Copa del Rey de fútbol: ¿un producto mal explotado?

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Con los octavos de final de la Copa del Rey de fútbol en España recién finalizados, y con un atractivo emparejamiento Real Madrid-Barcelona en la siguiente ronda de cuartos de final, cabe preguntarse, a la vista de los resultados, si no es la Copa del Rey española uno de los productos peor explotados dentro del vertiginoso y rentable escenario de cifras en el que se mueve el mundo del fútbol.
Y sobre la mesa, como siempre, el debate de si, el modelo de competición elegido, es el adecuado para rentabilizar al máximo una competición, que a vistas de todos y a ojos de expertos, cada año que pasa languidece cada vez más de cara a los aficionados, que ven interés únicamente en las rondas finales y siempre y cuando, los emparejamientos sean lo suficientemente atractivo. Pero, ¿cuál es el problema? ¿el modelo de competición? ¿una mala gestión y explotación? ¿una mala campaña de promoción? ¿cuál?…

El sistema de competición
Es más que evidente que, para gustos los colores, y que opiniones habrá en todos los sentidos respecto al sistema de competición actual, un sistema que favorece exclusivamente los intereses de los grandes clubes al jugarse a doble partido y, casi siempre, el de vuelta en el campo del equipo de superior categoría. Aunque habrá defensores de este sistema, lo que es innegable es el hecho de que con el actual modelo, las rondas previas a cuartos de final e incluso a semifinales, año tras año, se hacen anodinas, monótonas y carentes del interés más absoluto. Con este modelo, la idea que se traslada a las aficiones de los equipos de categoría inferior es que, salvo sorpresa mayúscula, poco o nada podrán hacer para seguir adelante en la competición.

Entonces, ¿qué sistema imponer? El modelo por excelencia es el de la Copa inglés, la famosa FA CUP, adoptados por otros paises como Alemania u Holanda, donde los partidos son de eliminación directa, a partido único, por lo general en el del club de inferior categoría aunque también es sorteo puro, y donde en caso de empate, se juega un partido de desempate en el campo del visitante. Este sistema ha modelado una competición activa, dinámica y, sobre todo, enormemente atractiva para aficionados, que llenan los estadios desde tempranas rondas, para clubes, que ven, sobre todo los de categoría inferior, una inyección económica a sus maltrechas arcas, y para los patrocinadores, que se mueven para sponsorizar a un modelo vivo.

La asistencia a los estadios
El modelo actual tiene otra vía de agua abierta: la asistencia a los estadios. Hasta tal punto es así que, aún en el caso de las asistencias a los campos cuya titularidad corresponde a los equipos de inferior categoría, han bajado en esta temporada aún cuando esas aficiones tienen el aliciente de ver en su propio estadio a equipos de categoría superior. Las escasas posibilidades de que un equipo de Segunda B pueda imponerse, a partidos de doble vuelta, a un equipo de Primera División son tan remotas que incluso la afición lo ve como una hazaña casi imposible.

Por poner un ejemplo, las asistencias a los estadios en la ronda de dieciseisavos de final de la Copa del Rey de esta temporada han deparado cifras irrisorias, aun cuando en muchos casos, los clubes se dan con un canto en los dientes ante una determinada asistencia. Si en los partidos de ida, jugados en el campo del equipo de inferior categoría, salvo en los encuentros que tenían en liza al Real Madrid o Barcelona, presentaban una asistencia más que discreta, en los de vuelta, con la eliminatoria ya casi resuelta para los equipos grandes, en la mayoría de los casos esta asistencia cayó estrepitosamente. Así, en el partido que enfrentó al Almería, hasta el año pasado en Primera División, con el Osasuna, registró algo más de 2000 asistentes al estadio. ¿quién tiene la culpa de todo esto? ¿el modelo? ¿la falta de promoción?

