El Pacto Pelé II: cuando Cruyff doblegó a adidas

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Johan Cruyff con la camiseta holandesa con sólo dos franjas de adidas
  • Tan sólo cuatro años después del Pacto Pelé, adidas volvió a sufrir en un Mundial las embestidas de Puma
  • La presión del jugador franquicia de La Naranja Mecánica, Johan Cruyff, motivó que adidas lanzara para el jugador una camiseta con tan sólo dos franjas en lugar de tres

Mucho hemos hablado del conocido ya Pacto Pelé, o más concretamente de su ruptura, el acuerdo alcanzado en el Mundial de México del año 70 entre dos marcas hermanas, adidas y Puma, que acordaron no entrar en disputas con la máxima estrella del torneo como protagonista, el brasileño Pelé, al objeto de no salir más perjudicadas de una lucha fraticida que amenazaba con acabar con ambas.

Sin embargo, la jugada a última hora de Puma, acordando con la estrella brasileña para que calzara unas botas de la marca en la gran final sin conocimiento de adidas, que se enteró de todo cuando vio al jugador por televisión portando las mismas en un insólito acto pactado con Puma en el que el futbolista debía pedir al árbitro que parara el encuentro para atarse supuestamente las botas, algo que concentró todas los focos de las cámaras en las nuevas botas de Puma que calzaba el brasileño.

Desde ese momento, las diferencias entre las marcas fundadas por los dos hermanos Dassler se hicieron irreconciliables hasta el punto que nunca más ha vuelto a haber un intento de no agresión entre las dos marcas hermanas.

De Pelé a Johan Cruyff cuatro años después

Sin embargo, tan sólo cuatro años después volvió a darse una situación que se pudo entender como la continuación de dicho Pacto Pelé y que tuvo de protagonistas a la mismas marcas hermanas, rivales ya irreconciliables, y como denominador común, a la gran estrella del torneo del momento junto a la selección más llamativa de dicho Mundial: la Naranja Mecánica de Johan Cruyff.

Holanda acudía al Mundial de Alemania con la vitola con la que llegó Brasil al de México del 70 de cuatro años antes: era una de las selecciones que mejor fútbol hacía en el mundo, capitaneada por otra estrella mundial:  Johan Cruyff.

La selección holandesa confirmó en la cita la fama con la que acudía: el excelso grupo de futbolistas que logró reunir demostraron, durante un mes, la belleza de un deporte como el fútbol, concibiendo una nueva dimensión a este deporte, compitiendo y divirtiendo al aficionado. La naranja mecánica iba superando eliminatorias casi a la misma velocidad con la que iba revolucionando el fútbol, logrando ganar para la causa a millones de telespectadores que seguían, asombrados, las evoluciones de los Johan Cruyff y compañía.

Sin embargo, no todo era un remanso de paz en la selección holandesa. Y no hablamos desde el punto de vista deportivo precisamente. Johan Cruyff iba a protagonizar una segunda parte del Pacto Pelé poniendo contra las cuerdas, él solito, a toda la Federación Holandesa y la marca que les patrocinaba: la multinacional alemana adidas.

No a las tres rayas de adidas

adidas se frotaba los ojos, al igual que millones de aficionados, ante la belleza del fútbol desplegado por Holanda, una selección que para mayor grandeza de los alemanes, vestía las conocidas tres tiras de la marca en su camiseta gracias al acuerdo de sponsorización que tenían firmado con la Federación Holandesa de Fútbol, lo que le permitía obtener una enorme notoriedad mediática en un sector, el del marketing deportivo, que comenzaba a apuntalarse de manera definitiva como uno de los grandes negocios que se generaban en torno al fútbol.

Pero, nuevamente, la felicidad de adidas se vio interrumpida como cuatro años antes por una de las grandes estrellas del torneo y buque insignia de esa Holanda: Johan Cruyff. Poco antes de comenzar el Mundial, el holandés logró reunir a responsables de la Federación Holandesa y de la propia adidas en torno a una mesa en la que expuso la obligación de que Holanda no vistiera con las tres rayas en las mangas de adidas.

