La Linsanity catapulta a la empresa Active Faith

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‘La fe mueve montañas’ es una expresión  muy conocida en todo el mundo. Sin embargo, quizás habría que sustituirla por esta otra “La Linsanity mueve montañas”. Conoce la rocambolesca historia de la compañía Active Faith.
La historia comienza en la temporada 2009-2010. Lanny Smith y Anthony Tolliver son dos jugadores de baloncesto de los Idaho Stampede de la  D-League de la NBA. Su relación durante la temporada fue creciendo de tal modo que el feeling que había entre ellos dentro de las canchas de juego se trasladaba fuera de ellas. Profundamente creyentes, asistían cada vez que su profesión les dejaba a misa.

Sin embargo, Smith vio truncada drásticamente su carrera esa misma temporada a causa de una lesión de rodilla que supuso el fin de su carrera profesional. Mientras se recuperaba en el hospital de la operación de rodilla a la que fue sometido, y aún en estado de sock por la noticia de que no podría jugar más al baloncesto, Smith comenzó a pensar qué iba a ser de él ahora que tenía que dejar el baloncesto cuando toda su vida, desde muy niño, había girado en torno a este deporte: era su medio y forma de vida. La situación era crítica en aquel momento: lo que más amaba, jugar al baloncesto, se había esfumado y en aquellos duros días sólo le quedaba la fe. Y aquí fue donde se le iluminó la luz de las brillantes ideas: comenzó a pensar en la manera de unir su pasión, el deporte, con sus profundas creencias, la religión. Acudió a su inseparable amigo Tollivery le expuso el proyecto y le ilusionó tanto, que ambos se pusieron rápidamente a captar inversores que financiaran la puesta en marcha del mismo.

Después de mucho buscar, Tollivery, que fuera de las canchas es conocido por ser un experto hombre de negocios, decidió que sería él el que aportaría el capital necesario para poner en marcha el proyecto pues veía que tendría futuro. Y comenzaron a diseñar productos: ropa deportiva, zapatillas, pulseras…todo..Acordaron con fábricas chinas su elaboración y producción y tenían toda la logística y operativa funcionando. Ahora sólo faltaba un empujón, “ayuda divina”. Y vaya si la obtuvieron.

En un encuentro del All Star Game de la D-League, Smith vio a un joven y espigado jugador, timido, al que una vez finalizado el encuentro, le hacían una entrevista en la que lo único que sabía hacer era dar gracias a Dios por darle fe y haberle permitido jugar. En ese momento, Smith creyó que ese jovencito sería un buen sparring para ver si sus productos tendrían éxito. Smith logró contactar con ese joven a través de un amigo común, Patrick Ewing Jr, que había sido compañero en Reno del joven en el que se fijó Smith. Se pusieron en contacto y le ofreció algo que no se esperaba: que durante los partidos usara unas pulseras en el que se leían emblemas de fe. El joven, abrumado, asintió. Pero no todo iba como quería el chico: fue cortado por dos veces por franquicias de la NBA y al final recayó en un equipo, los Knicks, en el que era prácticamente un desconocido. En uno de los partidos, Smith se acercó a la concentración de los Knicks para animar al joven y recordarle su fe en Cristo, que manifestaba a través de las pulseras: “Recuerdo estar esperando el autobús de los Knicks y ver a muchísimos fans esperando ver a Amare (Stoudemire) y Carmelo (Anthony). Él sin embargo, pasó inadvertido y se sentó en uno de los últimos asientos del autobús, sin nadie que le pidiera un simple autógrafo.” Smith le dio al joven ese día un juego de nuevas pulseras, ataviadas con los colores de los Knicks según para cada ocasión, naranjas para cuando jugaran de blanco y naranja, azules para cuando jugaran de azules. Y se llevó el compromiso del joven de que, en los pocos minutos que su entrenador le diera, las utilizaría. Pero algo cambió. Las lesiones propiciaron que el entrenador de ese jovencito le diera minutos en un encuentro crucial. Y ahí comenzó su fenómeno. El joven como sabréis ya era Jeremy Lin, aquel por el que apostaron Smith y Tollivery (quien por cierto, juega en los Minnesota Timberwolves).  

La popularidad de Lin fue creciendo: todo lo que hacía o tocaba Lin se convertía en éxito. Y de pronto, alguien se percató por primera vez: “¿qué son esas pulseras que llevas en cada partido?”, le preguntaron. El chico, en su modestia, respondió: “son las que me han recordado siempre que podrá fallar todo menos mi fe”. A partir de ese momento, la empresa de Smith y Tollivery, Active Faith, vio como de la noche a la mañana sus productos fueron demandados de manera exponencial: comenzaron por las pulseras, que llevan la inscripción “IJNIP – En el Nombre de Jesús Yo Juego” (”IJNIP” — In Jesus’ Name I Play), pero además, le abrieron el suficiente mercado como para que los aficionados supieran de su empresa, de su marca y de sus productos.

“La promoción que indirectamente le ha hecho Jeremy Lin a Active Faith no podrían pagarla hoy día con dinero. La idea de unir deporte con religión en una sociedad tan creyente en sus diferentes religiones como es la norteamericana era una decisión arriesgada pero que tan sólo necesitaba de un empujón para que tuviera éxito. Y a ellos ese empujón se lo ha dado Jeremy Lin. ¿Qué por qué las grandes firmas deportivas como Nike o Adidas no han apostado por este tipo de productos uniendo religión y deporte? Pues porque es una combinación que o te lanza al éxito o te hunde, por las enormes y difíciles aristas que una combinación de este tipo puede traer. Ellos (por Smith y Tollivery) apostaron por ella y les ha salido bien. Y las demostraciones de fe de personajes del deporte durante los encuentros tan destacados como Jeremy Lin o el propio Tim Tebow (que reza de rodillas en el cesped del estadio antes de comenzar sus encuentros) les han llegado en el momento justo. La exposición que hace Lin de sus pulseras en cada partido tiene un impacto brutal en la marca”, han declarado expertos internacionales del mundo del marketing y los negocios. 

A partir de aquí, todo han sido buenas noticias para Active Faith y sus fundadores: su página web ha tenido que ser cambiada de servidor por tres veces para poder dar cobertura al tráfico que soporta. Tan sólo en las dos primeras semanas desde que se cayó en la cuenta de la pulsera de Jeremy Lin, los pedidos de las mismas se dispararon hasta las 25.000 unidades. 

Pero los esfuerzos ahora se centran en hacer ver a los aficionados que tienen toda una gama de ropa deportiva además de las pulseras. Y a ‘buena fe’ que lo están consiguiendo: la demanda es tal que les ha animado a sacar una línea de ropa deportiva femenina. Y es tal el impacto que ha provocado, que otros deportistas han pedido unirse como embajadores para lucir sus productos, como la estrella de los Chicago Bulls Derrick Rose o el rookie Derrick Williams de los Timberwolves. Pero ahora se han marcado otro objetivo: conseguir a Tim Tebow, con lo que cerrarían la cuadratura del círculo. “Da verdadero vértigo pensar en la rapidez con la que se han desarrollado las cosas. Sin duda alguna, nuestra fe en Jesús es lo que nos ha permitido alcanzar este éxito”, concluyó Smith. Aunque quizás habría que decir que a esa fe ayudó también y mucho otra: la Linsanity, casi una religión.