El negocio de la televisión
Es más que evidente que todo está enormemente relacionado y que parece que todo parte de la mala elección del sistema de competición. Hemos visto que si la propia Copa del Rey no es aliciente para los clubes, tampoco lo es para que los aficionados vayan al campo y, además, tampoco lo es para la televisión. Televisión que, por otro lado es también culpable de la poca afluencia al campo: ¿quién va a ver un Almería-Osasuna, con todo resuelto, a las diez de la noche en Diciembre al campo? ¿es eso lógico? Pero como decimos, todo está relacionado: como el sistema es poco atractivo, el club no lo promociona demasiado y la afición, teniendo el respaldo de la televisión, no va a el campo a las diez de la noche en pleno invierno. Pero nos encontramos con otro handicap: ¿qué televisión se ofrece a retransmitir un partido en el que no estén Real Madrid o Barcelona, a las diez de la noche y con todo resuelto? Es de tal dimensión el problema en cuestión que del ranking de audiencias de transmisiones deportivas del año 2011, tan sólo la final de la Copa del Rey se metió entre las diez primeras. La siguiente transmisión copera en aparecer en el ranking ya no la encontramos hasta el puesto número 42 de esa lista.

     Fuente: Kantar Media. Target: Indiv. 4+. Ámbito: PYB. Ranking Top 100 Fútbol – Audiencia Media (000)

Por lo tanto, nos encontramos ante un gigante que se autofagocita constantemente: pocas asistencias a estadios, pocas audiencias televisivas, poco interés en los aficionados, poca promoción por parte de los clubes….y todo parece que nos lleva a una mala gestión, a una mala explotación del producto que parte, básicamente del modelo utilizado.

La explotación de la Copa
Pero, ¿por qué tiene tan pocos atractivos la competición si, en teoría, tiene los mimbres suficientes para hacer un magnífico cesto? A saber: competición de un país como España, de gran afición futbolera, recientemente Campeona de Europa y del Mundo, con una de las ligas más potentes del planeta y con equipos punteros mundialmente conocidos. ¿Qué es lo que falla? Pues otra de las cosas que falla en la explotación de este producto es su promoción. La propia Copa se quiere poco. A ella misma. O más bien: la propia Federación Española de Fútbol mima poco a la competición. En detalles que parecen obvios y básicos y que repercutirían positivamente en la competición con tan sólo un par de hechos, hechos u acciones por otro lado evidentes en la gestión, explotación y promoción de cualquier producto.

Lo primero: la marca Copa del Rey. Desgraciadamente, la Copa del Rey no tiene marca propia definida. O si la tiene, no la Federación no la sabe vender bien. Y esto es muy sencillo comprobarlo: es tan fácil como poner en cualquier buscador de internet “Copa del Rey”. ¿Aparece algo con lo que identificar a la competición? ¿alguna web propia, algún logotipo propio? La respuesta es no. Resulta increíble, pero no por obvio es menos importante. La Copa del Rey española no tiene una imagen de marca propia. Un logotipo, algo con lo que el aficionado la pueda identificar a primera vista. Por no tener, no tiene ni siquiera una web propia de la competición. Volvamos por un momento al modelo utilizado como referencia: la FA CUP. Y hacemos la prueba anterior: ponemos en cualquier buscador FA CUP. ¿qué nos aparece? pues el primer resultado es http://www.thefa.com/TheFACup, la web que la Federación Inglesa le tiene dedicada a la Copa, una web en exclusiva para ella (mejor dicho, una sección dentro de la web de la FA) donde podremos seguir el día a día de la FA CUP. Pero es más, observamos algo que llama la atención: un logotipo, una imagen de marca, un símbolo con el cual identificarla, donde la imagen genérica es esta y a la que se le van añadiendo los diferentes patrocinadores cada año:

Desde el año 2011 y hasta el año 2014, el patrocinador es Budweiser por un montante de 24 millones de libras, por lo que la imagen para este año es esta:

 Esta imagen de marca es tan importante para el sistema que constituye uno de los pilares básicos del producto: ayuda a identificar el producto entre los aficionados, supone una referencia para los mismos, y sobre todo, constituye un valor de peso a la hora de negociar los patrocinadores. El patrocinador de la competición se ve identificado con el producto al aparecer su nombre en el logo del mismo. Tan cuidado tienen el sistema inglés que, para preservar la identidad del producto, el nombre “THE FA CUP” no puede ser alterado y los acuerdos de patrocinio son por cuatro años.

