La lesión “olímpica” de Liu Xiang, secreto de Estado

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Hace realmente poco os hablé de un deportista chino, estrella mediática en su país y gran esperanza en los pasados Juegos de Londres 2012, al que muchos calificaban como el atleta “gafe” y donde muchas marcas se planteaban ya continuar dándole su apoyo a la vista de su historial de “desgracias” (Ver Artículo en MD 
Las marcas se plantean el apoyo a Liu Xiang tras el gafe que persigue al chino).

Sin embargo, lo que muy probablemente pocos sabréis es que la televisión china participó de un montaje en toda regla sobre el que ahora, una vez conocido, la sociedad china ha descargado todas las iras. Resulta que la lesión que sufrió Liu Xiang en Londres que le evitó disputar la primera ronda de clasificación de la prueba de los 110 metros vallas provocando su retirada nada más comenzar la mencionada prueba, fue poco menos que un montaje orquestado por todos los participantes. Resulta que mientras toda China se sentaba delante del televisor para ver las evoluciones de su orgulloso embajador en Londres 2012 todos, absolutamente todos, sabían que Liu Xiang estaba lesionado y competía lesionado. ¿Todos? Todos….excepto la propia televisión china. Lo curioso del tema es que todo estaba orquestado por el propio gobierno chino que, en conveniencia con la televisión estatal y el propio deportista, montaron el “paripé” de tratar de vender la participación como un acto heróico y de mala suerte. La propia actuación de Xiang, momentos antes de la prueba, lo delataba: nervios, miradas escondidas, se sentaba y se levantaba una y otra vez….

Comienza la prueba, y en la primera valla, a la que llega por delante de sus rivales, cae lesionado. A partir de aquí, el montaje. El comentarista encargado de la retransmisión en la televisión china, Yang Jing, expresa desconsoladamente el lamento en el que se encuentra la población china por la desgracia de su atleta, llegando incluso a llorar en directo.

Sin embargo, hay algo que no huele bien. El periódico Oriental Guardian, desconfiado, cree que la actuación de Yang Jing es demasiado perfecta, demasiado “orientada” como para que sea improvisada o natural. Y comienza a investigar. Y el resultado, cuanto menos, sorprendente. Se descubre el pastel. Todos sabían, autoridades, corredor y televisión, que Xiang acudía lesionado y que no podría disputar la prueba. Y sin embargo, lo ocultaron a la población china. Hasta tal punto era así, que el comentarista tenía preparados hasta cuatro discursos diferentes dependiendo de la evolución de los acontecimientos. Al final, triunfaron las lágrimas.

Ahora China se despierta entre la incredulidad de ver como han tratado de vender una mentira orquestada y organizada con no se sabe muy bien qué fin.