La NFL se opone al cambio de nombre de los Redskins

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La enorme disyuntiva en la que se encuentran los propietarios de los Redskins acerca de su polémico nombre ha sido radicalmente cerrada por parte de la propia NFL, que ha argumentado que el cambio de nombre de la franquicia de Washington, en caso de acometerse, será un proceso largo, duro y costoso en el que tienen voz y voto no sólamente los dueños de la franquicia, sino una pluralidad de agentes que hacen que, en virtud de la defensa de sus intereses económicos, el cambio de denominación se antoje harto complicado.

La historia de los Redskins de la NFL es una de las más consolidadas dentro de la liga, lo que vendría a ser una de las franquicias históricas por excelencia dentro del football profesional norteamericano. Sus orígenes se remontan a la ciudad de Boston en el año 1932, donde se crea el equipo Boston Braves de football americano que jugaban sus encuentros en el Brave Field, recinto sede de los Boston Braves de baseball. La franquicia trató de trasladarse a Nueva York, pero las exigentes normas de la liga impidieron el traslado. Lo que sí hicieron, tan sólo un año después, fue trasladarse al Fenway Park, el mítico estadio de los Boston Red Sox de baseball, momento en el que adoptan por primera vez el nombre de Redskins. No será hasta el año 1937 cuando la franquicia se traslade a su sede actual, Washington.

Sin embargo, el apelativo de redskins no ha estado exento de polémica nunca. Ya desde sus orígenes, las críticas de los movimientos más defensores de los derechos de los nativos norteamericanos que lo consideraban ofensivos para los mismos fueron el día a día de la franquicia. Sin embargo, no ha sido hasta ahora cuando, la influencia de los medios de comunicación y el recientemente auge de las redes sociales, han elevado el volumen de críticas hasta niveles que se antojan para los actuales dueños como insoportables. Y a pesar que desde la franquicia siempre se han querido alejar de cualquier tipo de polémica, argumentando una y otra vez que no está en su ánimo el ofender a nadie con la utilización de dicho nombre, la situación se ha vuelto bastante complicada.

Debido a ello, Daniel Snyder, dueño de los Redskins, planteó la posibilidad de llevar a cabo un proceso que culminara con un cambio total en cuanto a las señas de identidad de la franquicia de Washington, que abarcara desde símbolos tan icónicos como su logotipo hasta el propio nombre.

Sin embargo, ha faltado tiempo para que, al respecto de dichas noticias y rumores, haya salido a la palestra la NFL para afirmar que esa decisión es un acto que no incumbe de manera unilateral a la propia franquicia, sino que hay muchos más actores que son parte interesada en el proceso y que, evidentemente, tienen mucho que decir al respecto.

En este sentido, no debemos olvidar las particulares normas de organización de la NFL. Cada franquicia tiene la suficiente independencia como para poder tomar una serie de decisiones de manera unilateral. Pero en el caso de alteración o cambio en la denominación de la misma, el resto de 31 franquicias, reunidas bajo el paraguas de la NFL, tienen tanto o más que decir que la propia franquicia afectada, puesto que el compendio y conglomerado de intereses comerciales y económicos que cada franquicia repercute a la organización hace que, cualquier decisión, pudiera afectar a la protección de dichos intereses.

La NFL considera que las marcas comerciales y patrocinadores de los Redskins han llevado a cabo una determinada inversión, parte de la cual repercute directamente en las arcas de la NFL como organización y por lo tanto, en el resto de 31 franquicias, lo que motivaría que estas casas y marcas comerciales tuvieran bastante que decir en la adopción de una decisión que puede afectar muy seriamente a la consolidada posición de la marca que la franquicia tiene en la actualidad.

No es una situación de difícil comprensión. La marca ‘Redskins’ es una de las más consolidadas dentro de la NFL y es más que evidente que cambiar de denominación supondría una pérdida de cuota de mercado y posición en el mismo más que evidente hasta que la nueva denominación pudiera alcanzar los niveles de asentamiento de la actual, lo que evidentemente repercutiría de manera muy negativa en los ingresos comerciales que se obtenien actualmente en base a la actual marca.

La NFL es el deporte más popular dentro de los Estados Unidos, con unas cifras que superan los 9.000 millones de dólares anuales en concepto de ingresos. La revista Forbes sitúa a los Redskins como la tercera franquicia con mayor valoración de la NFL, 1.600 millones de dólares, con unos ingresos anuales estimados de más de 375 millones de dólares. Daniel Snyder, actual propietario, se hizo con la franquicia en el año 1999 por unos 800 millones de dólares.

En base a todo lo expuesto, se hace más que comprensible la decisión de la NFL de mirar con cierto recelo los movimientos que en este sentido está tratando de poner en marcha Snyder para tratar de calmar las numerosas críticas que recibe la franquicia por su nombre y que, a la larga, puede afectar de manera negativa a la imagen de marca de la misma. Toda una encrucijada que alberga una difícil solución: ¿salvaguardar la potencia de la marca actualmente para comprometer su futuro o abordar una auténtica revolución que garantice, quizás, la supervivencia de la marca en los años venideros al evitar que se incremente un movimiento contrario a la misma cada vez mayor? Esta, en resumen, es la cuestión que Snyder y la NFL deberán dirimir más pronto que tarde.