Las dos caras del anuncio de Brittney Griner como homosexual

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Hace apenas unas semanas lo anunciábamos en MD: tan sólo unos días después de que se filtraran a la prensa rumores de que Nike tenía como objetivo conseguir el o la primera deportista gay de un deporte profesional, Brittney Griner, elegida en el número uno del draft de la WNBA  por los Phoenix Mercury, ‘salía del armario’ y oficialmente se convertía en la primera deportista dentro de un gran deporte en los Estados Unidos que se declaraba abiertamente homosexual. Después llegó el caso de Jason Collins, pero esa es otra historia.

La declaración no estuvo exenta de polémica ya desde el principio. Muchos incluso se cuestionan si Griner habría realizado su declaración de no existir de por medio esa intención de Nike de hacerse con sus servicios, auspiciando una prometedora carrera al menos desde el punto de vista del marketing que, qué duda cabe, va a generar unos rentables beneficios tanto para la marca norteamericana como para la propia jugadora. Pero, ¿a cambio de qué?

Las enormes expectativas que desde el punto de vista del marketing y de los negocios se tenían para este anuncio se han visto superadas con creces por la realidad. Así, es dificil cuantificar el influjo que este anuncio ha tenido para la nueva dimensión comercial de la figura de la jugadora, pero es indudable al mismo tiempo que su potencial alcance se ha multiplicado de manera exponencial. Baste un ejemplo: la propia WNBA ha convertido a la jugadora, una rookie de primer año que ni tan siquiera ha debutado aún en la liga, en la imagen de una de las más importantes campañas promocionales de la liga para esta temporada. No contento con ello, ha dado permiso a los Phoenix Mercury para emprender importantes campañas publicitarias junto con la jugadora a la vez que importantes y numerosas marcas comerciales se aglutinan en la puerta de su representante deseosas de unir su imagen a la de la primera jugadora profesional que abiertamente se declara  homosexual en una de las ligas importantes de los Estados Unidos. Paralelamente, la firma Nike, impulsora quizás de todo este movimiento, se apresuró a firmar a la jugadora y ya prepara importantes campañas de promoción y comercialización al lado de la imagen de Griner. En definitiva, todo un éxito. Pero, repito, ¿a cambio de qué?

Su ‘salida del armario’ al olor de la llamada del dinero (presumiblemente) ha tenido una contraprestación, importante por lo que vamos viendo en los últimos días en declaraciones de la propia Griner, que quizás no fueron valoradas por la jugadora en su día. En una sociedad tan puritana y conservadora como la norteamericana, era de esperar que las reacciones en contra del anuncio de la jugadora fueran tan numerosas si cabe como las expectativas de negocios que se abrían ante sus ojos. Así, la propia Griner ya ha manifestado públicamente sus quejas por las enormes críticas recibidas por su anuncio. Así, ha denunciado en una carta abierta al The New York Times que, tras su anuncio, ha sufrido insultos directos y personales y que la gente le dice “cosas horribles por internet”. Además, ha denunciado haber recibido insultos raciales y homófobos que teme se extiendan durante los encuentros.

Para muchos, un duro peaje que la jugadora deberá pagar para poder subirse al importante flujo económico que parece llevar inherente su declaración desde el punto de vista del marketing y de los negocios. Para otros, una prueba más de lo inmadura y conservadora que aún es una importante parte de la sociedad norteamericana.