La final de la Champions League tuvo un invitado no deseado para Adidas: NIKE

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Ayer, cuando Drogba se dirigía hacia el punto de lanzamiento de penalty, con la responsabilidad de saber que si marcaba hacía campeón al Chelsea, un escalofrío debió recorrer la espalda de los dirigentes de Adidas.

Era la final soñada por Adidas: dos equipos a los que vestía disputarían el trofeo más importante a nivel de clubes en Europa, la Champions League; además, la final se decidiría en Alemania, sede de la marca; la indumentaria de los colegiados también pertenecía a Adidas; más de la mitad de los jugadores eran imagen de Adidas y, por si todo esto fuera poco, hasta el propio balón de la final lo había diseñado Adidas. La firma alemana se frotaba las manos: su logo inundaría todo el estadio se mirara hacia donde se mirara. En el sumum de lo perfecto, incluso se habían cambiado hasta los colores de los paneles del Allianz Arena para la ocasión, predominando el blanco, el color tradicional de Adidas. Con todo esto, nada podía fallar. Era un éxito seguro. Un golpe en toda regla a su gran rival Nike. Ya había una vencedora, Adidas, y una derrotada, Nike. ¿Qué podía salir mal?

Frente a esta visión de los más optimistas en la marca estaba la corriente más moderada, incluso tirando a pesimista, dentro de la compañía. Ya unos días antes un negro augurio se posó sobre sus cabezas cuando Nike anunció que inundaría la próxima Eurocopa con todo el color del mundo gracias a su nueva colección de botas, la Nike Clash Collection. Hasta aquí, nada anormal. “Demasiado tiempo”, pensaron en Adidas. “Al fin y al cabo, de lo que estamos hablando ahora es de la final de la Champions League. Ya habrá tiempo para pensar en la Eurocopa. Además, ¿Cómo podía eso dañar la situación predominante de Adidas en la Final de la Champions League?” Y el pensamiento de los directivos de Adidas estaría a salvo de no ser porque Nike dio su primer golpe de efecto: el anuncio tenía segunda parte. Esa colección, que como decían, inundaría de color la próxima Eurocopa, se vería por primera vez como banco de pruebas en la final de la Champions League. Los americanos lo habían conseguido. Habían logrado meter su cabeza en la final de la Champions. Esto comenzó a preocupar a los dirigentes alemanes, si bien consideraron que no había razón para inquietarse demasiado.

Pero el plan de Nike estaba trazado. A este anuncio seguiría otro, mucho más mediático, que logró atraer los focos de atención del planeta fútbol hasta los nortemaericanos. Nike presentaba el viernes su My Time is Now, una, según dicen, de las mejores campañas de Nike de los últimos tiempos en lo que al fútbol se refiere. A un día de la final de la Champions, el nombre de Nike retumbaba más en los medios de comunicación que el de Adidas. “¿Cómo era posible?”, se preguntaban ingenuos los alemanes. Pero bueno, al fin y al cabo en Adidas seguían considerando que estos anuncios no eran más que intentos desesperados de Nike de ser parte de un evento reservado en exclusiva para Adidas. Nada ni nadie podría arrebatar a Adidas el papel de principal protagonista en la final de la Champions……¿O tal vez sí?

Minuto 88 de partido. Corner a favor del Chelsea. Intento desesperado de lograr el empate. La final está casi sentenciada a favor del Bayern. El gol, obra de Thomas Mueller, una de las figuras más rutilantes de Adidas en el Bayern. Nada puede salir mal. Incluso el gol lo había conseguido un jugador Adidas, alejando el temor de la marca a que el tanto decisivo lo consiguiera alguno de los pocos jugadores Nike del Bayern, Boateng o Ribery. Pero no. Thomas Mueller lo había conseguido. El Bayern, equipo Adidas, estaba a tan sólo 2 minutos de ser Campeón de Europa gracias a un gol de Thomas Mueller, jugador Adidas. El corner era el último hilo al que se agarraba el Chelsea. Y ocurrió lo que no debió ocurrir jamás para los dirigentes de Adidas. El Chelsea empataba. Y lo hacía de la forma que más dolería a Adidas, de la mano de un jugador Nike, Didier Drogba. Los alemanes se frotaban los ojos y en la marca también. Los peores augurios de los más escépticos en Adidas, que vieron los anuncios previos de Nike como una mala señal, se estaban cumpliendo. Nike había hecho entrada en la final. Y por la puerta grande. O ganaba el Bayern, lo que minimizaría este gol al nivel de anecdótico, y por lo tanto, reduciría el papel de Nike en la final a la más mínima expresión, o como perdieran los alemanes, Adidas recibiría un golpe en todo el mentón.

Tras una prórroga insufrible para Adidas, con pena máxima para el Bayern fallada por otro jugador Adidas, Robben, Nike veía como su logotipo cada vez se hacía mayor a lo largo de todo el campo, arrinconando las innumerables muestras del logo de Adidas, tan presente por todo el estadio pero tan ausente en esos momentos. Y llegó la hora de los penaltis. Juan Mata (Nike), fallaba su penalti. El primero de la tanda. Lo paraba Neuer (Adidas). Todo recuperaba su sentido. El Bayern respiraba. Adidas, también. Sucesión de lanzamientos. Sigue la ventaja alemana. Toca el turno de Ivica Olic (Adidas). Falla. Para Cech (Adidas). Eliminatoria otra vez empatada. El siguiente en lanzar era uno de los iconos de Adidas en Alemania: Schweinsteiger. Falla. Se masca la tragedia. En el Bayern y en Adidas. Los dirigentes alemanes se apresuran a ver quién es el próximo lanzador, el último de la tanda de cinco que corresponden al Chelsea. Rezan para que no sea su bestia negra ayer. No lo habían visto en los lanzamientos de penaltis y confiaban en que no lanzara. Pero allí estaba. Didier Drogba. Un emblema de Nike. La mayor amenaza para el que debía ser el gran día de Adidas. No sólo había empatado el partido. Ahora tenía en sus botas, unas Nike Mercurial Vapor VIII, la posibilidad de asestar el golpe de gracia a Adidas. No falló.

La desgracia se consumó. Hubo un Maracanazo en toda regla no sólo del Chelsea al Bayern. También de Nike a Adidas. En su propio país. En su propia cancha. En su propia casa. Ni las más enrevesadas estrategias hubieran pensado en un final así para Adidas. Nike se había metido de lleno por la puerta grande en la final de la Champions y, había logrado, lo que Adidas no quería y no preveía: ser protagonista principal de la Final de la Champions League. ¿Cómo podía serlo si estaba todo atado y más que atado?.

Ayer, Adidas ganó: el Chelsea se alzó con el título.
Ayer, Adidas perdió: Nike le asestó un golpe difícil de asimilar.

Hoy, en los medios de comunicación de todo el mundo, se habla de la victoria del Chelsea en la final de la Champions League. Un club Adidas. Pero por encima de todo, incluso de la victoria del Chelsea, se habla de un jugador que llevó al club inglés hasta la victoria. Hoy, sobre todas las cosas, se habla de Didier Drogba. Y para desgracia de Adidas, es uno de los emblemas de Nike.

A veces, el destino escribe finales que generan lecciones de las que se debe aprender. En Adidas, con todo atado y bien atado, seguro que han tomado nota.