El triunfo de North Carolina en la NCAA reabre el debate de la profesionalización

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NCAA Final Four Campeón
El debate de la profesionalización del deporte universitario vuelve a escena tras la Final de la NCAA
  • Mientras los jugadores, en su etapa universitaria aún, sólo reciben becas de estudio, los entrenadores reciben cuantiosas primas y salarios por llevar a la universidad de turno a lo más alto de la NCAA, el torneo de baloncesto universitario más prestigioso del mundo

Cada año, y según pasan los mismo la cuestión se va acrecentando como una bola de nieve, a la conclusión de la gran final de la NCAA de baloncesto, vuelve a surgir el mismo debate: un torneo cada vez más atractivo para los aficionados y profesionales, capaz de mover números gigantescos en términos de audiencia, y con un imponente cartel de presentación de cara a las marcas y firmas comerciales, lo que redunda en los ingresos obtenidos por patrocinio y venta de derechos televisivos, tiene a sus principales protagonistas, los jugadores, en condiciones amateur hasta el punto de tan sólo recibir como recompensa sus becas de estudio para su etapa universitaria.

Becas vs sueldos

Hace tan sólo 24 horas, la universidad de North Carolina, los míticos Tar Heels, se proclamaban por sexta vez consecutiva, ganadores de la NCAA. Sus jugadores, los verdaderos protagonistas de la competición, muchos de los cuales algún día llegarán a convertirse en estrellas de la NBA, recibieron las ya tradicionales gorras y camisetas de merchandising como gran recompensa. Su entrenador, el mítico Roy Williams se embolsará, sin embargo, casi un millón de dólares en bonus por el hito alcanzado.

Llegados a este punto, nuevamente se ha abierto un serio debate en el mundo del baloncesto en los Estados Unidos: ¿deben cobrar los jugadores aún cuando estén en su etapa universitaria? O dicho de otro modo, ¿se debe profesionalizar la NCAA?

El espinoso asunto de la profesionalización

Para muchos el debate es tan inexistente que consideran que lo que existe es una doble moral absoluta que tilda el esperpento: se parte de la utopía de una competición “limpia y pura”, no invadida por el vil dinero del que se quiere proteger a toda costa a las que serán jóvenes promesas en la NBA en el corto y medio plazo. Y sin embargo, se presenta una competición que crece a pasos agigantados y cuya explotación a nivel de marketing va situando a la misma entre las grandes competiciones deportivas dentro de los Estados Unidos.

Con este escenario como telón de fondo, no son pocas las voces que se han alzado en las últimas horas para poner fin a dicha situación. El primero, un veterano e influyente periodista, Tim Reynolds, que publicaba a los pocos minutos del triunfo un hiriente tweet en su cuenta oficial de Twitter: Roy Williams ganará 925.000 dólares en bonus por el triunfo de North Carolina en el campeonato de la NCAA. Los jugadores recibirán camisetas y gorras”.

JJ Redick, que militó en Duke, gran rival de North Carolina, también se sumaba al debate con otro tweet“Enhorabuena a North Carolina. De verdad. También creo que va siendo el momento de que los jugadores cobren. Las becas ya no son suficiente. No para mí”.

Y en medio de todo, los jugadores. Universitarios, sí, pero con la sensación, cada vez más, de ser infravalorados en un negocio que mueve millones de dólares al año. Así, el March Madness, que termina con la gran final de la NCAA, tiene cada vez mayor repercusión en los Estados Unidos, lo que se traduce en mucho dinero generado en torno a él. Sin ir más lejos, la última extensión del acuerdo firmado por sus derechos televisivos supondrán unos ingresos de casi 9.000 millones de dólares hasta el año 2032. El despropósito llega hasta tal punto que los jugadores ni siquiera pueden firmar contratos de patrocinio a nivel personal con las diferentes compañías comerciales durante su etapa universitaria con el objetivo de protegerlos del vil dinero. Una doble vara de medir que está colmando la paciencia de los principales protagonistas en este asunto: los universitarios.