Detrás de esa petición residía, en teoría, el interés de Cruyff por percibir, él y sus compañeros, parte del dinero que adidas abonaba a la Federación con un razonamiento aplastante: por qué no van los jugadores a recibir cuota alguna por dicha sponsorización técnica cuando son los verdaderos protagonistas, cuando el motivo por el que adidas se fijara en Holanda para patrocinar fue debido a su rendimiento deportivo, un rendimiento que lo producían esos jugadores.

Puma se la vuelve a jugar a adidas

La petición de Cruyff dejó boquiabiertos tanto a la Federación como a adidas. Lo que Cruyff pedía era que las camisetas holandesas, en caso de no acceder a dicha petición, no lucieran tres rayas sino sólamente dos. O eso, o percibir una parte de lo que adidas pagaba a Holanda. La situación llegó a tal extremo que incluso Cruyff, máximo estandarte de aquella selección, un auténtico jefe en el vestuario, amenazó con no disputar el Mundial, lo que podía haber provocado una situación catastrófica en la Federación Holandesa.

Al final se adoptó una decisión salomónica por todas las partes: tanto la Federación como adidas hicieron ver a Cruyff la imposibilidad de abonarle lo que solicitaban (la firma de acuerdos personales por parte de los jugadores con sus respectivas marcas ya era considerado tanto en la Federación como en adidas más que suficiente) al igual que la posibilidad de jugar con sólo dos franjas en las mangas. Al menos, en toda la selección. Las partes acordaron conceder a Cruyff la posibilidad de que sólo él, y en su camiseta, luciera dos mangas en lugar de las tres características de adidas, que el resto de integrantes sí luciría.

Sin embargo, fue casi peor el remedio que la enfermedad. Desde el primer encuentro Johan Cruyff comenzó a lucir una camiseta exclusiva con las dos franjas en lugar de tres, lo que convirtió al hecho en sí en el foco de atención mediático de los medios de comunicación, eclipsando el patrocinio de adidas con Holanda y comenzando a indagar en los verdaderos motivos de Cruyff para esta exigencia. Y los había.

Poco a poco fue conociéndose la realidad. Johan Cruyff acababa de firmar un contrato con la multinacional Puma, y no se sabe muy bien si a instancias de ella o a iniciativa de El Flaco, lo cierto es que se plantó ante los responsables de la Federación con dicha petición. Nunca antes una marca, sin estar presente de manera directa, recabó para sí tanto protagonismo como entonces. Todo el mundo hablaba del gesto de Cruyff y de su alianza con Puma hasta el punto que cuando se veía la camiseta de dos rayas de Cruyff se comenzaba a asociar a Puma con la misma para desesperación de adidas. Puma lo había vuelto a conseguir. Tan sólo cuatro años después había vuelto a revivir el Pacto Pelé.

Un precedente y una retirada

Los años dorados de la Naranja Mecánica pasaron. Y Holanda acudió al siguiente Mundial ya sin Johan Cruyff en sus filas como protesta por la dictadura argentina, organizadora de esa cita mundialista. Sin embargo, el poso que aquel gesto de Cruyff dejó en la selección fue muy difícil de borrar hasta el punto que dos de los integrantes de aquella nueva selección, los hermanos gemelos René y Willy van der Kerkhof prolongaron la tendencia que cuatro años antes había instaurado Cruyff y que tuvo continuación a través de ellos en ese Mundial de Argentina de 1978, luciendo también sendas camisetas con tan sólo dos bandas.

Lo curioso de todo el caso es que el destino volvió a cruzar a adidas en el camino de Johan Cruyff en sus últimos años en el mundo del fútbol. Fue en 1980, cuando Cruyff militó durante esa campaña y la siguiente en los Washington Diplomats, extinto equipo norteamericano que, casualmente, estaba sponsorizado técnicamente por adidas. En aquella ocasión, Cruyff no renegó de las tres franjas de adidas. Jamás se supo si porque plegó sus intereses personales a los de la entidad que le pagaba o bien si porque Puma ya no tenía relación con el holandés.