El dueño del Inter quiere cambiar su escudo

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Una de las excentricidades más popularizadas entre los nuevos ricos que se hacían cargo de clubes de fútbol durante el pasado año 2013 no era otra que la de dejar su impronta personal en el club de una manera muy especial, llamémoslo así: cambiando el escudo.

Clubes ingleses, ahora en manos de acaudalados propietarios norteamericanos o asiáticos, así como uno de los principales clubes franceses, el PSG, en manos de los petrodólares, fueron los que sufrieron el caprichoso antojo de sus nuevos dueños, un acto que chocaba con la tradición del club en la mayoría de los casos y que ponía a la afición en contra de los recién llegados.

Sin embargo, la finalización de ese año pareció devolver la calma en este sentido a los clubes europeos, una calma que ha durado justo lo que llevamos de este 2014: apenas tres meses. Porque estas, como decimos, excentricidades de los nuevos propietarios de los clubes deportivos, más preocupados en considerar al club como una inversión de la cual obtener el mayor rendimiento que en salvar principalmente al club en cuestión, en la mayoría de los casos ahogados por las deudas y necesitados de ese dinero, han tenido continuidad en la figura del nuevo dueño del Inter de Milán, el magnate indonesio Erik Thohir.

Thohir llegó al conjunto italiano para, entre otras cosas, hacerse cargo de la compleja situación financiera por la que atravesaba el club, con una deuda cercana a los 180 millones de euros, un importante descolchón que dejó en la entidad italiana el anterior propietario, Massimo Moratti.

Pero esa asunción de la deuda por parte de Thohir llevaba implícita la asimilación, por parte de la masa social, de los caprichos a los que ya tiene acostumbrados el indonesio a la misma. Así, la última ocurrencia del asiático ha sido llevar a cabo un retoque en el escudo del club, no cambiarlo, en lo que parece en principio más una declaración de intenciones para sondear la respuesta de la afición nerazzurra ante sus intenciones y evitar con ello, polémicas innecesarias con una afición que ya está comenzando a dar signos de debilidad ante los caprichos de su nuevo presidente.