Las horas más bajas de Lin dan la razón a los más escépticos con la Linsanity

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Sexto partido de la eliminatoria de los playoffs de la NBA que enfrenta a los Rockets con los Thunders. A pesar que los de Houston forzaron el sexto encuentro ante los Thunders, los actuales subcampeones de la NBA no tuvieron compasión en ese sexto choque y acabaron con la participación de los Rockets esta temporada en la NBA.

Pero con la eliminación no se ponía exclusviamente punto y final a la actuación de los Rockets en esta temporada en la NBA sino que se confirmaba lo que los más escépticos y agoreros vaticinaban para un fenómeno que contó, en su día, con tantos defensores como detractores y que, aún cuando el tiempo ha venido a dar la razón a esos críticos con el mismo (al menos por ahora), no debemos obviar que fue todo un fenomeno que sacudió la NBA y que aportó beneficios más allá de las fronteras del baloncesto norteamericano. Hablamos de la Linsanity.

El origen de la misma tenemos que encontrarlo hace ahora algo más de un año en las vertiginosas semanas que un jugador de origen asiático-americano como a él le gusta que le denominen, dotado
de una habilidad y unas cualidades innatas para el deporte de la
canasta, ‘regaló’ a los aficionados a la NBA (y a la propia NBA) construyendo una imagen y una marca, la Linsanity, cuyos efectos aún hoy, aunque en mucha menor medida, continúan expandiéndose.

El joven Lin poco podía pensar que acabaría siendo una auténtica
estrella de la NBA con apenas cinco partidos disputados cuando fue
cortado, antes de que los Nicks le dieran una oportunidad, por los
Warriors de Golden State y los Rockets de Houston (equipo al que finalmente volvió). Y mucho menos se podían esperar en su
propio club, los New York Nicks, que tuvieran en sus manos a la nueva
perla de la NBA. Pero sus actuaciones en apenas cinco partidos supusieron una auténtica revolución en el mundo de la canasta a nivel mundial.
Se presentó en sociedad en un partido ante los Nets en el que ya apuntó
algo de sus extraordinarias cualidades con 25 puntos y 7 asistencias en
la victoria de su equipo. Lo que muchos apuntaron como “la suerte del
novato”, tuvo continuidad en los siguientes partidos en los que ha promedió  más de 20 puntos por partido y más de 10 asistencias. A partir de ahí, los acontecimientos se precipitaron.

La historia de Jeremy Lin, un joven que dormía en el sofá de su casa soñando con grandes éxitos y triunfos en la NBA se convertía en realidad y ayudado, por qué no decirlo, por los medios de comunicación y por la propia NBA, deseosa de tener una nueva referencia en el mundo del marketing a nivel mundial, pronto se convirtió en una de las figuras más rentables dentro de la liga de baloncesto más importante del mundo. El movimiento fue tal que las empresas y marcas comerciales más importantes de los Estados Unidos (y de fuera de ellos) comenzaron a pelearse entre ellas para contar con un jugador de apenas 23 años, con apenas experiencia en la NBA, y con el rechazo de dos equipos como los Warriors y los propios Rockets como carta de presentación.

Sin embargo, todo eso no fue obstáculo que impidiera detener el tsunami de la Linsanity. Los aficionados en la cuenta oficial del jugador en Twitter se multiplicaron exponencialmente; los ingresos por publicidad superaban con creces los emolumentos que recibía en los Knicks; las empresas comenzaron a llamar al equipo de Nueva York para exponer su publicidad en la cancha “donde jugaba el fenómeno Lin”, lo que permitió obtener pingües beneficios a los de Nueva York y la propia NBA vio en él el medio vehicular para reabrir puentes y canales en Asia, tan mermados tras la retirada de Yao Ming.

Y si en América el fenómeno Lin era digno de estudio, en Asia rozaba la locura. Los aficionados asiáticos, huérfanos de ídolos en un deporte tan seguido como la NBA tras la retirada de Yao Ming, vieron en Lin al nuevo Mesías. Las compañías luchaban por unir su imagen a la de Lin; adidas hacía ediciones especiales de la camiseta del jugador sólamente para ese continente; la industria del automóvil confiaba remontar gracias a la asociación de las principales marcas del sector a la figura de Lin, y el deporte del baloncesto volvió a resurgir con cientos de adolescentes queriendo convertirse en el nuevo Jeremy Lin.

De vuelta a América, a pesar de la lesión que mantuvo alejado de los terrenos de juego a Lin, la luz de la Linsanity, lejos de abandonarlo, se alimentaba aún más. El jugador optó por volver al equipo que le rechazara en su día por considerarlo un jugador de lo más normalito, los Rockets, ante la imposibilidad económica de los Knicks de hacer frente a la oferta de más de 20 millones de dólares que los de Houston le pusieron al agente libre Lin encima de la mesa para su retorno. La inversión rápidamente comenzó a amortizarse en forma de nuevos sponsors, muchos de ellos compañías asiáticas, que llamaban a la puerta de los Rockets para unirse a la franquicia. Pocos datos auspiciaban una caída en la fama de la Linsanity. 

Pero el movimiento más crítico con el fenómeno Lin esperaba, pacientemente, el devenir de la nueva temporada en la NBA para saber si realmente estabamos ante un movimiento tan importante en la NBA como el que en su día impuso la Jordan manía, tal y como muchos auguraban, o bien no era más que, como ellos temían, un bluff que acabaría desapareciendo como el gas en las botellas de champán.

Y el tiempo ha venido a darle la razón. La temporada comenzó y Jeremy Lin confirmó lo que muchos creían que pasaría: es un buen jugador, con sus momentos de luces y sus muchos otros momentos de sombras que, a sus apenas 24 años, tiene todo aún por demostrar para sacar de dentro de sí, de una manera mucho más continua, todo el baloncesto que parece acoger en su interior. Esto rápidamente propició que se trasladara a la Linsanity pero de una manera mucho más negativa. Los Rockets ya hace tiempo que no reciben ofertas de compañías deseosas de incorporarse a la franquicia para poder vincular su imagen a la del jugador; los fans hace tiempo que no lucen orgullosos sus camisetas con la Linsanity y sólo en Asia, su marca sigue contando con el resplandor del principio, más propiciada por la falta de referentes de otros cracks asiáticos en la NBA que por el propio fenómeno que supuso en su día la Linsanity.

Los más críticos se regocijan ahora de sus predicciones y cuentan, a todo aquel que quiere verlo, que la Linsanity fue un enorme movimiento de marketing, postulado y mantenido por muchos y diversos sectores, interesados en la aparición de algo así, que acabó incluso por fagocitar al jugador que le dio nombre, incapaz de mantener viva la llama de un fenómeno que exigía mucho más que un moderno sueño de ‘cenicienta’ en la NBA.

Los defensores hoy callan y aguantan las críticas quizás asintiendo, por primera vez, que los postulados en los que los opositores al movimiento basaban sus críticas tenían mucho de realidad y esperanzados, por qué no, en que cual ave fenix la Linsanity vuelva a resurgir con más fuerza que nunca. Pero para ello, será necesario que la misma se alimente de actuaciones tan memorables por parte del jugador como las que dieron origen al movimiento.