Más de 100.000 dólares por las zapatillas del Flu Game

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Lo anticipábamos a finales del pasado mes de septiembre. Las zapatillas que el mítico Michael Jordan utilizó en el no menos mítico encuentro que ha pasado a la historia con el nombre de “Flu Game”, salían a subasta tras la decisión tomada por su dueño hasta ahora, un recogepelotas de aquel encuentro, un “ball boy”, que consiguió que Jordan le regalara las zapatillas que utilizó en aquel partido y que, además, se las autografiara. 

La subasta comenzó el pasado 18 de noviembre y, aunque los especialistas en el tema no quisieron entonces augurar cifras, vaticinaban que la misma sería una de las que mayor valor conseguiría en todas las celebradas hasta entonces en este tipo de artículo deportivo.

Ayer jueves, después de casi un mes de subastas y recepcionado de ofertas, las mismas fueron adjudicadas a un comprador cuya identidad no ha sido dada a conocer y que se ha hecho con el preciado par por 104.765 dólares.

El recogepelotas, de nombre Preston Truman, afirmó que entabló amistad con de Jordan cuando los Bulls visitaban Salt Lake City al ser el único que fue capaz de conseguirle, en esas visitas, la comida preferida del jugador: puré de manzana. Como recompensa, obtuvo del crack de los de Chicago el par de zapatillas autografiadas que utilizó en un encuentro que jamás pensó poder disputar debido a la fiebre que padecía (de ahí el nombre del encuentro). Desde entonces, las mismas han estado a buen recaudo en una caja fuerte de seguridad de un banco de Utah durante más de 15 años, después de que su joven propietario rechazara, al zño del regalo, hasta 11.000 dólares por las mismas que le ofrecía un coleccionista.

El “Flu Game” ha pasado a la historia de la NBA como uno de los partidos más impresionantes que jamás se hayan jugado. El contesto, las Series Finales de la NBA. Temporada, 1996-1997. Michael Jordan lideraba a unos impresionantes Chicago Bulls hasta la Final de la NBA. En su camino, los Bulls habían eliminado a los Washington Bullets sin perder un solo encuentro. Previamente, habían dejado en la cuneta a los Atlanta Hawks y a los Miami Heat por un balance final de cuatro a uno. En frente, como rival de la gran serie final, los Utah Jazz, liderados por John Stockton y Karl Malone, que por primera vez accedían a la final de la NBA tras eliminar a Los Angeles Clippers en la primera ronda, ganar a Los Angeles Lakers posteriormente por 4–1 y eliminar a los Houston Rockets por un global de 4–2 en la final de Conferencia. Los Bulls esperaban.

En el quinto partido, con la Eliminatoria igualada 2-2 tras las victorias de los Bulls en los dos primeros encuentros, disputados en Utah, que le ponían con un 0-2 por delante en la serie y después de que los Jazz le devuelvieran el golpe en los dos siguientes encuentros disputados en Chicago, la eliminatoria se situó con un empate a 2 victorias. Y en el quinto partido sucedió lo que nadie podía esperar. Jordan, que en los cuatro primeros encuentros promediaba más de 20 puntos por partido, siendo el jugador clave junto con Pippen en los Bulls, se encuentraba enfermo. Lo que nadie en los Jazz había conseguido hasta el momento, ponerle freno, lo consigue el virus de la gripe. Una inoportuna fiebre lo tuvo al borde del KO durante todo el encuentro. El gran Jordan sucumbía ante las embestidas de la enfermedad: el resultado, más de 39º de temperatura, que dejaban a Jordan al borde de la extenuación. En los instantes finales del encuentro, Jordan no podía más. Tiempo muerto. Necesitaba volver al banquillo. Sus fuerzas flaqueaban sobre manera hasta el punto de que debía apoyarse en el gran Scottie Pippen para llegar hasta el banco. Jordan se recuperaba a duras penas. Acababa el encuentro. Los Bulls ganaban de dos el quinto encuentro, 90-88,  y asestaban un golpe mortal a los Jazz que, conocedores de la debilidad de Jordan motivada por la enfermedad, veían como no sólo eran incapaces de frenarles en su objetivo de llevar a los Bulls a la victoria sino que además asistían a una magistral lección de baloncesto que impartía, con 39º de fiebre, y que daba como resultado que acabara el partido con unas cifras extraordinarias: 38 puntos, 7 rebotes, 5 asistencias y 3 robos de balón. El MVP del partido.  Los Jazz acusarían el golpe hasta el extremo. En el sexto partido, aún bajo la conmoción que le supuso la pérdida del anterior encuentro con un Jordan renqueante, fueron incapaces de vencer a unos Bulls donde Jordan impartía otra grandísima clase de basket: 86-90; 4-2 en el cómputo global. Los Bulls se hacían con su quinto anillo en siete años. Jordan, como no podía ser de otra forma, se coronaba como MVP de la Final. Desde entonces el quinto partido de esa serie es conocido como el “Flu Game”: El “Partido de la Fiebre”.