Se generalizan las protestas contra la ConfeCup

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La enorme inversión que está llevando a cabo el gobierno de Brasil para poder poner en marcha de una manera viable la actual Copa Confederaciones, inversión que muchos han catalogado de despilfarro, es el motivo principal de las protestas que durante estos días están sacudiendo todo Brasil y que amenazan la estabilidad del gobierno de Dilma Rousseff, que por momentos se ve superado por las circunstancias.

Cuando hace tan sólo unos años, y casi de forma consecutiva, Brasil era elegida sede del próximo Campeonato del Mundo FIFA a celebrar en el año 2014 y de la próxima edición de los Juegos Olímpicos y Paralímpicos del año 2016, todo eran motivos de alegría y felicitación para un país que crecía a un ritmo impresionante económicamente hablando y que estaba llamado a convertirse en una de las nuevas economías emergentes a nivel mundial.

Ahora, apenas tres años después, con la disputa de la Copa Confederaciones, considerada como un ensayo general para el primero de los grandes eventos, el Mundial de 2014, pero extensible a la capacidad organizativa de Brasil para eventos de la talla de un Mundial o de unos Juegos Olímpicos, lo que nadie en el gobierno brasileño esperaba (o quizás sí) era la respuesta negativa de la población brasileña al que ha sido catalogado como un enorme despilfarro necesario realizar para la puesta en marcha de la Copa Confederaciones.

Así, se han estimado que unos 15.000 millones de dólares han sido necesarios para tener todo preparado para la celebración de esta ConfeCup 2013 y para tener listo todo para el Mundial 2014, una cantidad a todas luces desorbitada para una economía que cuyo crecimiento ha caído preocupantemente a una irrisoria (con respecto a la que había en otros años) tasa del 0,6% y cuya inflacción se ha disparado al 6,5% en un país donde el salario medio es de 350 dólares al mes.

Ello ha provocado que una indignada población se eche a la calle en multitudinarias manifestaciones que están poniendo en un aprieto al gobierno brasileño y que está sacando los colores a más de uno, tanto en el gobierno como en el comité organizador de estos actos así como en FIFA, ante las acusaciones de falta de sensibilidad a la hora de realizar gigantescas inversiones en un país que también se ve azotado por la crisis.

La gota que ha colmado el vaso ha sido el incremento en el precio del transporte urbano para financiar los gastos de estos eventos, algo que ha irritado a la población brasileña y que la ha sacado en masa a las calles como protesta por estos actos. Las manifestaciones reclaman el gasto desproporcionado
para organizar los eventos en un país con servicios públicos
deficientes, en especial salud, educación y transporte.
Lo paradójico del caso es que, lo que en su día fueron felicitaciones y acaparación de protagonismo como responsables de conseguir estos hitos, ahora son balones fuera a la hora de determinar a quién se le ocurrió la idea, en una sociedad tan castigada como la brasileña en materia de avances sociales por problemas económicos, de traer unos eventos que iban a propiciar tamañas inversiones. Así, mientras la mandataria brasileña Dilma Rousseff ha afirmado estos días que las voces de la calle deben ser escuchadas, en unas manifestaciones que, por la ambigüedad de las mismas, han sido interpretadas en la FIFA como un mensaje dirigido a la organización, en FIFA también quieren desprenderse de toda culpabilidad afirmando que a nadie debe olvidarse que los que solicitaron la organización del Mundial no fueron otros que las autoridades brasileñas: “Brasil nos pidió organizar el Mundial. Nosotros no le
impusimos el Mundial a Brasil”, dijo Blatter, en declaraciones citadas
en la página web del diario O Globo.
La CBF por su parte elude responsabilidades alegando que ellos se centran en lo deportivo y por su parte, la selección nacional, con el entrenador a la cabeza se pone del lado de los manifestantes. Todo un sin sentido que viene bien poner encima de la mesa para valorar la necesidad y oportunidad de la organización de unos eventos del tamaño de los citados. La próxima cita será el próximo 07 de septiembre en Buenos Aires, Argentina, donde se elegirá qué país será la sede de los Juegos Olímpicos del año 2020. Bien valdría lo que está ocurriendo en Brasil como elemento a valorar por parte de las candidaturas de Madrid, Estambul y Tokio.