Pero….¿qué más se puede hacer para mejorar el producto? Pues una vez con una imagen de marca lo suficientemente definida, fijar un sistema de sponsorización estable y rentable, semejante al modelo inglés y renegociar todos los patrocinios. Además, establecer un sistema de retransmisiones atractivo para el espectador que no puede desplazarse a los estadios además de rentable para los clubes y para la Federación.
Un sistema como el actual donde las audiencias son cada vez menores salvo los casos en los que participan Real Madrid o Barcelona no podrá ser mantenido durante mucho tiempo. Pero no sólo hablamos de TV, si no que es necesario adaptarse a las nuevas tendencias, a las redes sociales. Así, Facebook retransmite los partidos de la FA Cup de Inglaterra desde Agosto de 2011.

Y por últiimo, involucrar mucho más a los clubs en el producto. ¿cómo? Pues para empezar haciendolos más partícipes en temas económicos. El año pasado, mientras la Federación se embolsaba casi 18 millones de euros por la Copa, los clubes que alcanzaron la final recibieron como premio un millón. Es decir, es necesario que los verdaderos protagonistas de la competición, los clubes, sean eso, protagonistas. No estaría mal incluso potenciar, aparte de económicamente, con un mayor premio al campeón de la misma, como por ejemplo solicitar a la UEFA que una de las cuatro plazas que tiene España para la Champions League sea para el Campeón de Copa.

En definitiva, un debate bastante complejo y complicado. No se trata ya de encontrar un esquema de negocio bien estructurado sino de hayar un modelo de negocio que sea rentable para todos los protagonistas, un modelo consolidado con una imagen bien definida que resulte atractivo para las cuatro partes de este complejo modelo: para la afición, para la organización, para los clubes y para los patrocinadores. Y sobre todo, una capacidad de adaptación y renovación importante.

El modelo de gestión de la Copa en la ACB (Liga Endesa)
Quizás la organización deportiva que más ha visto necesaria la necesidad de cambiar su modelo de explotación de negocio de una competición ha sido la ACB de baloncesto con su Copa del Rey. Conscientes de la imposibilidad de hacer sombra a la liga de fútbol, la Asociación de Clubes de Baloncesto ha sabido aprovechar al máximo la explotación de la Copa del Rey de Baloncesto hasta el punto de convertirla en el All Star europeo debido a su repercusión mediática.

La ACB, organizadora de este campeonato, vio sus debilidades frente al fútbol y fue capaz de crear un modelo de competición que ha ido retocando poco a poco hasta convertirlo en uno de los eventos deportivos más prestigioso y rentable del panorama deportivo español.

Desde 1987, la Copa del Rey de baloncesto ha impuesto la final a ocho equipos. Los siete primeros clasificados de la liga a mitad de temporada y el club de la ciudad sede participan en el campeonato. ‘Así se consigue centrar todo el interés de la afición en un momento y una ciudad’, explica Hernando. De hecho, la Copa del Rey ha inspirado a otros campeonatos extranjeros, como la Copa de Italia, la de Portugal y la recién instaurada ‘Semaine des As’ del baloncesto francés. Incluso los representantes de la NBA han mostrado interés en ciertos aspectos del campeonato, como fórmula aplicable al All Star, aunque no a corto plazo.  Incluso la propia Federación Española de Fútbol ha tanteado la posibilidad de instaurar un sistema parecido en la competición copera pero resulta harto complicado.

Desde el punto de vista de la sponsorización, el sistema de Copa del basket es altamente atractivo por su concentración, lo que hace elevar las audiencias. Esto, unido a la rotación anual de su sede, les permite realizar actividades en aquellas ciudades donde se encuentren, estando en contacto directo con sus consumidores finales.

En definitiva, un ejemplo más de que querer es poder y de saber adaptarse a las necesidades de la actualidad.