adidas y la FIFA confían en el Madrid para acabar con “La maldición del parche maldito”

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  • El triunfo blanco en la final del Mundial de Clubes celebrada ayer en Japón llena de esperanzas a la marca alemana y al organismo para lograr acabar con la maldición que recae sobre el club que logra hacerse con el torneo y, por lo tanto, colocar el parche que le acredita como vencedor durante durante dicha temporada, no logra repetir éxitos continentales en la siguiente


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Si ya de por sí es un torneo para el que la FIFA, organizadora del mismo, trata de poner en marcha importantes estrategias de activación en torno al mismo que eviten el ser considerado como un torneo menor (los planes del presidente de la FIFA, Gianni Infantino, pasan por reestructurar el actual formato de competición para convertirlo en un evento mucho más atractivo para clubes, marcas y televisiones), el máximo organismo rector del fútbol mundial lucha de manera enconada además con otro importante obstáculo a nivel de marketing: la maldición que pesa sobre el vencedor de dicha competición para la siguiente temporada.

adidas y la FIFA confían en el Madrid para acabar con “La maldición del parche maldito”

El Real Madrid se proclamó en el día de ayer nuevamente Campeón del Mundial de Clubes organizado por la FIFA, quizás la mejor noticia que podría esperar el organismo y la marca que lo patrocina, adidas, de una competición que agoniza en términos de notoriedad, repercusión y marketing y sobre la que la propia FIFA trata de poner en marcha una nueva activación con importantes reformas sobre ella.

Pero además, el triunfo blanco llena de esperanzas a la organización para acabar, de una vez por todas, con una de las maldiciones (supersticiones más bien) del torneo con respecto a su ganador: ningún vencedor del mismo ha logrado hacer nada realmente resaltable al año siguiente en el mundo del fútbol internacional.

Y que mejor para ello que un club que lleva una racha de 39 partidos invictos y que va a cerrar el año 2016 con tres títulos internacionales bajo el brazo. Pero, ¿es esto suficiente garantía para acabar con los temores de adidas y de la FIFA al respecto?

El parche “maldito”

Desde el año 2000, la FIFA trata de sacar a flote una competición que, al menos sobre la mesa, tendría un verdadero interés y sentido, en la que se enfrentan los clubes que han logrado proclamarse campeones continentales en las diferentes Confederaciones Continentales que conforman la FIFA, pero que en realidad tiene únicamente interés y atractivo en la Final del torneo con la disputa de la misma, en la mayoría de las ocasiones, entre el representante de la Champions y el representante de la Copa Libertadores.

Los intentos por parte de FIFA de organizar una competición a semejanza del Mundial de Selecciones Nacionales pero extrapolado a nivel de clubes quedan excesivamente descafeinados si tenemos en cuenta que no están realmente los mejores clubes del mundo sobre el tablero de juego. Así, a pesar de que los esfuerzos porque los clubes participantes traten de otorgar a la competición el máximo respeto e importancia posible, lo cierto es que la FIFA tiene desde su nacimiento como tal en el año 2006 como Mundial de Clubes sucesor de la extinta Copa Intercontinental y tras el ambiguo torneo puesto en marcha entre 2000 y 2005, una ardua labor de comunicación, promoción y marketing de una competición que, a día de hoy, naufraga en cuanto a su reconocimiento a nivel internacional al menos en Europa.

Pero si baldíos son hasta ahora los esfuerzos puestos en marcha por parte de la FIFA para que el evento adquiera, cada vez más, una mayor repercusión tanto a nivel deportivo como a nivel mediático (qué decir tiene de sus deseos de un mayor reconocimiento al mismo por parte de las propias entidades deportivas participantes), ahora FIFA debe luchar contra otro estigma que en los últimos años se está extendiendo en torno al torneo como una auténtica maldición: la del parche maldito que, desde hace años, identifica al vencedor del torneo.

La maldición del Mundial de Clubes

Desde que arrancara el actual sistema de competición allá por el año 2006, ningún club que haya ganado el campeonato y, por lo tanto, lleve desde ese momento y durante un año en su camiseta el parche de Campeón del Mundial de Clubes que otorga la FIFA, ha conseguido revalidar título en la siguiente edición. Pero no sólo eso. Ni tan siquiera ha conseguido volver a participar en la misma al año siguiente y, si extrapolamos aún más esta particular maldición, ninguno de los clubes participantes en una edición ha vuelto a repetir en la siguiente.

Analizando dichos datos, la conclusión es sencilla: ningún club que haya ganado el Mundial de Clubes y lleve el parche de la FIFA que lo acredite como tal ha vuelto a repetir éxito no ya en dicho Mundial sino a nivel continental en su Confederación, en este caso, en los dos torneos más importantes: la Champions y la Copa Libertadores.

La situación es, cuanto menos, curiosa: ni Real Madrid (2014). ni Bayern (2013), ni Corinthians (2012), ni FC Barcelona (2009, 2011 y 2015) ni Inter de Milán (2010), ni Manchester United (2008) ni Milan (2007) ni Internacional de Brasil (2006) han logrado repetir éxito deportivo a nivel continental en la siguiente edición a la que se proclamaron campeones del torneo de FIFA.

Sin embargo, no está sola la FIFA en esta lucha. A su lado tiene la posición de las marcas comerciales, sobre todo las de las firmas de ropa deportiva, que ven un elemento de valor añadido la presencia del citado parche en la elástica del equipo campeón y una excusa perfecta para poner en el mercado una nueva versión de la camiseta del club ganador al que visten para sacar a la venta una de las prendas de su amplio catálogo de merchandising que más réditos genera a las firmas comerciales.

El nuevo título logrado por el Real Madrid llena de esperanzas tanto a adidas como a la FIFA para acabar con una maldición que puede resultar letal tanto para los intereses de la FIFA como de la propia marca en sus estrategias de marketing para una competición en la que cualquier pequeño lastre puede resultar un obstáculo prácticamente insalvable.

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