El dueño del Hull City cambia el nombre al equipo

0

Año 2010. El Hull City, uno de los clubes históricos del fútbol inglés, fundado a comienzos del siglo XX, estaba al borde de la quiebra económica. Su deambular por las categorías inferiores del fútbol de las islas, a las que llegó en el año 2007 fruto de su mal bagaje deportivo, propició que, unido a una desmesurada política económica, sus números presentaran unas cifras más que alarmantes que amenazaban con la desaparición del club.

Tan sólo la llegada de un milagro permitiría al conjunto británico sobrevivir. Y cuando peor pintaban las cosas apareció Assem Allam, un multimillonario británico de origen egipcio que no dudó en poner encima de la mesa el dinero necesario para reflotar al club. A partir de entonces, el mítico Hull comenzó a dar zarpazos de nuevo dentro del fútbol británico y su escalada a nivel deportivo era casi tan equiparable a las mejoras que obtenía en lo económico hasta el punto que, casi a la par de sanear sus cuentas, el club conseguía el ansiado ascenso a la Premier League la temporada pasada.

Sin embargo, cuando se deja todo el poder del club en manos de un único propietario suelen ocurrir casos como el que os traemos. Y es que Allam, como decimos un importantísimo hombre de negocios, ha tomado el Hull por montera y ha decidido, sin previa consulta, cambiar el nombre del mítico club, que a partir de ahora dejará de llamarse Hull City para denominarse Hull Tigers, un apellido que el propietario considera mucho más personal, más exclusivo pero, sobre todo, mucho más comercial.

Así, ante las aireadas protestas de los seguidores del club británico, Allam ha salido a la palestra para argumentar que el cambio obedece no a cuestiones meramente caprichosas sino, básicamente, a una apuesta decidida por la comercialización y expansión internacional del club, afirmando que la palabra ‘City’ es una palabra insustancial, sin propiedad, perteneciente a cuantos clubes quieran apropiárselas y cita como ejemplo al Manchester City, Leicester o Bristol. Sin embargo, considera que el apelativo ‘Tigers’ es una denominación mucho más exclusiva y reducida a la esencia del club, y sobre todo, mucho más comercial a nivel internacional y local.

Las protestas no han cesado de llegar desde que se conoció el asunto y los aficionados temen que este punto no sea más que el de partida para un camino sin retorno que daría como resultado la pérdida de las señas de identidad del club, pues el propio Allam ya ha manifestado que su plan de reestructuración de la identidad corporativa del conjunto inglés es mucho más amplio y abarca más campos, que podrían llegar a la indumentaria, colores o escudo del club en los próximos años.

Mientras, en los mentideros futbolísticos y de marketing británicos se comenta que este es el gran riesgo que se corre cuando alguien se convierte en dueño y señor absoluto de un club, al que llega en calidad de salvador: puede hacer y deshacer a su antojo, sin consideraciones acerca de las posibles consecuencias que sus decisiones pueden tener. Sin embargo, los especialistas en marketing sí que ponen en duda la acción emprendida por Allam pues afirman que uno de los pilares dentro del marketing es que el cambiar el nombre a una marca comercial lo primero que requiere es un sondeo previo acerca de la aceptación que este hecho tendría entre sus seguidores, algo que al parecer el sr. Allam se ha saltado a la torera.