La renovación de CR7, un acuerdo con muchas tramas escondidas

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Inicios de la temporada 2012/2013 en el fútbol español. El titubeante arranque del Real Madrid tiene preocupados a los aficionados madridistas que reciben un nuevo motivo de alarma por parte de su jugador franquicia Cristiano Ronaldo, que declara a todo aquel que quiera escucharle su ya conocida frase “Estoy triste“.

Hoy, casi un año después y con una renovación multimillonaria bajo el brazo que asegura del futuro del jugador en el club madridista, el portugués ha declarado sentirse “Extremadamente feliz“.

¿Qué ha sucedido en estos doce meses para cambiar el estado de ánimo del jugador portugués de una manera tan radical? Evidentemente, los 17 millones de euros que el crack luso se va a asegurar percibir anualmente hasta el año 2018 seguro que han sido una importante cuestión de peso en ese cambio de ánimo. Pero, ¿qué ha sucedido realmente en estos doce meses?

Desde su conocida frase manifestando su tristeza, el representante del jugador portugués, Jorge Mendes, se puso manos a la obra para tratar de acabar, en conveniencia con Florentino Pérez, presidente del Real Madrid, con esa tristeza que inundaba a la máxima estrella del conjunto blanco. Sin embargo, en todo este proceso, ha habido muchas aristas que han provocado que el crack madridista sea, ahora sí, extremadamente feliz en el Real Madrid.

Cristiano Ronaldo llega al conjunto presidido por Florentino Pérez en el año 2009 convirtiéndose desde ese momento en el fichaje más caro de toda la historia del Real Madrid: 94 millones de euros que el club blanco tuvo que abonar al conjunto de procedencia del luso, el Manchester United. La operación, que para muchos fue desorbitada por la cuantía, estaba minuciosamente pensada por el departamento financiero del conjunto madridista hasta el último detalle. El club blanco se reservaba el 60% de los derechos de imagen del jugador (aunque su idea inicial era hacerse con el 100%). O hablando en plata, todo lo que el jugador ingresara por contratos comerciales con las marcas que quisieran unir su imagen a la del luso debería “compartirlo” con el Real Madrid. Este punto no fue del todo del agrado del jugador y la firma encargada de negociar el contrato, Gestifuse, propiedad de Jorge Mendes, que, sin embargo, se guardó varias cláusulas y condiciones que si bien en aquel momento algunas de ellas no tenía un beneficio directo para el jugador ahora, en la renovación, sí que han cogido un importante valor.

Así, Mendes fue capaz de conseguir del Real Madrid, sobre todo, dos cláusulas básicas. La primera, que esa proporción 60%-40% en la gestión de los derechos de imagen del crack portugués se hiciera efectiva para los contratos que el jugador firmara como futbolista del Real Madrid. Es decir, todos los contratos que el luso hubiera podido firmar con anterioridad a su incorporación al Real Madrid en el año 2009 estaban fuera del alcance de esa distribución, con lo que lo que percibiera por ellos irían íntegros a las cuentas bancarias de CR7. La segunda condición, que quizás ahora el Real Madrid se pregunte si no debiera haberla meditado más, es que, para compensar esa cesión de los derechos del jugador al club blanco, Gestifuse introduce una cláusula especial en el contrato
por la cual, y para compensar como decimos esa pérdida de ingresos que tendrá el
jugador por derechos de imagen, la compañía se asegura un altísimo
porcentaje en concepto de comisión ante cualquier renovación del crack portugués con el Real Madrid.

Inicialmente, durante los primeros años, todos estaban contentos. El club blanco, porque con esa distribución de los derechos comerciales 60%-40%, poco menos que había logrado amortizar el desembolso realizado por el luso en apenas dos años. El portugués, porque la mayor parte de los ingresos comerciales pertenecían a contratos firmados con anterioridad a su fichaje por el Real Madrid, con lo que quedaban a salvo de la temida cláusula. Sin embargo, según avanza el tiempo, ni club ni jugador están conformes con estas condiciones iniciales. El club, porque ve como los intentos de CR7 de frenar posibles nuevos acuerdos comerciales limita, y mucho, los ingresos que percibe el conjunto blanco por este concepto. El jugador porque se ve atado de pies y manos para firmar nuevos contratos o renovar los existentes ante la consabida existencia de dicha cláusula que supondría poner en manos del Madrid un importante pellizco de sus emolumentos. Todo ello provoca que, a comienzos de la temporada pasada, el portugués esté “triste”, una tristeza de la que sabía y mucho el Real Madrid y que el jugador utilizó para conseguir una mejora en el contrato que tenía con el cuadro blanco, mejora que iba encaminada no tanto a subir considerablemente sus retribuciones, que también, sino a asegurarse una mejor distribución de la proporción a ceder al conjunto madridista sus derechos de imagen.

