal a la herida al afirmar que es un tema de gran preocupación y que habría que supervisar todo el entramado normativo relativo a las reglas de este deporte para garantizar la seguridad y la salud de los jugadores, restando violencia a los impactos que sufren, aunque ello reste emoción al discurrir del encuentro tal y como hoy se conoce: “Muy probablemente conseguiríamos garantizar la salud de los jugadores y, de paso, reducir el peso que sobre nuestras conciencias recae como aficionados a este deporte”, señaló, al tiempo que dudaba de, en el caso de que hubiera tenido algún hijo, si le habría dado autorización para practicar el football.

Tras la emisión del documental, rápidamente las redes sociales se colapsaron con críticas a la NFL y a todo su sistema, argumentando la búsqueda del negocio por el negocio, sin preocuparse por la salud de los jugadores. Sin embargo, fue curioso observar como estas críticas procedían de aficionados que se sientan delante del televisor o acuden al estadio cada encuentro y que jalean los violentos choques que se producen durante el mismo. Y no menos curioso fue comprobar como ningún responsable de la NFL, ningún jugador ni tan siquiera ex jugadores que no estuvieran comprometidos con la causa, se ‘atrevieron’ a opinar sobre el documental, lo que da una muestra del enorme poder e influencia de la liga sobre todos sus actores, activos o retirados.

Tan sólo un escueto comunicado por parte de Jeff Miller, vicepresidente senior de Salud y Seguridad de la NFL, se logró obtener tras la emisión del documental, defendiendo que la liga lleva años, más de dos décadas, siendo líder en abordar el tema de las lesiones cerebrales, con fuertes inversiones en la investigación y cambios en las reglas además de lanzamientos de programas como el de este año, “Heads Up Football”, un programa dirigido a los practicantes más jóvenes de este deporte.

Una prueba más del enorme daño que este documental y la CTE puede hacer a la liga es lo acontecido hace tan sólo unos meses y de lo que ya dimos cuenta en MD: el acuerdo alcanzado por la liga con más de 4.000 ex jugadores profesionales para que, a cambio de 765 millones de dólares, retiraran la demanda que contra la liga habían interpuesto en los tribunales relativa a este tema, acusando a la NFL de no informarles sobre los riesgos que la práctica de este deporte podría ocasionarles en su salud, un hecho en el que muchos vieron un triunfo para los demandantes pero donde más de uno vio un nuevo intento de la liga de tratar de echar tierra encima del problema para evitar que el mismo se convirtiera en el escándalo que amenaza de muerte a la NFL.

Mientras tanto, League of Denial amenaza con provocar un seismo de proporciones inimaginables para este deporte. Hasta hace tan sólo un año, McKee había analizado 34 de los 61 cerebros de jugadores de la NFL que están almacenados en Boston. 33 de ellos dieron positivo de CTE. La pregunta acerca de cuántos jugadores de la actualidad tendrán la enfermedad hoy día aún sin saberlo sólo podrá encontrar respuesta una vez fallezcan y se analice su cerebro. Al respecto, Ann McKee es clara: “No creo que todos, pero un porcentaje increíblemente alto es seguro que sí”.

La NFL, además de un deporte, es un negocio que mueve 9.500 millones de dólares al año, lo que le convierte en la competición deportiva que más ingresos genera en los Estados Unidos. Un negocio al que una enfermedad amenaza con su propia autodestrucción.