El presidente de los Estados Unidos cambiaría el nombre de los Redskins, en contra de la NFL

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Febrero de 2013. MD adelanta la postura oficial de la NFL respecto a las intenciones de los nuevos dueños de los Redskins de Washington sobre la posibilidad de cambiar el nombre a la franquicia ante la gran cantidad de críticas que genera por lo ofensivo que para ciertas comunidades el mismo puede parecer.

Ya desde sus orígenes, las críticas de los movimientos más defensores de los derechos de los nativos norteamericanos que lo consideraban ofensivos para los mismos fueron el día a día de la franquicia. Sin embargo, no fue hasta ese momento, comienzos de 2013 cuando la influencia de los medios de comunicación y el recientemente auge de las redes sociales, elevaron el volumen de críticas hasta niveles que se antojaron para los actuales dueños como insoportables. Y a pesar que desde la franquicia siempre se han querido alejar de cualquier tipo de polémica, argumentando una y otra vez que no está en su ánimo el ofender a nadie con la utilización de dicho nombre, la situación se volvió bastante complicada.

Debido a ello, Daniel Snyder, dueño de los Redskins, planteó la posibilidad de llevar a cabo un proceso que culminaría con un cambio total en cuanto a las señas de identidad de la franquicia de Washington, que abarcara desde símbolos tan icónicos como su logotipo hasta el propio nombre. Sin embargo, faltó tiempo para que, al respecto de dichas noticias y rumores, saliera a la palestra la NFL para afirmar que esa decisión es un acto que no incumbía de manera unilateral a la propia franquicia, sino que había y hay muchos más actores que eran parte interesada en el proceso y que, evidentemente, tenían mucho que decir al respecto.

En este sentido, no debemos olvidar las particulares normas de organización de la NFL. Cada franquicia tiene la suficiente independencia como para poder tomar una serie de decisiones de manera unilateral. Pero en el caso de alteración o cambio en la denominación de la misma, el resto de 31 franquicias, reunidas bajo el paraguas de la NFL, tienen tanto o más que decir que la propia franquicia afectada, puesto que el compendio y conglomerado de intereses comerciales y económicos que cada franquicia repercute a la organización hace que, cualquier decisión, pudiera afectar a la protección de dichos intereses.

La NFL considera que las marcas comerciales y patrocinadores de los Redskins han llevado a cabo una determinada inversión, parte de la cual repercute directamente en las arcas de la NFL como organización y por lo tanto, en el resto de 31 franquicias, lo que motivaría que estas casas y marcas comerciales tuvieran bastante que decir en la adopción de una decisión que puede afectar muy seriamente a la consolidada posición de la marca que la franquicia tiene en la actualidad.

Sin embargo, ahora que las aguas parecían volver a su cauce, ha sido el propio presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, el que ha salido al estrado para afirmar que él, en contra de la posición oficial de la propia NFL, sí que es favorable a un cambio: “Si yo fuera el dueño del equipo y supiera que el nombre del mismo pudiera estar ofendiendo a una colectividad, trataría de cambiarlo. O al menos, pensaría en cómo hacerlo”, declaró Obama.

La postura del máximo mandatario de los Estados Unidos es un respaldo para las asociaciones que piden el cambio del nombre de la franquicia y para los propios dueños, que como contábamos al principio, son partidarios del cambio. A quién no debe haber hecho mucha gracia es a la propia NFL conocida su postura oficial.

La NFL es el deporte más popular dentro de los Estados Unidos, con unas cifras que superan los 9.500 millones de dólares anuales en concepto de ingresos. La revista Forbes sitúa a los Redskins como la tercera franquicia con mayor valoración de la NFL, 1.600 millones de dólares, con unos ingresos anuales estimados de más de 375 millones de dólares. Daniel Snyder, actual propietario, se hizo con la franquicia en el año 1999 por unos 800 millones de dólares.

En base a todo lo expuesto, se hace más que comprensible la decisión de la NFL de mirar con cierto recelo los movimientos que en este sentido está tratando de poner en marcha Snyder, ahora respaldados por el propio Obama, para tratar de calmar las numerosas críticas que recibe la franquicia por su nombre y que, a la larga, puede afectar de manera negativa a la imagen de marca de la misma. Toda una encrucijada que alberga una difícil solución: ¿salvaguardar la potencia de la marca actualmente para comprometer su futuro o abordar una auténtica revolución que garantice, quizás, la supervivencia de la marca en los años venideros al evitar que se incremente un movimiento contrario a la misma cada vez mayor? Esta, en resumen, es la cuestión que la NFL deberá dirimir más pronto que tarde.