Final de la UCL: el destino vuelve a enfrentar a los hermanos Dassler

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Mucho ha llovido desde entonces. Mucho tiempo ha pasado, muchas batallas enfrentadas, unas ganadas, otras perdidas, muchas ocasiones para la reconciliación y muchas otras para volver al enfrentamiento. Muchos años de estrategias, de marketing, de campañas para situar a cada una en lo más alto del panorama mundial.

Y después de todo, el destino, caprichoso como él sólo, vuelve a dar a dos hermanos una nueva oportunidad para ‘aplastar’ al otro o para reconciliarse con la familia. Un día marcado en rojo: 25 de mayo de 2013. Un lugar: Wembley. Un acontecimiento: la final de la Champions League. Y dos marcas hermanas enfrentadas: adidas y Puma.

Comienzos de los ‘alegres’ años 20 del siglo pasado. Dos hermanos alemanes, Adolf  y Rudolf Dassler, gobiernan y dirigen un pequeño pero ilusionante negocios de zapatillas, sin marca, la Gerbüder Dassler Schuhfabrik. En pocos años, el pequeño taller mal acondicionado de los dos hermanos comenzó a prosperar hasta el punto de que lo que comenzó siendo una pequeña aventura familiar se convirtió en un negocio que llegó a emplear a más de 100 trabajadores, creando las primeras zapatillas específicas para fútbol y atletismo. Todo funcionaba a la perfección. Adolf, Adi, desempeñaba el papel de creativo, de increíble creador de modelos hasta entonces inimaginados en un producto como pudieran ser unas zapatillas, a las que dotaban de un esmerado cuidado en su diseño y elaboración, con materiales de calidad. Rudolf, por su parte, hacía las veces de relaciones públicas, gracias a su caracter mucho más extrovertido y abierto. La pareja ideal. El complemento perfecto de uno para el otro.

No tardaron en expandir su fama por toda Alemania y en los Juegos Olímpicos del año 36, celebrados en Berlín, consiguieron que sus zapatillas fueran tan protagonistas como los propios atletas. Fueron los Juegos del nazismo, de la propagación de la ideología aria, de Adolf Hitler, pero también los Juegos de un joven de color estadounidense, Jesse Owens, capaz de poner en jaque toda la ideología hitleriana de la supremacía de la raza aria con sus triunfos. Y precisamente Owens fue el detonante del éxito mundial de los hermanos Dassler. En sus pies, calzaba unas peculiares botas de clavos diseñadas, como no, por ambos hermanos.

Sin embargo, la terrible II Guerra Mundial acabaría no sólo con el negocio sino con una relación que se enquistó de tal manera que aún hoy, casi un siglo después, continúa irreconciliable. Durante la guerra, el III Reich ‘obligó’ a los hermanos a reconvertir su taller en una industria de tanques y repuestos de misiles. Y mientras Rudolf, completamente convencido de la causa nazi y, cuentan, chivato de las SS, se unió al ejército, Adolf se quedó al cargo de la nueva empresa. Pero la finalización del conflicto bélico y la victoria de los aliados fue el detonante de la mala relación entre ambos.

Con la victoria aliada llegaron los juicios, y en uno de ellos, los hermanos Dassler fueron juzgados para analizar su nivel de compromiso con el nazismo. Adolf quedó exculpado y retuvo el control de la empresa. Sin embargo, no corrió la misma suerte su hermano, Rudolf, que, denunciado por su propio hermano, se vio obligado a emigrar, con su mujer y sus dos hijos, a la otra orilla del río Aurach para comenzar desde cero con una pequeña fábrica. Y a pesar de que las distancias entre ambas empresas era apenas el ancho de un río, la distancia entre ambos hermanos se convirtió en insalvable.

Retomada la normalidad en el taller original, Adolf se quedó con la mitad de los empleados, los del departamento técnico y creativo, mientras que Rudolf se llevó consiguo a los encargados de las ventas. En el año 1948, en este contexto, nacía Puma, a las orillas del río Aurach, fundada por Rudolf Dassler. Movido por el afán de quitar protagonismo a su hermano, tan sólo un año más tarde, Adolf Dassler, Adi para los amigos, rebautizaba su compañía con un nombre por todos hoy conocidos: adidas.

