El Liverpool se debate entre construir un nuevo estadio o reformar Anfield

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Dificil papeleta la que tienen los nuevos dueños del Liverpool, que desde su llegada al club hace ahora año y medio, se han visto en la encrucijada de tener que decidir entre construir un nuevo estadio o remodelar el mítico Anfield.

Y para ambas alternativas, tienen más inconvenientes que ventajas. Lo más sencillo, en palabras de los propios dirigentes del club, sería trasladarse de lugar y construir un nuevo estadio en la zona de Stanley Park. Supondría la creación una nueva casa para los reds cuya capacidad podría ampliarse en unas 15.000 plazas más a las que cuenta en la actualidad Anfield. En teoría, y sobre el terreno, las ventajas serían todas a la hora de construir el mismo. El problema residente en la captación de fondos para su construcción no es tenido en cuenta por los actuales dueños como un escollo insalvable. El verdadero problema es de otro calado: es un problema sentimental. El hecho de abandonar el mítico Anfield por una nueva ubicación es una decisión que, muy probablemente, no sería entendida por una gran parte de los seguidores reds. Es más, los propios dirigentes son conscientes de que “recrear la atmósfera que se vive en Anfield los días de partido, ese olor a fútbol puro, será muy difícil en un nuevo estadio”, han manifestado.

La otra alternativa pasa por reformar el estadio actual. En este supuesto, sucede a la inversa. El problema sentimental prácticamente desaparece, pues se permanecería en Anfield, pero donde verdaderamente aparecen los problemas es en la construcción o remodelación propiamente dicha del estadio. Las reformas irían orientadas, en su mayor parte, a incrementar el aforo del coliseum de los reds, lo que tiene un problema de dificil solución: y es que con la elevación de las gradas, la zona colindante al estadio quedaría prácticamente en penumbra, lo que ha supuesto la reticencia de los vecinos y asociaciones empresariales de la zona ante el proyecto.

Así pues, el problema no es como sucede en otros casos, de dinero. Es más, los dirigentes son conscientes de que, en un momento dado, hay una fuente de ingresos, aún no explotada, que reportaría enormes beneficios a las arcas del club en caso de necesitarse para la construcción de un nuevo estadio o la remodelación de Anfield: los derechos de naming rights sobre el mismo. En el club son conscientes de que existen numerosas compañías deseosas de que su nombre esté al lado del de Anfield a la hora de denominar al estadio del Liverpool.

Así las cosas, los propietarios se encuentran con una dura papeleta: decidir entre lo sentimental o lo práctico.