El cierre en falso del caso Sterling en la NBA

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Con el transcurrir de los días, quizás gracias a la perspectiva que da al razocinio el poder analizar las cosas con la lucidez necesaria, una lucidez que llega gracias precisamente a ese distanciamiento con el momento en el que se adoptan las decisiones, da la sensación, a primera vista, que en toda la polémica Sterling, el único que ha ganado, paradójicamente, ha sido el actor principal desencadenante de la citada polémica, el magnate Donald Sterling.

A comienzos de esta semana conocíamos el anuncio que realizaba la NBA de aprobar la venta de Los Angeles Clippers al ex CEO del gigante tecnológico Microsoft, Steve Ballmer, que puso encima de la mesa del resto de propietarios de la NBA una oferta para hacerse con la franquicia de Los Angeles de 2.000 millones de dólares. A expensas de la respuesta definitiva de Donald Sterling, el todavía dueño de la franquicia, la NBA parecía poner punto y final al que será, sin duda, un importante lunar en su historia que ha puesto a la organización y a su imagen en un serio aprieto a nivel mundial. Pero, ¿realmente es así?

Una vez conocida la noticia, todo el mundo daba por sentado que la respuesta de Sterling iría encaminada a lanzar una larga y árdua batalla en los tribunales ante lo que se consideraba que el propio Sterling vería como un ataque a sus derechos como propietario de la NBA: obligarle a vender su franquicia. Sin embargo, para sorpresa de todo el mundo, Sterling apareció en público para comunicar que aceptaba la oferta puesta encima de la mesa y que se desprendería de la franquicia de Los Clippers para poner fin, de manera definitiva, a su aventura en la NBA. Para muchos, esta actitud de Sterling tenía un claro mensaje: el único ganador en todo este asunto, por muy paradójico que pueda parecer, ha sido el propio Sterling. La NBA, muy a su pesar, ha cerrado en falso un asunto que le ha salpicado y cómo en su imagen a nivel internacional.

La diligencia con la que la NBA tomó cartas en la polémica del caso Sterling, imponiendo en apenas unos días desde que se conociera la mayor sanción que jamás se haya aprobado para uno de sus propietarios, una multa de 2,5 millones de dólares y la suspensión de por vida como dueño de franquicias de la NBA, conminándole sí o sí a la venta de dicha franquicia, pocos podían pensar que, en todo el asunto, y con las decisiones que estaba tomando la organización, el verdadero ganador no sería nadie más que el propio Sterling.

En todo este asunto, mientras recibía críticas y ataques por doquier, Sterling mascullaba la que sería su gran venganza: el prolongar por tiempo indefinido en los tribunales el asunto, lo que provocaría un daño irreparable a la propia NBA. ¿Era ello posible? Sí y no. O mejor dicho, en una parte sí y en otra no. En lo referente a su sanción económica, poco o nada podía hacer contra ella. Se había aplicado la parte más dura del reglamento NBA y Sterling era consciente que por más que reclamara ante los tribunales, con la ley en la mano, tenía todas las de perder. Pero, ¿qué sucedía con su suspensión de por vida y, por ende, la obligación de vender la franquicia? Aquí hasta los propios abogados de la NBA vieron que, a poco que el departamento legal que asesoraba a Sterling se leyera el reglamento normativo de la propia NBA, era la organización la que tenía todas las papeletas para recibir una reprimenda judicial que le provocaría un daño casi mayor que el que el caso Sterling estaba provocando.

Los acuerdos entre los dueños de la franquicia y la NBA limitan la
capacidad de sus propietarios a la hora de demandar a la liga y a otros
propietarios. No obstante, Sterling, un abogado retirado, tiene en sus
manos argumentos más que suficiente para debatir la oportunidad de la
venta de Los Clippers. La normativa NBA sólo permite la venta forzada de
una franquicia, en definitiva, la expulsión de la misma de un
propietario, si existen circunstancias tales como el fraude o la
incapacidad de cumplir con las obligaciones contractuales de la
competición. Y ahí, Sterling, se quiera o no, tenía todas las de ganar.

Con estas bazas, Sterling se sentó a esperar a oír las ofertas que desde la propia NBA le transmitirían, siempre con la ambigüedad suficiente en sus declaraciones como para mantener en un vilo a la NBA ante la posibilidad de que el asunto se enquistara en el tiempo en los tribunales. Así, con el punto de referencia que daba Forbes en cuanto a la valoración de Los Clippers, alrededor de 575 millones de dólares, no eran pocos los que afirmaban que Sterling sólo se avendría a negociar con una cifra que rondara los 1.000 millones de dólares.

Apenas un mes después, la NBA acaba de aprobar la oferta que les ha hecho llegar Steve Ballmer: 2.000 millones de dólares. Sterling, lejos de mantener su predisposición a defender su honor en los tribunales, ha sorprendido a muchos con su decisión de aceptar la misma y vender Los Clippers por esos 2.000 millones de dólares. La NBA sonríe. El caso Sterling estaba cerrado. ¿Pero tiene motivos para ello? Ya comienzan a aparecer voces en los mentideros de la NBA que hablan que quién tiene verdaderos motivos no para la sonrisa sino para la carcajada es el polémico Sterling, que adquirió la franquicia hace ahora 30 años por 12 millones de dólares y ahora la venderá por 2.000 millones. Un negocio redondo.

La NBA ha cerrado el caso Sterling, aunque quizás ese cierre sea un cierre en falso, una piedra en su zapato que puede volver a molestarle en el futuro. Probablemente nunca silenciar un escándalo tuvo un precio tan alto.