Alerta Roja en adidas: Rose se vuelve a lesionar

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Tercer cuarto del encuentro Portland Trail Blazers – Chicago Bulls. Faltan 3:20 para la conclusión del mismo cuando el jugador franquicia de los Bulls, Derrick Rose, disputa un balón con el alero francés de los Blazers, Nicolas Batum. Gana Batum, que sale en contraataque con su equipo. Rose se queda atrás. Acto seguido se echa la mano a su rodilla y pide el cambio. Los temores vuelven. Las alarmas se vuelven a encender. En Chicago y, como no, en adidas.


A más de un directivo de la firma alemana se le atragantó la cena el pasado viernes cuando vio como Derrick Rose se volvía a lesionar. Con los dedos cruzados, esperaban la confirmación de la lesión, una confirmación que tardaba en llegar. Sin embargo, en círculos NBA se sabe que cuando tarda tanto esa información es porque algo grave está ocurriendo. Derrick Rose, una de las mayores apuestas que la marca alemana adidas ha hecho jamás en el universo NBA, volvía a lesionarse apenas unos meses después de su regreso a las canchas tras más de un año alejado de ellas tras su primera lesión, esta vez en la rodilla izquierda, quizás el único consuelo que tratan de esgrimir los defensores de dicho contrato como mal menor: el hecho de que es en la otra rodilla.

La apuesta de adidas por Derrick Rose nunca estuvo bien considerada. Ni siquiera dentro de la propia marca. Entre sus rivales, porque consideraban que el desorbitante contrato que adidas ponía encima de la mesa del MVP del año 2011 era una manera de romper el mercado: 200 millones de dólares durante los siguientes 13 años por un jugador llamado a coger el testigo del gran Michael Jordan en los Bulls. Entre los críticos dentro de la propia adidas, porque consideraban que tales cifras lo que motivaban era que adidas hipotecara gran parte de su capacidad comercial dentro de la NBA a un único jugador, con el riesgo que ello conllevaba si el mismo no respondía, deportivamente hablando, a las expectativas que se habían creado sobre él o, en el peor de los casos y como así ha sucedido, si el mismo se lesionaba.

Sin embargo, ninguna de esas corrientes críticas hizo cambiar de opinión a la firma que presentó, por todo lo alto, el mayor contrato jamás firmado de brand ambassadors dentro de la NBA. Con ello, evidentemente, la firma alemana se aseguraba a una de las estrellas NBA frente a su gran rival Nike y a la pujanza de las ‘nuevas marcas’ que también querían una parte del pastel dentro del sector. Los números estaban más que claros y adidas volcaría sus campañas para hacer de esta importante inversión la más rentable operación jamás firmada por los alemanes.

En realidad, y pese a que jamás lo reconocerá, adidas trataba con ello de enmendar el gran error que cometió hacía unos años antes dejando en bandeja de plata al jugador estrella de la NBA, LeBron James, en manos de su gran rival Nike cuando tuvo todo a su favor para hacerse con él y que llevaba martilleando la cabeza de los grandes directivos de adidas que, de cualquier manera y a cualquier precio, trataban (o tratan) de enmendar, aún a día de hoy, el error cometido. Para los que no conozcan la historia, en el año año 2003, un joven y prometedor jugador norteamericano de baloncesto despunta en el instituto hasta el punto de ser considerado, ya en aquellos años estudiantiles, como una de las grandes promesas llamadas a triunfar en el baloncesto profesional de la NBA. Proclamado por tres veces en su etapa en el Instituto en el que cursó estudios en Ohio como “Mr. Basketball”, decide dar el salto a la NBA sin pasar siquiera por el banco de pruebas que es el baloncesto universitario norteamericano, un baloncesto que le dota de experiencia de los nuevos rookies para dar el salto a la NBA. Sin embargo, el joven de Ohio se salta esta etapa y debuta directamente en la NBA, donde es elegido por Cleveland en el número uno del Draft. A partir de entonces, LeBron Raymone James es conocido en toda la NBA como LeBron James. En su primera temporada en la liga se llevó el título de Rookie del Año en la NBA y, desde entonces, el listado de títulos conseguidos no ha hecho más que aumentar, como ser elegido varias veces MVP de la NBA, tener dos anillos de la NBA y lograr la medalla de oro en los pasados Juegos Olímpicos de Londres con los Estados Unidos.