Las batallas entre ambos hermanos se recrudecieron a partir de ese momento. Tanto el uno como el otro veían con recelo cada paso que daba el contrario para, si podían, anticiparse o, al menos, torpedear sus estrategias. Rudolf conseguía los primeros números positivos y Puma superaba claramente a adidas. Sin embargo, el endiosamiento que vivía Rudolf terminó por pasarle factura a él y a su nueva marca. En el año 1954, con motivo del Mundial de Suiza, Rudolf había menospreciado hasta el límite al por entonces entrenador alemán, Sepp Herberger. Éste, despechado por los continuos desprecios de Rudolf y su próspera marca, acudió a Adolf, que le recibió con los brazos abiertos. Técnico y creativo, Adolf diseñó unas nuevas botas con tacos ajustables que impedían a los jugadores alemanes resbalar en el supuesto caso de que el terreno se llenara de agua. El destino hizo el resto: la final de aquel Mundial, que enfrentó a una ‘novata’ Alemania ante la invencible, por entonces, selección de Hungría, se disputó bajo un diluvio. El agua caída provocó un barrizal tremendo en el que, sorprendente e inexplicablemente para el resto del mundo, los jugadores alemanes lograban no sólo mantener el equilibrio sino disputar el encuentro casi con normalidad. El resultado, inesperado por todos: Alemania derrotaba a la infranqueable y favorita Hungría por 3-2, en un encuentro que fue bautizado como “El Milagro de Berna” y del que incluso hay una película. Las botas de Adolf permitieron la hazaña y la fama y auge de su pequeña empresa, adidas, traspasó fronteras.

La guerra entre ambos a partir de entonces, se llevaron al límite a base de golpes de genialidad: había nacido el marketing en el fútbol. Puma logró que un jovenzuelo brasileño con el diez a la espalda calzara unas botas Puma en un encuentro del Mundial de México en una jugada maestra de anticipación y de marketing (ya hablamos de este caso en MD hace algunos meses), para realizar el saque inicial de centro. Todas las cámaras de televisión, el primer Mundial que se retransmitía en color, estaban fijadas en los pies de ese jugador. Las botas Puma fueron vistas por todo el mundo, y todo el mundo quería unas botas Puma. Los pedidos desbordaron a la marca y los ingresos crecieron hasta límites insospechados. Por cierto, aquel jovenzuelo era un tal ‘Pelé’.

adidas, por su parte, no podía dejar el éxito sólo en manos de Puma. Y vista la estrategia de Rudolf (recordar que se había llevado a la mitad de los trabajadores de la empresa, la mayoría del departamento de ventas, por lo que, al igual que Adolf tenía ventaja en cuanto a diseño técnico, Rudolf la tenía en cuanto a estrategia de ventas), Adolf la puso en marcha de la misma manera. Así, un tal Cassius Clay deleitaba al mundo en un cuadrilátero de boxeo con unos rápidisimos movimientos de pies protegidos por unas botas adidas.

Rudolf Dassler abandonó este mundo en septiembre del año 76. Cuatro años después, lo hacía su hermano Adolf. Las familias tuvieron ‘la delicadeza’ de separar lo suficientemente las tumbas de ambos hermanos. Sus descendientes, lejos de aproximar posturas, mantuvieron las distancias. Puma seguía dando golpes geniales de marketing, como ver a Maradona dejar en la cuneta a cuanto inglés se le acercaba en el Mundial del 86 calzando unas Pumas. En adidas fueron más visionarios y, antes de que las multinacionales invadieran los eventos deportivos tal y como conocemos hoy, la marca logró asociarse con los organizadores de los mismos: Mundiales, Eurocopas, Juegos Olímpicos… o lo que es lo mismo, FIFA, UEFA, COI…

La irrupción de las grandes firmas norteamericanas, como Nike, a las que ambos menospreciaron en un error que aún hoy se preguntan como pudieron incurrir en él, o en menor medida Reebok, absorvida finalmente por adidas, propiciaron que los dos gigantes casi en exclusividad hasta entonces tuvieran que compartir ‘escenario’ con otras marcas. En esa batalla salió peor parado Puma, que ha pasado a ser casi un espectador en los conflictos de adidas con su nuevo rival, Nike.

Sin embargo, el destino es caprichoso, y el próximo 25 de mayo, Final de la Champions League, ha querido que Puma y adidas, a través del Borussia Dortmund y del Bayern de Munich, sean los protagonistas en los que se fijen todos los focos del planeta Tierra, rememorando viejas batallas y a modo de una nueva lucha, esta vez desde el más allá, que a buen seguro siguen manteniendo dos hermanos que revolucionaron el mundo de la vestimenta deportiva. Esta es la historia de Adolf y Rudolf Dassler. Esta es la historia de un conflicto que el destino ha querido que se vuelva a revivir en forma de final de uno de los acontecimientos deportivos más mediáticos del mundo. Un bonito homenaje a dos visionarios que revolucionaron el deporte.