Adam Silver “ahoga” a la NBA con otra crisis de reputación

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LeBron James con la camiseta "I Can't Breathe"
  • Adam Silver se posiciona en contra y critíca la acción de los jugadores afroamericanos de la NBA en el caso Garner
  • La situación amenaza con convertirse en otra seria crisis de reputación para la marca NBA

Poco o nada parece haber aprendido Adam Silver de una de las crisis de reputación más importantes que puedan haber afectado en la historia reciente de la NBA a la organización, la que originó las declaraciones racistas y xenófobas de un ya ex propietario de los Clippers, Donald Sterling, y donde la gestión de la NBA fue de más a menos hasta quedar ensombrecida la misma por el resultado final: se pasó de sancionar de por vida a Sterling y desposeerlo de su franquicia, algo que se mantuvo, a obligarlo a vender los Clippers a cambio de una generosa suma de más de 2.000 millones de dólares, una sobrevaloración respecto al valor real de la franquicia (estimado por Forbes en apenas 500 millones de dólares) y que supuso un beneficio astronómico respecto al precio al que la adquirió su ex dueño.

Aquel cierre en falso fue ya criticado por la tibieza con la que Silver afrontaba el caso, aunque de puertas hacia fuera pudiera parecer lo contrario. Ahora, nuevamente, otro escándalo amenaza con acabar con la reputación del máximo dirigente de la NBA y con poner en marcha otra importante crisis de reputación que acabe afectando a la marca de la NBA.

El “No puedo respirar” de Rose sí se oyó en todo el mundo

En un mundo como el deporte profesional, tan podo dado a ello, el que uno de los grandes cracks del mismo se rebele contra las normas preestablecidas al respecto y se convierta en el principal estandarte de una sociedad que pide justicia ante lo que la mayoría de norteamericanos considera un grave problema de índole racial que comienza a aparecer nuevamente en los Estados Unidos, con el caso del vendedor ambulante de cigarrillos Eric Garner, que fue axfisiado literalmente por la policía estadounidense ante gritos de “No puedo respirar” cuando fue detenido, como máximo exponente, se comienza a advertir como un importante riesgo para las anquilosadas estructuras del deporte profesional tan reacio a inmiscuirse en problemas que afectan a la sociedad.

Aquel grito de Garner, que nadie alcanzó a escuchar en aquel momento, sí que ha podido ser oído por todo el mundo a través de un gesto simbólico emprendido por Derrick Rose, que hace tan sólo unos encuentros, apareció en la ronda de calentamiento previa a su partido ante Warriors ataviado con una camiseta en la que claramente podía leerse el I can’t breathe que gritaba una y otra vez Garner.

La mecha que ha encendido la llama

La acción, individual y aislada, de una de las máximas estrellas de este deporte cundió ejemplo entre sus compañeros y en los siguientes encuentros fueron muchos más, encabezados por jugadores como LeBron James o Kyrie Irving, los encargados de unirse al grito de Rose pidiendo justicia, algo que comenzó a ser visto dentro de la NBA con verdadera preocupación ante el cariz que estaban cogiendo los acontecimientos.

La NBA se debatía entonces en un verdadero dilema: aceptar los hechos y lanzar un comunicado oficial respaldándolos o, por el contrario, mantener la postura indifirente que suelen gobernar el deporte profesional y, además, sancionar a los jugadores por dichas expresiones de voluntad, aunque se revistieran, esas sanciones, bajo la excusa de no utilizar camisetas adidas, marca patrocinadora de la organización.

Silver agudiza la crisis

Y lejos de solucionar otra posible crisis de reputación que pudiera afectar a la NBA como marca, Adam Silver, el alto comisionado de la organización, no ha hecho más que ahondar en la herida con unas declaraciones en la que deja bien claro las posturas de la organización al respecto y que amenazan con generar daños irreparables a la organización y su imagen de marca.

Sus declaraciones, criticando abiertamente la postura de los jugadores y admitiendo que no es partidario de este tipo de manifestaciones y que prefiere que se eviten este tipo de mensajes, amenaza con convertir lo que podría haber sido aprovechado como un elemento de valor de la organización para potenciar su marca, en un grave problema que puede acabar afectando a una imagen de marca ya suficientemente dañada tras el último escándalo Sterling.