En aquellos años, adidas no era una desconocida para LeBron James. No en vano, adidas se encargaba de suministrar las equipaciones y material deportivo a la escuela secundaria en la que LeBron estudiaba por entonces. Y la cercanía y proximidad al jugador le colocaban, a priori, en una situación mucho más ventajosa que la que podía tener en aquel momento su gran rival Nike, una firma que por entonces no era ni la mitad de lo que es en la actualidad dentro de la NBA. El escenario en aquellos momentos era bastante simple: adidas vivía plácidamente con una de las grandes estrellas NBA del momento, Tracy McGrady, que actuaba como gran embajador de la marca dentro del baloncesto profesional norteamericano. Curiosamente, por aquel entonces, adidas perdía a otra joven estrella que ya despuntaba en el universo NBA: un tal Kobe Bryant, que abandonaba la marca alemana a la espera de firmar un acuerdo mucho mejor en lo económico con alguna otra marca interesada. En este escenario, Nike, que tenía como máximo exponente dentro de la NBA a Vicent Carter, suspiraba por dar un golpe en la mesa que rompiera con el status quo existente y que daba cierta ventaja a adidas frente a Nike. Los directivos de Nike se encontraban más que interesados en cerrar un acuerdo con una estrella del baloncesto USA que permitiera ascender escalones en su particular carrera con adidas. En un primer lugar todos los ojos se fijaron en la estrella en ciernes que era Kobe Bryant y que acababa de romper su contrato con adidas. Sin embargo, contra todo pronóstico, la firma norteamericana llevó a cabo un giro en su estrategia que muchos en su momento catalogaron como mínimo de arriesgada. Los visionarios gestores que entonces tenía la marca decidieron apostar muy firmemente por ese chico de Ohio que tenía potencial para ser una gran estrella dentro del mundo de la canasta: LeBron James. Y los resultados parecen haberles dado la razón. En el año 2003 Nike firmó un contrato valorado en 90 millones de dólares de siete años de duración por un jugador, recién salido del instituto, que apuntaba maneras (muchas) pero que ni tan siquiera había pasado por el banco de pruebas que era el baloncesto universitario, por más que todos los especialistas defendieran que estaba llamado a convertirse en una de las estrellas del futuro en la NBA. La jugada le salió bien. Tan bien, que desde entonces, adidas ha buscado, desesperadamente, devolver el golpe a Nike, algo que pareció encontrar en su descomunal oferta de contrato con Derrick Rose. Fruto de ello, mucho más reciente que el caso Rose, es la encarnizada lucha que está protagonizando por hacerse con el llamado a ser nuevo LeBron dentro de la NBA: el jugador Andrew Wiggins, una de las grandes promesas del baloncesto canadiense, al que adidas habría ofrecido un contrato de hasta 180 millones de dólares de diez años de duración, tal y como os contamos en MD.

No sabemos si la inversión realizada, de no haber mediado por medio las dos graves lesiones que ha sufrido Rose, hubiera dado (o dará) los réditos suficientes como para calmar las cada vez más numerosas voces que incluso desde dentro de la propia marca se levantan para encuadrarla como una de las peores decisiones jamás tomadas por adidas. Sin embargo, la alianza adidas-Rose es una prueba de fuego para los creativos de la marca que, tratan, de manera desesperada, de que el daño que las lesiones del jugador están provocando en dicha inversión sean lo menor posible. Con la primera lesión, que tuvo apartado a Rose más de un año de los terrenos de juego, adidas puso en marcha la célebre campaña Derrick Rose Return, una serie de videos emitidos a través del canal Youtube donde la firma trasladaba a los aficionados el día a día en la recuperación de Rose. El objetivo: que la marca Rose, por la que con tanta fuerza había apostado adidas, no perdiera valor ni fuerza en el subconsciente de los fans, campaña que logró incrementar las expectativas en esos seguidores en cuanto al retorno de Rose.

Una vez confirmada la vuelta, a principios de esta temporada, del jugador de los Bulls, en adidas pusieron de nuevo toda su maquinaria en marcha para activar, nuevamente y con más fuerza, la figura e imagen de Rose en el mercado. Rápidamente el jugador se convirtió, otra vez, en uno de los buques insignias de las campañas de la marca dentro de la NBA. Protagonizó varios spots de la compañía, algunos centrándose en su retorno, otros haciéndolo en el lanzamiento de una nueva versión de su línea de ropa y calzado deportivo y otros promocionando las conocidas camisetas con mangas de adidas para los Bulls. Todo iba sobre rueda. Era cuestión de tiempo que el rendimiento del jugador, sensiblemente inferior al mostrado antes de su primera lesión, alcanzara los niveles que potencialmente tiene y permitiera a adidas volver a contar con una imagen potente para hacer frente a las embestidas de Nike con LeBron. Y todo iba bien hasta el viernes.

Un estudio llevado a cabo con las lesiones deportivas como fondo, expone que hasta un 80% de deportistas que han sufrido una lesión como la que padeció Rose en su rodilla izquierda, su primera lesión, padece, en los siguientes dos años, otra lesión de igual consideración en la misma rodilla o, en su defecto, en la rodilla sana. No sabemos si adidas era conocedora de dicho estudio o rezaba para que Rose se convirtiera en la excepción que confirma la regla.

Para colmo del juego caprichoso en el que a veces se convierte el destino, apenas unos minutos antes de producirse la lesión, los aficionados que seguían el encuentro a través de la televisión veían uno de los últimos spots de Rose con adidas, “Basketball is everything”, donde, con Rose como protagonista, se pregunta qué es lo que queda si se quita la fama, el dinero, los fans, las mansiones…. a lo que Rose responde: “Me queda todo. Me queda el Baloncesto”.

¿Qué le queda a adidas si pierde a Rose?