Y con este escenario llegamos al día de ayer, donde tiene lugar el acto de presentación oficial de la renovación de Cristiano Ronaldo por el club blanco hasta el año 2018 a razón de 17 millones de euros anuales, cinco millones más de los que cobraba hasta entonces y una cifra sensiblemente superior a la que el Real Madrid quería ofrecerle, nuevo contrato que ya está en vigor desde el pasado mes de julio aunque hasta ahora no se haya hecho oficial. Pero, ¿han sido entonces esos 17 millones de euros los que han aliviado la tristeza de Cristiano Ronaldo? Sí y no. O mejor dicho, no sólo esos.

Con el nuevo contrato, el Real Madrid ha tenido que transigir a una de las exigencias del jugador en todo este proceso: recuperar una parte de la gestión de sus propios derechos de imagen, recordemos, en proporción 60%-40% a favor del Real Madrid. Y, apresurado por las circunstancias, el Real Madrid ha cedido de su posición inicial, que era no variar el porcentaje, y ha cedido una parte de dichos derechos hasta situarlos en una proporción que se acerca mucho al 50%-50%, unas décimas que en un jugador como el luso, capaz de generar más de 40 millones de euros anuales en concepto de derechos de imagen, se traduce en varios millones de euros, un pellizco que sumar a esos 17 millones de euros que recibirá a partir de ahora el portugués. Pero hay algo más: Gestifuse ha hecho uso de la cláusula que introdujo en el contrato inicial de CR7 con el Real Madrid de la que os hablábamos antes y el cuadro madridista ha tenido que pagar una alta comisión en la renovación del portugués a la compañía, comisión que indirectamente acabaría en los bolsillos de Cristiano y que Gestifuse sólo se ha avenido a disminuir ligeramente en la misma proporción en la que el Real Madrid ha aceptado una mejora de la proporción en el reparto de los derechos de imagen.

Hasta aquí la jugada redonda de CR7 y Jorge Mendes con la renovación del luso, en unas negociaciones en las que pareciera que la única parte que ha cedido en ellas ha sido el cuadro blanco, pero veremos que realmente no es así. El Real Madrid, por la situación deportiva y social vivida en los últimos meses, se ha visto imperiosamente necesitado de anunciar la renovación del crack luso. Muy probablemente la presidencia de Florentino no hubiera soportado una reelección con la noticia de no poder renovar al jugador, lo cual ha motivado que aparentemente el Real Madrid haya cedido a ciertas pretensiones lusas. Pero, ¿qué gana el Real Madrid?

La estrategia de Florentino estaba clara. El contrato con el jugador antes de la renovación finalizaba dentro de dos años, en 2015, donde el portugués podría irse, con 30 años, al calor de los petrodólares que le ofrecían desde el PSG o regresar incluso al Manchester United. Y lo peor de todo, el cuadro blanco no vería ni un sólo euro en esa operación, algo que el presidente blanco no estaba dispuesto a consentir. Con la ampliación, el Real Madrid se asegura la permanencia del luso en el conjunto madridista hasta el año 2018, cuando acabará con 33 años su ligazón al Real Madrid. Sin embargo, ¿son esas las verdaderas intenciones? No son pocos los que creen que Ronaldo, con el tiempo, un jugador que basa mucho de su juego en sus enormes cualidades físicas, según vaya entrando en años el rendimiento físico motivará un notable deterioro en sus prestaciones y creen que 30 años es la edad ideal para que se pueda obtener aún por el jugador un importante retorno económico con su venta. Pero no sólo está este motivo para argumentar una posible salida de CR7 dentro de dos años. En el Real Madrid tienen muy presente que, precisamente, en el año 2015, queda derogada la conocida Ley Beckham, que permite para los contratos firmados antes de 2010 una cotización  del 23% y no del 45%, por lo que el coste del jugador en ese momento para las arcas blancas pasará de los 20 millones de euros que supone ahora con el nuevo contrato a los casi 30 millones de euros, una cifra que muchos consideran desorbitada para un jugador de 30 años aunque todo estaría en virtud del rendimiento del jugador llegados a ese momento.

Por lo tanto, todos ganan y nadie pierde en este tira y afloja que han tenido jugador y club. El luso recupera parte de sus derechos de imagen además de un incremento en su ficha, lo que unido al importante pellizco de la comisión por renovación, han hecho que el jugador se sienta “extremadamente feliz”, una felicidad que comparte el club blanco porque se asegura al jugador hasta el 2018 y, sobre todo, porque se garantiza un mayor margen de maniobrabilidad de aquí al 2015 con el horizonte que se espera.