53 millones de euros, el motivo por el que el Real Madrid podría dejar de llamar a su estadio Santiago Bernabéu

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El marketing lo puedo con todo. Historia, tradiciones, arraigo, sentimientos…. con todo. Es un verdadero tsunami que ha provocado que su irrupción en el mundo del deporte arrase con todo aquello que se ha considerado tradicional, vinculado a las más profundas raíces de los aficionados, para, en pos de un futuro económico mejor del club, federación, equipo o franquicia correspondiente, hacer de su capa un sayo y anteponer sus intereses a todas esas otras cuestiones que constituyen la verdadera esencia de una entidad deportiva.

Cuando irrumpió la publicidad en los estadios de fútbol, muchos lo consideraron como un sacrilegio que tendría pocos visados de existir…¿Quién iba a fijarse en unos carteles en el perímetro del terreno de juego estando en disputa un importante encuentro de su equipo de toda la vida? Hoy en día los estadios son auténticos escaparates de marcas, firmas y compañías.

Cuando llegó la sponsorización de las primeras camisetas, pocos le auguraron una larga vida. Es más, se consideró casi una traición, un ataque en toda regla a la propia historia del club afectado… Hoy en día, sin embargo, no sólo es una cuestión casi asumida si no que hay clubes en los que la cantidad de publicidad que llevan en el uniforme dificulta incluso ver el color del mismo.

Lo mismo sucede con los derechos de naming rights, los derechos de los estadios, una técnica por la que la compañía en cuestión se hace con los derechos para “rebautizar” el estadio donde juega el equipo de los sueños de cada aficionado. Esta técnica, que no ha llegado aún en gran medida a España, sí que tiene ya importante arraigo en ligas como la Premier League inglesa o la Bundesliga alemana. Y qué decir de la MLS norteamericana.

Sin embargo, en España, pocos eran hasta ahora los equipos que se habían aventurado a “blasfemar” con el nombre del estadio. Y digo hasta ahora porque si, como parece, las intenciones de la compañía Fly Emirates, nuevo sponsor del Real Madrid que ya lucirá en su camiseta a partir de la temporada que viene, se cumplen, se abriría una línea que el resto de clubes no tardaría en cruzar. De hecho, el Valencia ya está realizando estudios sobre el impacto que en su masa de aficionados tendría el cambio de nombre de su estadio “dándoselo” a su nuevo patrocinador, Jinko Solar.

Pero centrándonos en la noticia que nos ocupa, todas las alarmas han saltado entre los aficionados madridistas más tradicionales y conservadores al conocer que la planta noble del club blanco está estudiando seriamente aceptar la oferta realizada por Fly Emirates para hacerse con los derechos del estadio del club merengue a razón de 53 millones de euros anuales. La oferta, a pesar de tentadora, es un caramelo envenenado en toda regla para Florentino Pérez que se convertirá, en caso de aceptarla, en el presidente que “violó” una de las cosas más sagradas dentro del club blanco, el nombre del estadio, en pos de la llegada de una “presumible” modernidad.

Por tal motivo, desde las oficinas blancas se están apresurando a estudiar posibles salidas “mixtas” a la operación, siendo la opción que más gusta a la directiva el aceptar la propuesta lanzada por la aerolínea árabe con una condición: que el nuevo nombre sea “Fly Emirates Santiago Bernabéu”, mezclando los beneficios económicos que le reportaría esta cesión de derechos de naming rights con el respeto a la tradición en el nombre del coliseum blanco.

La decisión está ahora en manos de Florentino, muy partidario de optar por aceptar esa oferta, que tiene que conjugar una adecuada estrategia para convencer a los socios de que es la mejor solución para el futuro del Real Madrid, toda vez que serán ellos, los socios, los que deberán aprobar el acuerdo en referéndum.

Así pues, el dinero y el marketing vuelven a demostrar como, en el mundo del deporte, son una alianza casi imposible, dispuesto a arrasar ahora con un emblema dentro del madridismo, considerado por muchos el santo y seña del mismo. Quién sabe, igual dentro de unos años, al igual que ocurrió cuando se “manchó” la primera camiseta con publicidad, los socios vean absolutamente normal el cambio de nombre. Ahora, sin embargo, son muchos los que se oponen a ello.