La NFL toca fondo en su “semana maldita”

0
  • La sucesión de escándalos ha puesto en el punto de mira al alto comisionado de la liga, Roger Godweel, ante la mala gestión con la que ha encarado los mismos
  • El video de la agresión de Ray Rice a su entonces novia; los azotes de Adrian Peterson a su hijo o los estudios que determinan que un alto porcentaje de jugadores acabará teniendo alzheimer han dejado muy tocada la imagen de la NFL

Probablemente la pasada haya sido una semana dura para el alto comisionado de una competición como la NFL, Roger Godwell, que ha recibido multitud de críticas por la gestión de los últimos y notorios escándalos acaecidos con la liga afectada, de una u otra manera, por los mismos.

Pero sobretodo, la anterior ha sido una semana dura para la imagen de la propia competición. En un país donde las grandes ligas como la NBA, la NHL, la MLB, la MLS o incluso la NFL se afanan y dan muestras continuas de protección a su producto, los hechos acontecidos hace tan sólo unos días han sido un duro golpe a la imagen de una competición donde su máximo responsable, Roger Godwell, quizás no ha sabido estar a la altura de la magnitud de los problemas, lo que ha dejado expuesto su producto a las embestidas que desde diferentes sectores se han encargado de realizar.

El video, los azotes y una mala gestión

La semana no comenzó bien en la NFL. El portal TMZ difundía el video en el que el jugador de los Ravens, Ray Rice, golpeaba a su entonces prometida en un ascensor. Las escenas no eran actuales. Se produjeron el pasado mes de febrero pero no ha sido hasta ahora cuando no han salido a la luz. En un intento de proteger el producto, los Ravens fueron inflexibles y suspendieron al jugador de inmediato, hecho que ya había llevado a cabo, por si acaso, el propio Goodell. Pero los hechos no quedaron ahí. Un par de días después comenzó a propagarse el rumor que la propia NFL disponía del video desde hacía ya varios meses pero que no había tomado cartas en el asunto hasta ahora que había salido a la luz pública, dando a entender que desde la liga se apostó inicialmente por ocultar el episodio de violencia de uno de sus jugadores. Fuera cierto o no, lo que es indiscutible es que el rumor comenzó a hacer mella en la imagen de Goodell, pero sobretodo, de la competición.

Pero por si no fuera poco, el viernes la NFL volvía a verse de manera indirecta salpicada por otro escándalo: Adrian Peterson, de los Vigins, fue acusado de golpear y azotar a su hijo con una vara. Otra vez Goodell tardó en reaccionar. No fueron más que unas horas (hasta el sábado no se pronunció) pero las suficientes como para transmitir que se estaba preparando y negociando la estrategia a seguir en este nuevo escándalo. Los Vikings se adelantaron a Goodell e informaron que el jugador no disputaría el encuentro de ayer domingo.

Ese mismo viernes, por si Goodell y la NFL no habían tenido suficiente, comenzaron a aparecer nuevamente datos que hablaban de la desmedida violencia de este deporte. Así, un estudio mostraba que hasta tres de cada diez ex jugadores acaban con lesiones que degeneran en alzheimer, rescatando con ello una de las grandes polémicas que ha estado persiguiendo a la imagen de la NFL en los últimos años: la de los daños cerebrales.

¿Apoyo o interés?

Goodell se sentía aprisionado. Con críticas procedentes de todos los sectores de la sociedad norteamericana, su situación acabó transformándose en un importante deterioro de imagen como responsable de la NFL que amenazaba con extenderse a la propia competición. Sin embargo, los propietarios de las franquicias trataron entonces de romper una lanza a favor de Goodell, una lanza que construyeron desde un prisma quizás, equivocado: el del rendimiento económico de su gestión.

Así, fueron varias las franquicias las que defendieron la gestión de Goodell al cargo de la NFL, afirmando que eran verdaderamente afortunados por tenerlo como alto comisionado de la liga, como una persona que siempre ha mirado por la defensa de los intereses del football, obteniendo importantísimos acuerdos comerciales para la liga, como contratos récords de televisión, un valor en las franquicias de más de 1000 millones de dólares, contratos colectivos no traumáticos con los equipos y jugadores… En definitva, una gestión muy positiva desde el punto de vista del dinero. Y ahí está el problema para muchos expertos.

El reconocer la importancia de Goodell por el mero éxito comercial de su gestión conlleva un grave riesgo para él: si los últimos escándalos continuan y la presión comienza a ser irrespirable en todos los sectores que rodean a la NFL, los primeros en plantearse su relación serán los patrocinadores. Y ese es el verdadero Talón de Aquiles del apoyo de las franquicias a Goodell: un abandono paulatino de los sponsors provocaría que ese hasta ahora presumible apoyo sin fisuras de las franquicias comenzara a presentar vías de agua que acabarían con Goodell fuera.

Por ahora, Goodell está bien cubierto. El encuentro del pasado jueves entre Ravens y los Steelers atrajo a más de 20 millones de espectadores, un espectacular reclamo para los patrocinadores que a buen seguro y pese a los escándalos (a menos que éstos lleguen a un nivel insoportable) seguirán prestando el apoyo necesario y que propiciará que las franquicias continuen dando su apoyo a Goodwell… al menos por ahora.