La mayor amenaza de la FIA está de vuelta: Briatore propone una competición alternativa a la Fórmula 1

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Cuando en el año 2009 la FIA sancionó a Flavio Briatore de por vida por el conocido asunto del accidente voluntario en el Gran Premio de Singapur de aquella temporada, nadie pensó que la guerra entre Briatore y la FIA estaba resuelta a favor del británico. Es más, todo el mundo en la FIA era consciente de que el italiano, calculador donde los haya, no cesaría en su intento por devolverle el golpe a los dirigentes de la organización. Pero no sería inmediato. Sería una venganza pensada y meditada, como en las mejores historias, cuando la víctima estuviera confiada.
El primer paso que hizo desconfiar a la propia FIA fue la decisión de la justicia ordinaria francesa de reducir la sanción impuesta por ese organismo hasta los cinco años ‘sólamente’, amparándose en supuestos errores de proceso interno de la propia FIA. Esta decisión supuso un estímulo para el alicaído hasta entonces Briatore, que puso en marcha toda su inteligencia para maquinar el golpe maestro. Aquel que le devolvería a la cúspide de la Fórmula Uno.

Mientras, los temores de ésta comenzaban a incrementarse, si bien, el reglamento de la FIA era lo suficientemente exigente como para establecer que el personal de los equipos debería solicitar una licencia para ser parte de los mismos, lo cual suponía un importante escudo para la propia FIA, que ni en aquel momento ni en la actualidad veía razón alguna para conceder ese permiso al italiano.

Pero la maquinaria de la venganza estaba ya lo suficientemente engrasada como para detenerla. Y, en el fondo, hasta la propia FIA debía ser consciente de que este momento iba a llegar. Y ya se ha dado el primer paso en ese sentido. Y es que un verdadero terremoto se ha desatado en el cuartel general de la FIA al conocer la noticia de que Briatore estaría trabajando en el desarrollo de un reglamento técnico deportivo para una competición alternativa a la Fórmula 1, bautizada con el nombre de GP1 Series, que vendría a sustituir a la actual F1, asestando el golpe más duro que jamás pudiera esperarse la FIA, y que heriría de muerte a la FIA, organismo rector, y a la FOM, propietaria de los derechos comerciales.

Y la noticia sale a la luz justo en el momento más crítico de las negociaciones entre las diferentes escuderías y la FIA y el FOM sobre las condiciones del Nuevo Pacto de la Concordia para los próximos cinco años, unas posiciones que unas veces están cercanas y otras lo más alejadas posibles. Y Briatore, zorro viejo en estas lides, se ha ido a buscar la alianza de las grandes escuderías, sabedoras de que éstas podrían utilizar este reglamento alternativo como una forma de presión hacia la FIA para que se rinda a sus exigencias.

La cuestión ahora está en si la proposición de Briatore hay que tomarla lo suficientemente en serio como para entender que supone un serio peligro para la supervivencia del entramado organizado por la FIA, o si bien hay que considerarla como un mero brindis al sol respaldado por las escuderías como medio de presión contra el británico. Sea como fuere, lo cierto es que, por primera vez, la FIA ve la venganza de Briatore como una amenaza real para sus intereses: si obtiene el respaldo de las grandes escuderías, la F1 tal y como la entendemos hoy día dejará de existir para dar paso al proyecto GP1 Series del italiano. Si no consigue lo que persigue Briatore, al menos habrá sido más que suficiente para ser utilizada como argumento atacante por las escuderías para poner encima de la mesa a la propia FIA, lo que motivará que ésta tenga que ceder parte de su parcela de poder dentro de la Fórmula Uno. Sea como fuere, en uno u otro sentido, Briatore siempre gana.

La venganza es un plato que se sirve frío. Y Briatore lleva preparando la suya desde hace 3 años, suficiente para presentar un plato bastante indigesto para la FIA.