El efecto gaseosa

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Había expectación por ver el regreso de la primera competición deportiva, sea del deporte que sea, a su actividad en plena crisis del coronavirus. La que dio el paso al frente fue la Bundesliga. Y la sensación fue, cuando menos, extraña. Todo el mundo así lo reconoce. El sábado asistimos a una cosa parecida al fútbol, que quieren llamar fútbol, pero que no es fútbol. Estadios vacíos, banquillos idem de lo mismo, suplentes en las gradas separados entre sí por una distancia mínima prudencial, entrenadores aislados en su zona técnica… Todo raro. No hay saludo entre los equipos antes del encuentro, no hay saludos con los árbitros, no hay gritos, no hay ambiente… Todo envuelto en una atmósfera aséptica que a ratos da respeto y a ratos, incluso, miedo.

El partido se convirtió de repente en un punto de partida, un punto de encuentro, para el debate con los seguidores de Marketing Deportivo MD en redes sociales. A un lado los que defendían que era el momento de la vuelta y que a los patrocinadores y sponsors les saldrá muy rentable este regreso. Al otro, entre los que yo me incluía, los que tratábamos de ver aún la rentabilidad que un deporte así, sin el actor principal que es el aficionado, puede despertar en los patrocinadores.

Todos de cualquier manera llegábamos a la misma conclusión: la primera indicadora del éxito o fracaso de este experimento iban a ser las cifras de audiencia. Y a tenor de lo que publicamos hoy en nuestra edición, habría que calificarlo de auténtico éxito. Sky ha roto récords de audiencia en Alemania alcanzando cifras de telespectadores jamás vistas antes en su operadora, lo que debería dar lugar a que esa seguridad que los sponsors y patrocinadores buscan en esta vuelta al deporte se haya conseguido. Y sin embargo, lo que existe es un halo de prudencia.

Prudencia porque es la primera competición deportiva que vuelve a escena, con todo lo que ello genera de expectación no ya por las ganas del aficionado de ver deporte, que también, sino por el chascarrillo de ver cómo serán las nuevas competiciones con gradas completamente vacías. Prudencia porque pocos consideran que este formato, este sistema, aislando por completo a ese actor principal del que hablamos, sea realmente rentable, por mucho que las audiencias se disparen.

Y prudencia porque se teme que esas cifras de audiencias vayan disminuyendo y no solo volviendo a la normalidad, sino incluso empeorando, una vez el resto de competiciones deportivas vayan volviendo a escena y la variable de «expectación», ese chascarrillo, vaya diluyéndose como el efecto gaseosa de las bebidas con gas, un efecto que hace que el líquido que contienen se dispare con una fuerza impresionante nada más abrirla por el efecto del gas pero que poco a poco va perdiendo fuerza hasta quedarse en nada. Un efecto gaseosa que ya está siendo analizado por los patrocinadores y sponsors para estudiar si verdaderamente es rentable invertir en esta situación.

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