La Premier League, en manos extranjeras

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Uno de los mayores valores del deporte británico, la Premier League, está bajo seria amenaza de perder sus señas de identidad  toda vez que más del 50% de los clubes en la actualidad está en manos de propietarios extranjeros.

Desde que en el año 2003 el magnate ruso Roman Abramovich, con apenas 36 años, pusiera encima de la mesa 200 millones de euros para hacerse con un agonizante Chelsea, la tendencia dentro del fútbol británico ha sido convertirse en un importante reclamo para los inversores extranjeros que han visto en el fútbol de las islas el producto ideal donde invertir sus multimillonarias fortunas. Y así hasta llegar a la actualidad donde hasta 11 clubes de los 20 que conforman la liga inglesa tienen como dueño a un empresario extranjero, lo que convierte a la competición británica en la que mayor ratio presenta en este aspecto de entre las cinco grandes ligas de Europa.

Se da la circunstancia de que tan sólo seis equipos de la Premier tienen capital 100% inglés. Este hecho es explicable si tenemos en cuenta que Gales es considerado territorio extranjero y tanto el Norwich, West Ham y Swanse tienen inversores galeses. En el caso de West Ham y Swanse, además, sudafricanos e islandeses aunque con una participación casi testimonial.

Sin embargo, no sólo la Premier League se ha convertido en un apetecible caramelo para los grupos inversores extranjeros. La segunda británica, la Football League Championship, también es un importante reclamo para atraer a inversores extranjeros. Así, hasta el 58% de los equipos está en manos de capital extranjero: multimillonarios asiáticos (Hong Kong, India, Malasia o Tailandia) que invierten grandes sumas de dinero en esos equipos con la esperanza de verlos algún día en la Premier League, con todo el volumen de negocio que ello generaría.

Esta moda no es exclusiva del fútbol británico. Este deporte se ha convertido en un refugio para las grandes fortunas que anhelan conquistar una parte importante del pastel económico que lleva asociado el deporte del balompie, y con el que esperan sacar la mayor tajada posible a la inversión a realizar.  La llamada de los petrodólares es un reclamo muy difícil de evitar para los clubes europeos, grandes y menos grandes, que suelen sucumbir a estos cantos de sirena. Quizás, quién sabe, en un futuro no muy lejano, la mayoría de los clubes pertenezcan a pocos y grandes grupos de inversión que anhelan hacer negocio con este deporte.